noviembre 24, 2013

Película del día...

Before Midnight - Richard Linklater , 2013

Al trío Linklater-Delpy-Hawke le ha bastado tres (bellísimas) películas para contarnos la adorable historia de dos jóvenes (y después no tan jóvenes)amantes en lucha contra ellos mismos, contra los demás, contra su amor; en otras palabras contra la vida, para ser preciso. Una historia que se desanuda a través de la belleza de casi veinte años, reales, no ficticios. Mientras tanto, Jesse y Celine han crecido y su relación, a distancia o vivida juntos, ha madurado. Como el buen vino. Pero ¿Qué significa esto? ¿Tal vez se ha perfeccionado? ¿Ellos son diferentes, han cambiado? De hecho, es difícil dar una respuesta exhaustiva a estas preguntas, sin atenuar los matices que es bueno dejar capturar al espectador, mientras asiste a dos personas que aprenden a conocerse desde el principio hasta el final. Por otra parte, al igual que un buen vino, esta trilogía ciertamente no puede ser, simplemente, bebida. Requiere degustarla con serenidad, transporte, comprensión. Porque no hay nada perfecto en ella, siendo la misma una oda a la imperfección, a la contingencia humana, a la propia debilidad unida a la fuerza de la pasión. Aquel  reiterado "Before" (antes) del título podría aplazar a otro tiempo, sea cual sea, casi a indicar que la historia de Jesse y Celine no es la primera ni será la última de su género.

En la primera la ingenuidad, la imprudencia de los que se dejan llevar por aquellas emociones que al mismo tiempo deserían valientemente controlar, esquematizar. En este sentido, debemos prestar atención a la elección del exterior. En "Before Sunrise" fue Viena, la misma que nos lleva de nuevo a la época dorada de la razón especulativa, la del psicoanálisis de Freud y Schnitzler, los dos jóvenes perfectamente integrados en su propio tiempo, entre una razón abrumadora y un sentimiento difícil de controlar pero al cual se desea dar un nombre, una forma clara e inequívoca. Y como suenan a veces despectivas ciertas sentencias de aquella franja psicoanalítica que creía haber descubierto todo, es decir lo que se esconde en el corazón del hombre, también lo es la decisión de los dos para reencontrase nuevamente, siempre allí, en la vía 9, seis meses más tarde. Los dos no se encontrarán, pero en cambio la ciudad comúnmente considerada como la más romántica de todas, París, hace de telón de fondo, nueve años después, al segundo encuentro. Un revival que confirma la vacuidad de sus aspiraciones, por lo menos en medida en la que se desea trazar cada etapa. Es aquí, en donde Jesse habla de su matrimonio fracasado, a pesar de lo que él creía fuese suficiente para sostenerlo, mientras que Celine parece realizada, a pesar de su carácter radicalmente independiente fatiga por hacerle aceptar el precio que se paga por las decisiones que ha tomado en el curso del tiempo, de forma autónoma. Ambos realizados y sin embargo incompletos, "Before Sunset" se cierra como una de esas novelas románticas que en el fondo gustan un poco a todos, con los dos enamorados reunidos contra todo y contra todos.

En el tercer acto nos encontramos en Grecia, la patria ancestral de aquella filosofía que aspira a la sabiduría; esta última impunemente y desgraciadamente asociada a la vejez, porque como se sabe... el filósofo tiene la barba y el pelo blanco. Pero este no es el punto. El punto es que otros nueve años más se han sumado a los nueve anteriores y mientras tanto la vida y la relación entre Jesse y Celine ha seguido adelante. Mucho, demasiado tiempo ha pasado desde aquella tarde en un pequeño apartamento parisino. Ahora los dos viven juntos y tienen dos hijas, gemelas. Parecería el final perfecto. Por suerte, no es así. Será el aire que se respira, la buena comida, la buena compañía, pero el verano griego es un mensajero de balances inevitables. Jesse cada vez más consumido por la distancia del hijo que vive al otro lado del mundo, Celine que de consecuencia advierte que puede ser ella el impedimento para la felicidad de su pareja. Pero en todo esto, sin complacencia aparente, hay solamente una cosa que se interpone entre ellos y la estabilidad de la propia convivencia, me refiero a sus respectivos egos. No, la vejez no los ha convertidos en sabios. Después de todo vida no es así que funciona : ojalá las arrugas y el pelo blanco comportasen de forma automática sabiduría! Los vemos allí, en cambio, a discutir cómo chiquillos alrededor de un copioso almuerzo apenas consumido. Los argumentos son siempre los mismos : el amor, por lo tanto la vida. Hay quien considera absurda la idea de un amor que dure en eterno, o incluso sólo toda la vida, mientras que los diferentes comensales relatan y se relatan precisamente en relación al propio partner, que esté presente o no.

Majestosos y exquisitos Julie Delpy y Ethan Hawke, admirables más allá de cualquier expectativa, doblemente loables no tan sólo por haber personificado, sino también creado, pensado y escrito la historia en torno a los personajes. Y no se puede dejar de capturar todos los pequeños detalles jocosos, desde las miradas a los gestos y a las discusiones (a veces divertidas, a veces irritantes) suscitadas por los años que pasan y por la mediana edad a las puertas, contra el telón de fondo de las ruinas del pasado. Lo viejo y lo nuevo se mezclan en una receta impecable. Tan diferentes y al mismo tiempo tan similares, desilusionados, y sin embargo, infinitamente unidos, tan a gusto el uno con el otro. Pasean por el campo mientras el sol cae lentamente sobre sus cabezas, marcando el aproximarse a la velada romántica ofrecida por una pareja de amigos. Contexto que es magistralmente volcado, sin demasiada retórica, yendo directo al grano. Es en esta coyuntura donde "Before Midnight" literalmente se eleva, donde el debate se enciende. Y es esta la fase a través de la cual es filtrado el sentido no sólo de una trilogía, sino de una entera, interminable relación que ve a los dos amantes de alguna manera juntos durante casi veinte años. Con el desencanto de aquellas personas que se han dado cuenta de que la vida no es una simple acumulación de experiencias, Linklater, Delpy y Hawke nos muestran lo común con el filtro dulce de aquellos que saben realtar un sólo momento o toda una historia espléndidamente. A través de una cámara, que nunca ha dejado de insistir sobre un amor imperfecto, y por esta razón simplemente encantador. Incluso al llegar final, cuando parece de haber encontrado una conclusión, no es así, y todo comienza nuevamente.

El tríptico de Linklater se basa, por consiguiente, en la existencia,  flotante que determina las diferentes etapas de la vida, sobre todo en las fases del amor y la vida matrimonial, en su belleza y también en sus problemas: desde el amor a primera vista al enamoramiento, pasando por el matrimonio y las peleas. Convertiendose en una natural declaración de intenciones y de reflexiones sobre las constantes humanas en la vida de pareja. Y es también una invitación a dar dos pasos hacia atrás, a focalizar de lejos las discordias, a profanarlas e ironizarlas, como la película inteligentemente nos muestra. La historia que se consume entre Jesse y Celine no tiene iguales, porque sólo el cine podía agregar algo (ese "algo") a la normalidad de un amor tan deliciosamente defectuoso. "Before Midnight" cierra, por el momento, de manera extraordinaria un recorrido cinematográfico, sentimental, humano, intelectual y teórico emprendido sin grandes pretensiones en Viena, a mediados de los años 90, y culminando en un día normalísimo de vacaciones en el Peloponneso. El final de la película, ligeramente diferente respecto a los anteriores y en general menos íntimista, se demuestra finalmente abierto al futuro, animandonos por lo tanto, a través del enésimo final abierto, a esperar con serenidad - ¿por qué no? - de ver realizado de aquí a nueve años más un cuarto capítulo.

Valoración : 9 / 10

 

En dos palabras : Primero fue el amanecer, despuès el atardecer. Era hora de la medianoche y he aquí la espléndida "Before Midnight". Un día para contar una vida, sin la presunción de consumirla, contenerla o desvalorizarla porque en ella encontramos siempre algo más de lo que podemos encontrar en cualquier otra una película. Una obra que, en efecto, una vez más no termina, pero al igual que una trama circular no tiene ni principio ni fin, simplemente nos muestra un nuevo capítulo de una excepcional comedia humana de pareja. Absolutamente recomendable.

noviembre 14, 2013

Película del día...

La Vie d'Adèle: Chapitre 1 et 2 (Blue Is The Warmest Colour) - Abdellatif Kechiche , 2013

Existen películas de las que no es posible volver hacia atrás, películas que anulan por completo las viejas reglas de juego con el fin de establecer otras nuevas. "La Vie d'Adèle : Chapitres 1 et 2" es una de ellas. Abdellatif Kechiche ha realizado una de esas empresas que sólo los locos pueden concebir y los Kamikaze llevar a cabo. ¿Estamos hablando de una historia de formación?, ¿de una educación sentimental?, ¿de una historia de amor? O ¿no son estas tal vez las fórmulas cómodas, aproximaciones de un discurso en torno al cual en la gran pantalla"cobran vida"?. Quién conoce el cine de Kechiche sabe que la distancia que el director pone entre él y sus personajes, entre estos últimos y los espectadores, es mínima. Gracias a una magistral y sofocante utilización de la cámara al hombro y a profundidades de campo largas, de parecer realmente estar en medio de ellos. Estamos ahí, en la escuela, en la mesa del comedor, en el dormitorio, incluso donde no deberíamos (Kechiche se había ya ocupado de la cuestión vouyerística de su cine en su película anterior, "Vénus Noire"). Este específico modus operandi no debe confundirse trivialmente con cinéma vérité. Kechiche obliga, como mucho, al dispositivo fílmico a una realidad inmanente, regenerada continuamente por un work in progress creativo. Las cosas parecen ocurrir no sobre la base de un plan preestablecido, sino sobre una evolución natural. La situaciones cambian hic et nunc, frente a nosotros. Sus películas requieren, por consiguiente, pocos cortes de edición y una duración considerable : por que las cosas suceden espontáneamente, queda prohibido cualquier manipulación sobre el tiempo. Se necesita, al contrario, hacer sentir el trabajo del tiempo sobre la historia y sobre los personajes. Un proceso que en "La Vie d'Adèle : Chapitres 1 et 2" se radicaliza, marcando un límite difícilmente superable.

¿Por qué  los "capítulos 1 y 2" como subtítulo? Porque la obra cuenta a todos los efectos dos etapas cruciales en la vida de la protagonista, Adèle. El comienzo, maravilloso, recuerda muy de cerca el de "L'Esquive". Otra vez, como entonces, Nos encontramos entre los chicos y chicas de una escuela, aquí también se estudia Marivaux (en la película de 2003 era puesto en escena, ahora se lee en clase "La Vie de Marianne", claro homenaje del cual coge el título la película). De igual forma se habla de "La Princesse de Clèves" de Marie-Madeleine de La Fayette, de modo que Kechiche con sus citas literarias establece las coordenadas de su discurso cinematográfico, de la narración que vendrá, e incluso de su ambición. Que consiste en ponerse a prueba con un marivaudage actualizado y contemporáneo (como de hecho lo hacía admirablemente Rohmer), moviendose y serpenteandose entre las inconstancias, las desviaciones, las maravillas e incluso las infelicidades del amor. Porque el amor puede hacer daño, como Clèves enseña . Adèle, aún no cumple los dieciocho años, es de familia por así decirlo proletaria pequeño-burguesa, tiene una relación con el chico más guapo del instituto. Un día ve pasar a una chica de cabello azul, y de repente todo cambia. Se ha enamorado de aquella imagen, la noche se masturbará pensando en ella, decidirá de romper con su novio porque no quiere engañarle, porque no puede amarle más. Sin embargo aún no se sabe quién es esa chica que la ha literalmente trastornado. La reencontrará una noche en un bar gay : se llama Emma, estudia arte, está decidida a ser pintora, viene de una familia culta y burguesa. Se encuentran, se conocen. Cuando terminarán en la cama será algo telúrico, para las dos, y desde ese momento se convertirá en esa cosa llamada amour fou.

De la segunda fase no vale la pena revelar nada, porque sería como truncar cada sorpresa. Lo importante, sin embargo, se encuentra en los detalles : que en "La Vie d' Adèle" son inestimables. El cine de Kechiche vive de largas secuencias en donde son fundamentales una mirada, una frase o incluso una mueca deliberadamente no programada. Son esos momentos repentinos que te hacen entender que estás viendo en la gran pantalla la vida : sólo razonas al final de la proyección, ya que durante la película estás completamente enganchado. Mientras ves "La Vie d' Adèle" ni siquiera te das cuenta que Kechiche está también delineando un discurso "ya visto" sobre el descubrimiento de la  propia identidad sexual, no obstante haga vivir a la protagonista  todas las etapas canónicas de este recorrido (desde el primer bar gay al gay pride). Kechiche va más allá del discurso del abc del coming of age queer y trabaja con recortes, con etapas esenciales que en la película, sin embargo, no son mostradas, y que el espectador consigue llenar con su propia imaginación. Kechiche cree extremamente en su público, y hace bien . En éste último esfuerzo se encuentra todo el cine del realizador franco-tunecino : desde los problemas juveniles de la ya mencionada "L'Esquive" a las grandes cenas de "La Graine et Le Mulet", pasando por la atención al cuerpo femenino de "Vénus Noire".

Existe y existirá algún tipo de controversia por los desnudos y los orgasmos de las protagonistas, pero es simplemente estéril, innecesaria y pretenciosa. Especialmente por las explícitas y carnales escenas de sexo entre las dos protagonistas, sobre todo la primera : diez minutos de todo tipo de contacto, roce, variación y relación entre dos mujeres y sus cuerpos, diez minutos desenfrenados y de una belleza arrolladora. ¿Era necesario ir tan lejos y tan profundamente? ¿No se podía evitar una escena así, como algunos críticos han escrito? No, no se podía evitar, era necesaria e indispensable. Sin esa escena, "La Vie d'Adèle" no sería la película que es, exactamente como "Last Tango in Paris" no lo sería sin la famosa escena de la mantequilla. Punto. Es ésto el núcleo radiactivo de la película de Kechiche, lo que confiere identidad, sentido a todo lo demás, lo que explica cuanto ha sucedido antes y todo lo que sucederá después. Porque hace entender lo que es "l'amour fou", la atracción sexual, la pasión, el delirio de la mente y de la carne, el vértigo de los cuerpos que se tocan, se compenetran, se confunden. Kechiche posee el raro don de capturar la vida, la respiración, el ritmo interno, la esencia casi biológica, corporal, física, más que psicológica. Son muchos a utilizar obsesivamente la cámara al hombro, pero como lo hace él  lo consiguen unos cuantos, por no decir pocos, él a sus personajes no tan sólo los sigue con la cámara, sino también los toca, los envuelve, los penetra. La carnalidad, antes que en la cama destendida de Emma y Adèle, se encuentra en la relación que se establece entre la cámara de Kechiche y los cuerpos que retrata. El director regala una lección de cine. Sin necesidad de dejar la cámara fija, construye la película basandose abundantemente en los primeros, primerísimos planos. De observar como construye y desvela el ambiente : a menudo nos hace ver un primer plano total de la escena después de varios minutos y distintos enfoques de los rostros, desorientandonos. Si ésta no es una dirección magistral...

"La Vie d' Adèle - Chapitre 1 y 2" (basada en la novela gráfica "Le Bleu Est Une Couleur Chaude", de la que, sin embargo, se aleja claramente casi de inmediato, hasta el punto de cambiar el nombre de la protagonista de Clémentine a Adèle) arranca el alma incluso al más resistente de los espectadores, aunque si dura tres horas, nunca aburre, no te hace bostezar mirando el reloj, mientras hay películas de una hora y media que parencen largas el doble y que pesan como piedras . El método del director es claro, construir situaciones ambientales bastante estructuradas, escribiendo diálogos sensacionales por naturalidad y credibilidad, y filmando a los actores y todo aquello que sucede en tiempo real. Y funciona, desde luego que funciona. En "La vie d' Adèle" los fragmentos memorables son tantos. Las lecciones del maestro, los diálogos entre Adèle y sus amigas-enemigas de su clase, las dos cenas, le vernissage, la charlas bon chic, bon genre de los amigos de Emma, las lecciones de Adèle a los niños, la bellísima escena del mar... Nunca se terminaría de enumerar los trozos de vida que Kechiche consigue capturar y restituirnos, o construir despachándolos virtuosísticamente por reales.

La parte final es, simplemente, desgarradora, algo que coloca a "La vie d' Adèle" al nivel de las grandes historias de amor cinematográficas. La mirada del director hurga en los detalles, engrandece cosas que normalmente no se ven, consiguiendo ser también afilada y quirúrgica como un láser. Esto no es sólo la historia de un amor, es también el análisis despiadado de como las diferencias de las clases sociales cuenten en el amor e influencien en su solidez, su forma y su duración. Por fortuna, a pesar de relatar una historia lésbica, ésta no es una película gay militante. Adèle y Emma participan al gay pride, pero ningún proclama es lanzado por Kéciche, al menos explícitamente, ningún mensaje. La homosexualidad es presentada como un dato existencial como cualquier otro, eso es todo. La parábola de Adèle no sigue ningún modelo a priori. No es psicología ni sociología ni moral. Es en cambio un movimiento impredecible, orquestado por variables ocasionales, el fluido combinarse entre un impuslo individual  y un estado de cosas. Libertad y materia. Cuerpos, tiempo y espacio.

No puedo terminar sin hablar de ellas : las dos maravillosas protagonistas, heroicas y extraordinarias, que se precipitan en el proyecto sin la menor vacilación. Léa Seydoux, es una confirmación, pone en juego todo, incluyendo su imagen y su estatus de nueva estrella del cine francés, y sale victoriosa, mientras que Adèle Exarchopoulos es una verdadera revelación. Si la primera se presenta al principio como una mujer ya formada y segura de sí misma, dejando entrever sólo después los matices dulces de su carácter, la segunda tiene la difícil tarea de dar vida a un personaje que de adolescente realiza todo un recorrido completo entrando oficialmente en la edad adulta. Kechiche está sobre ella con una ferocidad y un deseo impresionante. No hay ninguna parte anatómica, detalle epidérmico o fluido corporal que consiga escapar de la mirada de la cámara. Estamos tan cerca de Adèle ( la real y la ficticia, siempre y cuando logremos distinguirla) que podemos sentirla transpirar, mojarnos con sus lágrimas, percibir su olor. Tan cerca de ella de tocarle el alma.
Es ésta inextricable maraña perceptiva e interior, a hacer de "La Vie d'Adèle : Chapitres 1 et 2" una experiencia demoledora. La suya no es una performance, sino un don impagable a su director. Que corresponde realizando uno de las más sorprendentes actos de amor que se hayan visto en el cine. Difícil desprenderse de ella. A pesar de las tres horas juntos, desearíamos tenerla todavía con nosotros. Kechiche la deja ir por su camino, fuera del retrato y del cine. Después de los capítulos 1 y 2 se encuentra sólo la vida, la verdadera.

Valoración : 10 / 10


En dos palabras : Abdellatif Kechiche consigue representar, espléndidamente, las luces y las sombras de un amor sáfico que incluso en su ardor y en su manifestarce explícitamente mantiene en primer plano la pureza y la poesía del aquel extraordinario vínculo. La mirada del realizador encuentra y se funde perfectamente con la intensidad y la veracidad de dos protagonistas simplemente inmejorables en cada escena y con una armonía mágica entre ellas. Pero las palabras (en estos raros casos) son incapaces de expresar plenamente  la autenticidad y la fuerza constante de una obra que, sin lugar a dudas, escribe una página importante en la historia del cine. Un desconcertante acto de amor : radical y sin precedentes. Una obra maestra.

noviembre 07, 2013

Película del día

Gravity - Alfonso Cuarón , 2013

La vida en el espacio es imposible! Del mismo modo habría sido casi imposible pensar en realizar una película como "Gravity" tan sólo diez años atrás. Visto y considerado la extensa elaboración del último esfuerzo firmado Alfonso Cuarón. A fin de cuentas, sin embargo, no es en estas dos imposibilidades que "Gravity" se centra : nos orbita alrededor, como los detritos que desencadenan los espectaculares acontecimientos que nos arrastran consigo mismo a lo largo de una hora y media que te corta la respiración. Noventa minutos transcurridos en apnea, con una bombona de oxígeno en la mano, mientras venimos arrollados por una experiencia agotadora, extenuante por la mezcla de sensaciones maravillosamente poco convergentes. Por que en "Gravity" sonreímos, nos inquietamos y sufrímos : de náuseas, de claustrofobia, de vértigo. Una película que devuelve prepotentemente sentido no sólo a la sala, sino casi de consecuencia también al 3D - y este último, en retrospectiva, es la verdadera noticia. Simplemente inconcebible pensar a las sugerentes imágenes sin el uso de una técnica que definirla superfina sería realmente un eufemismo. Técnica que carga fuertemente todo aquello que se desplaza por la pantalla, dando a "Gravity" un vigor visual y narrativo que nunca se había visto hasta ahora.

Cuando la doctora Ryan Stone gira sobre sí misma perdida en el espacio, después que una lluvia de detritos, formada por trozos de satélites y estaciones espaciales, cayera sobre el Shuttle y el telescopio Hubble eliminando gran parte de la tripulación, Cuarón mueve la cámara hasta llegar al primer plano del personaje presa del pánico. Poco a poco se pasa a la visera del casco y la mirada gira hasta convertirse en una subjetiva (una de las dos utilizadas en toda la película). El espectador, en ese preciso momento, está dentro del traje espacial y ve los colores y las luces del planeta Tierra y la oscuridad del espacio como en una centrífuga, en un movimiento circular sin control, debido a que la visión está fuera de control en la inmensidad de la nada. Para poder ver debes tener puntos de referencia - así como en la vida así también en el Cine - y Ryan Stone los ha perdido todos. Metáfora de la dificultad del ser humano de tratar de tener certezas emocionales. Y, por otra parte, el enjambre de detritos golpea cada noventa minutos con la intención de perturbarte emocionalmente y físicamente. Cada noventa minutos, la duración de una película, como si quisiera decirnos que el cine incide profundamente en la mente del espectador. La metáfora metacinematográfica es la más intensa de "Gravity", como si Cuarón nos dijiera que el acto de ver es la necesidad primordial de ser, de existir.

Alfonso Cuarón forma parte de la ya establecida "Escuela Mexicana" del cine contemporáneo (junto a Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu). Misma fuente, gustos cinematográficos parecidos, el cuidado de la puesta en escena, una gran capacidad de utilizar las herramientas cinematográficas, recorridos productivos paralelos (entre México y Estados Unidos, los tres directores han realizado pequeñas películas y grandes producciones con las majors y estrellas hollywoodianas), Cuarón hace cine espectacular, pero manteniendose anclado a temas personales recurrentes : la soledad, la visión de la muerte, el renacimiento, de la misma forma como los había ya afrontado en su anterior obra, la bellísima "Children of Men", en un futuro distópico, una sociedad moribunda donde no nacen más niños."Gravity" es una obra impregnada de narración hasta la médula, y que en ningún caso va en contra de una ambición y propensión innata, es decir, relatar una historia. Historia que, en superficie, es sobre todo la de tres astronautas que son víctimas de un rocambolesco accidente. Después de un interminable, bellísimo plano secuencia, en efecto, la extensiva pero espectacular atmósfera es improvisamente volcada por una desgracia de proporciones epocales. Tras el desafortunado incidente, dos de los tres astronautas permanecen aislados mientras flotan en el vacío, sin ninguna comunicación, sin ninguna forma de alcanzar la única meta que se impone desde el primer momento :  la Tierra.

A un cierto punto, sin embargo, después de  haber diseminado pequeños fragmentos dispersos en la primera parte, la película cambia gradualmente de registro. Hasta la cúspide de este proceso, cuando el contexto requiere un pequeño esfuerzo al espectador para entrar en la nueva piel de la historia. En una agraciada sucesión de cambios de perspectiva , "Gravity" se produce en una de sus virtudes más luminosas, aquella que nos transporta literalmente de la tercera a la primera persona con una elegancia única, pero sobre todo funcional. Nada parece dejado al azar en la exhibición de la capacidad técnica de esta obra, cada movimiento de cámara, cada salto, cada elemento que se mueve por la pantalla aparece en su lugar. Al igual que sustanciales son algunos destellos en el fondo, enfocados o no : un trabajo meritorio, concebido y realizado con una habilidad envidiable. ¿y , qué decir del sonido? Aquí se encuentra la primera, matizada metáfora de "Gravity", que tiende a embellecer de manera llamativa incluso el más aparentemente insignificante de los sonidos, de los efectos . ¿Cómo? Simplemente usando de forma decorosa el silencio, componente de extrema importancia en "Gravity". Y aquí se abre un abismo especulativo, sobre el cual no puedo más que detenerme, a duras penas.

Por que reduciendo la descripción de "Gravity" al mínimo, diría que la película de Cuarón ilustra la historia de un parto, cuya gestación dura 91 minutos en lugar de los canónicos nueve meses de embarazo. A sugerirnoslo, de forma poco equivocable, algunas referencias conceptuales evidentes en las imágenes: la posición fetal dentro del habitáculo, los numerosos "cordónes umbilicales", la espectacular caída de los detritos que, en contacto con la atmósfera terrestre, recuerdan la loca carrera de los espermatozoides en proximidad a la fecundación. La caída a la Tierra de la cápsula espacial es una semilla que hace florecer la vida, el agua del lago (mar?) es la cuna de la vida. El personaje se deshace de la escafandra, de la piel artificial muerta, para poder resurgir y se arrastra jadeante sobre la playa arcillosa, para después  ponerse de pie fatigosamente y caminar. La evolución de la vida: el carbono que llega del espacio, la vida que crece en el agua, pez, anfibio, reptil, simio, homo sapiens. En fin, resulta fácil deducirlo atravez de lo que acabo de expresar, esta es la historia de un renacimiento. Por que es esto que necesita uno de los dos protagonistas, es decir renacer a nueva vida después de que un ser querido se haya llevado consigo la propia. Pérdida como verdadero motor, como sólo se puede reconstruir más tarde, cuando el aún determinante episodio de la fatídica colisión inicial es redimensionado por una puesta en escena que asume un significado mucho más alto y complejo.

No me queda mas que mencionar el óptimo trabajo realizado por George Clooney y Sandra Bullock : centrado el primero, brillante la segunda, sin exploit de ningún tipo. Ellos también contribuyen al éxito encomiable de una película que no da un instante de tregua al espectador, apremiándolo en todo lo posible, de principio a fin. "Gravity" se dilata a lo largo de todo su metraje, no desperdicia nada, exprimiendo al máximo todo lo que hay que exprimir. No se trata de redefinir un género, un sector o incluso un medio. El punto es que "Gravity", en última instancia, consigue  hacer vivir/sentir al espectador aquello que muestra en imágenes, como nadie lo había hecho hasta ahora - y ciertamente no por falta de medios. Y con elementos que, en términos de mera narración, se limítan a poco menos de dos ambientes y sólo dos personajes: lo suficiente para construir una historia y adaptarla de manera formidable. Sólo entonces, cuando nos encontramos totalmente a merced de ciertas imágenes, tiene sentido preguntarse qué es esta gravedad, que, según la propia definición, no es más que una fuerza que atrae. A este punto no queda más que dar el siguiente paso, hacernos una ulterior pregunta: ¿hacia dónde nos atrae tal fuerza?.

Valoración : 9 / 10


En dos palabras : "Gravity" traza inequívocamente una nueva ruta para el cine; camino claramente recorrido por grandes precursores e ilustres cineastas que a la llegada de nuevas, a veces impresionantes tecnologías han sido capaces de ver mucho más que la fuerza bruta, generalmente fin en sí misma. "Gravity" es esencialmente una forma innovadora no tanto de hacer cine como de contar una historia. Meta eminente que, en consecuencia, pone todo como cine de altísimo nivel. Con su último trabajo, Alfonso Cuarón da en el blanco, realiza una película que te dan ganas de volver a visionar y que investiga, con un gran sentido de la espectacularidad, las oscuras profundidades del alma humana.

octubre 20, 2013

Película del día...

To The Wonder - Terrence Malick , 2012

¿Qué es este amor que nos ama, que viene de ninguna parte?

De que cosa habla "To The Wonder" es una pregunta que hostiguerá muchos espectadores, y por muchos ya ha sido intercambiado por obtuso hermetismo. Como si Terrence Malick adorára no hacerse entender - si no él, sus obras, por otra parte, burlarse de lo que no se entiende es, sin lugar a dudas, el camino más fácil y apresurado... En cambio hay mucho por donde aferrar inspeccionando las inquietantes reflexiones de esta última obra del cineasta tejano. El compromiso implícito es el de ensuciarse las manos, removiendo un terreno aparentemente árido y poco prometedor. Este es el tipo de solicitación que pretende "To The Wonder". Porque para llegar a rozar la maravilla que alude el título, uno tiene que entregarse por completo a una serie de eventos inconexos, imágenes que no poseen ninguna pretensión en ser encerredas al interior de contexto único, definitivo e inequívoco.

Alejado en el sostener, como algunos piensan, que Malick nos trate con irritante y mal disimulada suficiencia, estoy plenamente convencido que, por el contrario, nutra una estimación enorme hacia el espectador. El suyo no es un cine servicial, para nada. No cubre de adulación quién lo mira por el simple hecho de haberle dado la "confianza" de una visión. Todos, por ejemplo, nos hemos preguntado durante meses (si no años, dado que el anuncio de "To The Wonder" tiene origen a principios de 2010), de qué podría tratar esta película. Pregunta pretenciosa, si nos ponemos a pensar hacia quien va dirigida. Pero por lo menos entender las intenciones del cineasta, y en relación a cuales dinámicas consigue desplazarse. Pero no hay nada que hacer; hasta su llegada en las salas nos ha sido negado incluso esto. Entonces intentaré, siempre con extrema cautela, tratar de contaros mi punto de vista. "To The Wonder" como toda la  filmografía de su director habla de amor, declinado esta vez según aquellas que - sintetizando brutalmente - podríamos definir las reglas del cine sentimental. Neil (Ben Affleck), escritor fracasado, conoce en París a Marina (Olga Kurylenko), joven de origen ruso y madre de una niña de diez años. Entre los dos nace una bella historia de amor que les llevará a viajar y a conocer aquella maravilla que es Mont Saint-Michel. A un cierto punto, Neil siente la necesidad de volver a los Estados Unidos, los tres se trasladan a un pequeño pueblo de Oklahoma, donde el idilio termina, algo falta en su relación, él no la ama lo suficiente, ella lo ama demasiado: el visado expira y Marina y su hija deben regresar a París. Mientras tanton Neil, deviene técnico especialista en contaminación ambiental, reencuentra un vieja amiga de su hermana, Jane (Rachel McAdams), y estalla una nueva pasión, incluso en este caso, después de un periodo idílico, el amor se adormece y todo termina. Marina, regresa a América, busca consuelo en las palabras de un sacerdote español, Padre Quintana (Javier Bardem), que a su vez se encuentra en crisis con su propia fe.

Como es sabido, las películas de Malick no deben ser contadas... hay que vivirlas. Nos damos cuenta leyendo la sinopsis: al parecer no es más que un  clásico drama romántico, no desprovisto de intensidad tal vez, pero absolutamente en línea con el género. Lo que revuelve literalmente las premisas narrativas, de lo que acabo de mencionar, es más bien el toque de Malick. La mano de un artista que maneja este medio de forma única, incomparable. He aquí que el drama de una pareja, una pareja corriente, se transforma en la tragedia universal del hombre. De cada hombre o mujer, sin fronteras trascendentales. Dentro de un escenario muy marcado en términos de colocación temporal, no obstante, dado que los acontecimientos están claramente circunscritos en la actualidad. Por consiguiente el período es más que un pretexto, un marco, si se desea. Lo que interesa a Malick es lo intemporal, lo eterno. Ninguno de sus personajes es simplemente un personaje. Es realmente fácil hacerse engañar por la considerable limitación de los diálogos, equivocando el peso específico en el ámbito de todo el palco de la narración. Las máscaras que orbitan alrededor de las historias de Malick nunca son contorno. Imposible imaginar cualquiera de sus películas sin ni siquiera una de ellas. No menos importante es "To The Wonder". Detrás de la aparente enigmaticidad de sus obras, Malick nos muestra por lo que cada uno de nosotros es. Este último esfuerzo hace eje sobre la incertidumbre, compartida porque atávica. Incertidumbre por delante de cada objetividad percibida por el alma humana. No importa dónde ni cuándo, por que cualquier persona puede y debe identificarse con estos personajes. Por lo menos limitadamente a una de sus peculiaridades.

Me detengo sobre un aspecto de la película. En "To The Wonder", como ya mencionado, los diálogos son reducidos al mínimo. La trama avanza a través de pensamientos, palabras, pronunciadas como si nadie fuera a escucharlas. Como impregnadas con tinta sobre hojas de papel,  para después ser quemadas inmediatamente. Y no obtastante, son incluso cuatro los idiomas hablados: inglés, francés, español e italiano. Esto confirma que el lenguaje verbal no es más que una convención, algo que necesitamos para facilitárnos las cosas. Pero Malick tiene en la mano una herramienta potente, gracias a la cual puede prescindir de estas útiles facilitaciones. Esta herramienta es la cámara. O mejor dicho, el cine. Todo lo que se pone a disposición de este instrumento ayuda a construir un discurso que puede prescindir de la palabra. Algunos movimientos de cámara, algunos recortes de edición. Malick altera el ritmo diegético mezclándolo, revocándolo, masticándolo y después escupiéndolo bajo forma de una criatura indescriptible. Una criatura cuyo olor entra en la piel, cambiándonos de alguna manera, aunque sea por un corto tiempo. No a todos es requerido experimentar esta influencia. De aquí las perplejidades, los malos entendidos y hasta las recriminaciones de aquellos que al máximo consigan aburrirse. Siempre y cuando logren llegar hasta el final.

"To The Wonder" es también una obra que se centra tanto en el concepto de pérdida. Por que todos, a lo largo del camino , perdemos algo : un ser querido, un sueño, incluso a nosotros mismos. "Tú me has devuelto la vida", susurra Marina al inicio de la película , dirigiendose a Neil . Tremenda afirmación, que desencadena mecanismos sobre los cuales podemos apenas asomarnos. Por que la renovada vida de la tierna Marina trae consigo dos nuevos amores : uno para Neil y otro para el amor mismo . Está tan enamorada la joven de tener un solo deseo : ser esposa. Pero es aquí que se insinúa la paradoja. Neil no tiene la intención de casarse, generando una situación angustiante, aquello que sólo el amor puede comportar. "Si realmente le quiero, debería ser suficiente estar cerca de él , sin pretender el matrimonio", reflexiona Marina . Pero esto de extrapolar frases, me doy cuenta, tiende a trivializar la importancia. Palabras que en manos de otros nos paracerían cursis, carentes de cualquier mordiente, salidas de la desbordante pluma de Malick asumen una textura diferente. Porque, como siempre, perno y epicentro es aquello que vemos. Tal es así la influencia visual de "To The Wonder", que la fascinación emanada por las imágenes nos confunden, desviando la atención de todo lo demás. He mencionado los movimientos de cámara. Pero aquello sólo se refiere a las personas sobre las cuales Malick centra su atención. Regresa aquí prepotentemente el dualismo entre Naturaleza y Gracia. El hombre, en cuanto dotado de espíritu y por lo tanto capaz de recibir la Gracia, es un ser en constante evolución; aquí transpuesto en movimiento, para ser preciso. A la naturaleza, en cambio, no pertenece en absoluto tal dimensión, porque esencialmente inmóvil, inmutable. De aquí derivan los numerosos y sugestivos planos fijos de los cuales "To The Wonder" está lleno.

Contrariamente a las impresiones que circulan por este mundo bloguero, estoy convencido de que esta nueva película de Malick es una obra completa , me atrevo a decir total. Al igual que en "The Tree Of Life", el cinesta de Waco nos ofrece una visión radical sobre la universalidad. En ella encontramos, por ejemplo, el amor profano de dos jóvenes que se aman, pero que no son capaces de vivir juntos, así como el amor sagrado de un sacerdote que está atravesando la así llamada sombra de la fe. Todos tan maravillosamente frágiles, y sin embargo, tan extraordariamente capaces de derrocar cada cosa. Hombres y mujeres no fuertes en sentido estricto, pero dotados de una fuerza indescriptible que les une. Cada uno con su propio recorrido, con sus propias dudas. Y si el propio desarrollo resulta "incoherente", es decir que son auténticos, vivos. ¿Cómo reaccionar ante el derrumbamiento de la fe, del amor o de cualquier otra certeza que se demuestra ficticia?.Y esto es lo que necesitan madurar las ánimas de las cuales nos muestran opacadamente las vidas, es decir, la persistente capacidad de saber ponerse en discución. A partir de la alteración de un shock, descubriendo que ninguno de nosotros está hecho para permanecer como somos. Es  entonces que las supuestas certezas no son más que enormes obstáculos, de evitar, de luchar.

La coincidencia del discurso amor/ fe también puede disolver las dudas sobre la supuesta índole reaccionaria de la religiosidad en Malick: el conocimiento desesperante de la percepción de no tener fe, es el mismo que el de no saber amar. El analfabetismo emocional que denunciaban las obras burguesas de Ingmar Bergman ("Scenes From a Marriage", in primis) alcanza la saturación, ya que los protagonistas de "To The Wonder" sólo pueden aceptar la presencia - en ausencia - del amor como la única fuerza motriz de la vida, un polo de atracción que rozan, pero del cual no consiguen ser arrollados. Al menos no siempre, no simultáneamente. El sustrato filosófico de las películas de Terry Malick es pesimista de manera conmovedora, ya que persevera en el pregar por una humanidad a la deriva, que sólo puede llegar a compromisos con la realidad para sobrevivir. Este último trabajo de Malick me gusta considerarlo como una precuela de "The Tree Of Life", esta última comienza exactamente donde "To The Wonder" termina. En la primera la celebración de la Gracia en la Creación, en oposición a la naturaleza, salvaje, a veces indomable. En la segunda la búsqueda radical de esa gracia, temida, negada, pero cuya llegada está constantemente en proximidad.

Terrence Malick a partir de su sensacional regreso al cine con "The Thin Red Line", después de veinte años de silencio, ha potenciado un estilo del que ya era único propietario e iniciado una investigación sobre el lenguaje cinematográfico que ha tocado con "The Tree Of Life" su cenit. Ahora ya se puede decir que: Malick ha acuñado un lenguaje suyo, personal, en el que la sala de montaje ocupa una posición de honor en la gestión del proyecto. El autor estadounidense es uno de los pocos en el mundo que tiene el coraje de alterar varias veces su propio trabajo, empezando a rodar por intuición, por una idea y modelándola de acuerdo a los resultados y a las implicaciones del momento. Hablo de un director que tiene los atributos de cortar no secuencias simples, sino horas y horas de material rodado y por consiguiente de eliminar incluso personajes: lo deben recordar muy bien Christian Bale por "The Thin Red Line", Christopher Plummer por "The New World" y ahora lo recordarán Rachel Weisz, Michael Sheen, Barry Pepper, Amanda Peet  y Jessica Chastain. Para tomar ciertas decisiones se necesita tener (como apenas escrito) los atributos, la autoridad y el conocimiento de los verdaderos propósito de la obra que se está realizando, además de tener una mano libre en el corte final.

El montaje del mismo equipo que había realizado "The Tree of Life" (AJ Edwards Keith, Fraase Shane Hazen, Christopher Roldán, Mark Yoshikawa ) se ha centrado menos en el trabajo connotativo para comprometerse en analogías que rompen la dimensión espacio-temporal para hundirse en el "stream of consciousness" (flujo de conciencia) de los protagonistas. Radicalizando las opciones de estilo que ya se habían visto en "The New World", Malick utiliza el corazón del lenguaje cinematográfico para crear una máquina de sinestesias, analogías y metáforas : una poesía desconectada de la narrativa tradicional. La fotografía del grandísimo Emmanuel Lubezki es capaz de capturar cromatismos y componer imágenes de inefable esplendor, ya que aquí reside el poder del cine malickiano, el de dar cuerpo a las emociones humanas. Como ocurre en el apasionante íncipit (la crónica del enamoramiento), filmado en las orillas del Mont Saint- Michel, lugar mágico exaltado gracias a la elección de una vibrante banda sonora, en gran parte no original ( podemos apreciar a Berlioz, Wagner, Respighi, Tchaikovsky, Gorecki y Haydin) compuesta por Hanan Townshend.
Tal vez sólo David Lynch en los últimos veinticinco años, ha logrado construir un mundo audiovisual tan denso y original en el conformismo del cine americano. Al igual que él, Malick sigue un camino que sabe de recorrer en soledad : una la luz le abre paso. Esperemos que nunca se apague.

Valoración : 8.5  / 10


En dos palabras : Menos conciliador respecto al concepto que se esconde detrás de "The Tree of Life", "To The Wonder" es un apasionante retrato, conmovedor, doloroso, e intensamente trágico. Una fuerte impronta teatral, a momentos deliberadamente exasperado y exasperante en lo que muestra y en lo que aplaza. Una mirada angustiante de la codicia de amor inherente al corazón humano. Aunque cuando no lo entendemos, no lo sentimos o simplemente creemos que no lo meritamos, no hacemos otra cosa que inclinarnos hacia él...

agosto 26, 2013

Canción del día...


Fake Plastic Trees - Radiohead - The Bends (1995)


Fake plastic trees

Her green plastic watering can
For her fake Chinese rubber plant
In the fake plastic earth
That she bought from a rubber man
In a town full of rubber plans
To get rid of itself
It wears her out, it wears her out
It wears her out, it wears her out

She lives with a broken man
A cracked polystyrene man
Who just crumbles and burns
He used to do surgery
For girls in the eighties
But gravity always wins
And it wears him out, it wears him out
It wears him out, it wears...

She looks like the real thing
She tastes like the real thing
My fake plastic love
But I can't help the feeling
I could blow through the ceiling
If I just turn and run
And it wears me out, it wears me out
It wears me out, it wears me out

If I could be who you wanted
If I could be who you wanted
All the time, all the time...

Falsos árboles de plástico

Su regadera verde de plástico
Para su falso árbol de goma chino
En la falsa tierra de plástico
Que le compro a un hombre de goma
En una ciudad llena de planes de goma
Para librarse de sí misma
Eso la consume, la consume
la consume, la consume

Ella vive con un hombre roto
Un hombre de poliestireno rajado
Que se desmorona e incendia 
Él solía hacer cirugías
sobre chica en los años 80
Pero la gravedad siempre gana
Eso lo consume, lo consume
lo consume, lo consume...

Ella parece ser algo verdadero
Ella tiene el sabor del amor verdadero
Mi falso amor de plástico
Pero no puedo evitar lo que siento
Podría salir volando a través del techo
Si solamente me doy la vuelta y corro
Y eso me consume, me consume
me consume, me consume

Si pudiera ser quien tu quisieras
Si pudiera ser quien tu quisieras
para siempre, para siempre...


agosto 21, 2013

Disco del día...

Machi No Akari - Miwa Sasagawa (2013)


Género : Songwriter, J-pop

Tracklist :

01. Gozen 4 Toki 36 Fun
02. Machi No Akari
03. Prism
04. Harete Kurudarou
05. Naitatte
06. Kyou

Para una "nueva" generación de cantautores del Sol Naciente que está redescubriendo el encanto  suave y aterciopelado de la música soul, hay que decir que los resultados se están revelando verdaderamente a la altura de la situación. Después de las tranquilizantes e íntimas envolturas sonoras de Fuyumi Abe (este año el lanzamiento de su nuevo trabajo "How To Live"), después de las interesantes mezclas en el pop emocional de Motohiro Hata, la última en acercarse con decidida convicción a la "música del alma" es uno de los secretos mejores recolocados en la canción japonesa de autor, una voz que ha izado la emoción más pura en su propio estándar y ha seguido, con un consciente abandono, todas las andaduras: Miwa Sasagawa.

Autora dotada de una ligerísima pluma, capaz de mezclar con un buen sentido de la proporción el alma  más tradicional del folk de su tierra a los cánones del pop occidental, ha rociado gradualmente su música con fragancias cada vez más rebuscadas y particulares, sin desdeñar, sin embargo, contactos con la electrónica y con raspantes guitarras rock. El nuevo desembarco en una de las majors (la misma Avex Trax de gigantes del J-pop como Ayumi Hamasaki y Kumi Koda), dictado algunos meses atrás con la salida del Ep "Oroka Na Negai", los tonos de su propuesta nuevamente desvanecen y se debilitan, cubriendose por una suave calidez invernal que en este último "Machi No Akari" toca nuevas cumbres emocionales, siempre con la extrema ligereza del toque que la distingue.

Medida en los derroches vocales, pero nunca en la riqueza de tonalidades que sabe conferir en cada canción, Miwa Sasagawa se expresa con una amplia pluralidad de registros (que van desde dulces arrullos hasta herencias tímbricas del folklore de su tierra) sobre seis temas en donde el candor mínimalista de las composiciones te golpea con su cálido abrazo, la intimidad acogedora de melodías escritas con una atención extrema por el detalle, diseñadas para desvelar su encanto gradualmente, sin exageraciones. El soul de la autora de Niigata por consiguiente, entre espléndidas aperturas orquestales entremezcladas con sinuosas ejecuciones de piano, instrumento principal del disco ("Naitatte", ápice expresivo de la obra, "Prism"), límpidos pasajes de conmovedora melancolía folk ("Harete Kurudarou "), baladas suaves sostenidas con muy poco ( las confidencias palpables de la  title track), se infiltra con una precisión milimétrica en los acordes más profundos del alma, convirtiéndose en un compañero irremplazable sin ser notado, con la discreción de los que pueden  hacerse valer sin necesidad de subir los tonos.
Incluso en el formato corto del mini-álbum, el romanticismo hipnótico de Miwa Sasagawa sigue gestionando las más suave y dulces confesiones : ahora , ¿quién tendrá el coraje de poder resistirle?.

Valoración : 7 / 10


junio 08, 2013

Película del día...

Only God Forgives - Nicolas Winding Refn , 2013


"La vida no es sino una sombra pasajera, un pobre actor que se contonea y consume su hora en la escena, y luego no se le escucha más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de sonidos y furia, y que nada significa."
                                       
(Macbeth. Acto V, escena V.)

Es un cine lleno de esencias el de Nicolas Winding Refn que, desde sus comienzos low budget, se ha siempre puesto como principal, sino único, objetivo la restituición de un particular universo perceptual a través de las imágenes en movimiento. Consciente de no ser el único a realizar películas dirigidas hacia un tipo de acción directa sobre el inconsciente (Lynch enseña), el director danés ha puesto en marcha un proceso de auto-análisis y de investigación que le ha llevado (primero como espectador, después como joven cineasta, y por último como verdadero autor), a definir más o menos conscientemente una base expresiva bastante personal, un punto de equilibrio entre el amplio conocimiento de cinéfilo y un fuerte temperamento como director. "Only God Forgives" es la piedra angular de su cine, un compendio de figuras, motivos estilísticos, imágenes y arquetipos que, aparentemente separados por un diseño preciso, se persiguen y se chocan en el corto lapso de noventa minutos.

Julian (Ryan Gosling desde este momento "alma gemela" de Winding Refn) dirige un club de Thai-boxing en Bangkok, en realidad se trata de una simple tapadera para el tráfico de drogas. Pero este no es el punto. Un día su hermano Billy (Tom Burke), movido por una locura inexplicable, violenta y mata a golpes a una joven prostituta, las autoridades recurren a un siniestro agente retirado, Chang (Vithaya Pansringarm), que labora en base a una idea de justicia bastante personal: para Billy el castigo es la muerte asegurada. A recuperar el cuerpo y a reclamar venganza es Crystal (Kristin Scott Thomas), la madre de Julian y Billy, y cabeza de la organización criminal de familia... He evocado un término clave de la última obra de Winding Refn, es decir castigo. En la superficie "Only God Forgives" podría parecer la enésima película "venganza-céntrica", pero se trataría de una interpretación un poco errada. Está claro que la frontera entre los dos términos, "venganza"y "castigo", sea decididamente lábil : en cualquier caso se trata de restablecer un orden. La sutil pero fundamental diferencia es que la venganza apunta hacia una orden interna, por lo general satisfactoria para el individuo o el grupo impulsado por la mera voluntad de devolver al culpable el agravio sufrido de forma análoga. El castigo, en cambio... bueno, resulta evidente que aquí nos encontramos dentro de una dimensión completamente diferente y las explicaiones no son necesarias.

Con el sutil pretexto de revenge movie, "Only God Forgives" avanza hermética, evolucionandose en infernales laberintos de volúmenes, de lleno y vacío, de luces y de sombras. Una vez más, un cine de cuerpos: el cuerpo de una macbethiana, oxigenada y sensacional Kristin Scott Thomas, madre pérfida e incestuosa que obliga a su hijo a ensuciarse las manos con sangre, primero perpetrando una venganza injusta y despues reemergiendolo en el deseado vientre materno, el cuerpo del verdugo Vithaya Pansringarm única figura inicialmente iluminada por tenues destellos de heroísmo, destinados a apagarse con las atrocidades de las torturas, y por último el cuerpo de Ryan Gosling que, de anti-héroe enamorado y sin nombre en "Drive", se presta a una decadencia progresiva, convirtiéndose en un Edipo débil e impotente que se mueve, robótico, en los oscuros pasillos y en los espacios rutilantes de su propia mente. Gracias a la reunificación artística con Winding Refn, el actor canadiense nos regala nuevamente una interpretación indeleble, y al clásico mix "bello y maldito", añade a su protagonista la huella única y visionaria de un personaje aún más desmesurado. Su Julian es otro personaje mudo, reducido casi a una presencia sombría, perteneciente a la ya monstruosa y deforme galería refniana junto a Kim Bodnia, Zlatko Burić, John TurturroMads Mikkelsen y Tom Hardy, otros cuerpos esclavos de incontrolables instintos emocionales e irremediablemente violentos.

En "Only God Forgives" Winding Refn reafirma su creencia en la profundidad de campo con continuos desfondamientos de perspectiva que, abren, mejor dicho desgarran, el espacio finito, en el intento de mostrar lo que está detrás de lo visible. Y a sacudir, más que las pocas, brutales (y nunca gratuitamente sublimadas) secuencias de violencia frontal, es propio el increíble control con el que el director maneja un compuesto practicamente sin forma, poniéndolo en diálogo constante con la música hipnótica de Cliff Martinez ( basta ver la extremadamente tensa pausa del karaoke club que sincopa el flujo de las imágenes, produciendo sentido e incluso ratificando toda la obra). Pero detrás de este condensado de leitmotiv parece haber algo más. En la continuación de un recorrido complejo que atraviesa todas sus obras anteriores,  Winding Refn utiliza contextos elementales para razonar sobre el lenguaje visual, sobre la propia idea de cine, sin necesidad de codificar ulteriores mensajes (ya sean éticos o narrativos). Más que jocoso metacine, es una abstracta y problemática operación de mise en abyme: la inmersión en un abismo de anti-naturalismo exasperado que marca el plano de ficción, separandolo de cualquier forma de realidad, para mostrar con claridad su naturaleza falsa, artificial. Por otra parte el Winding Refn cinéfilo no es seguramente una novedad, y aquí no deja de homenajear en particular manera al surrealismo de inspiración buñueliana que ha hecho de escuela a muchos. Homenaje que desemboca en la desenfrenada cita, cuando asistimos al truculento corte de un ojo, vivida alusión a la película "Un Chien Andalou". "Imitación" a parte, cada cosa en "Only God Forgives" está empapada por un aura metafísica difícilmente describible, expresión de un maravilloso equilibrio entre la dirección y el montaje. Una cuidadosa y rigurosa parsimonia que, en la economía de ese resultado final que es que la película, va todo en beneficio de una premisa marcadamente existencialista.

Y es aquí donde el paso es realmente definitivo, en las modalidades dramatúrgicamente "obscenas" : con la cesación de aquel mágico y a momentos irreal equilibrio de "Drive", del mood irónico y paroxístico de "Bronson" o de la andadura épica y ancestral de "Valhalla Rising ", "Only God Forgives" rompe los velos de la alegoría narrativa, eliminando cada elemento superestructural, para dejar "desnudos" los mecanismos anidados en la percepción de la experiencia cinematográfica, en un diálogo cerrado entre director y espectador que involucra ojos, mente y corazón; es un salto valiente que transforma un texto narrativamente esencial en una compleja y audaz obra de vanguardia. Vista en esta perspectiva, la película de Winding Refn se agranda considerablemente: no es - como muchos han argumentado - un trabajo de estéril superfetación con el fin de demostrar, a través de la acumulación de secuencias magistralmente orquestadas, el (ahora consolidado) dominio del medio, sino más bien una profunda reflexión sobre la ficción cinematográfica que se manifiesta y vive en una diversa dimensión "espiritual" gracias a una forma expresiva magnífica y protegida. Y es tal vez esta "diversa extensión" el elemento místico mas fuerte que desea sugerir la dedicatoria final a Alejandro Jodorowsky.

En "Only God Forgives" los diálogos son reducidos al mínimo necesario. Todo en esta película nos habla, a excepción de sus actores, sobre todo los dos personajes principales. Corre un gran riesgo Winding Refn vaciando las palabras de esta manera, especialmente frente a la considerable calma sobre la cual se desarrolla la trama. Pero no os imaginéis un Ryan Gosling novato driver. En absoluto. Aquí el verdugo no es él, sino más bien Chang, que ejerce tal justicia con una frialdad y una precisión angustiante. Su imperturbable apacibilidad se choca con los extemporaneos y fulminantes destellos de violencia que te dejan atónito. Como una furia que se abate funesta sobre aquellas personas cuyos pecados deben ser corregidos, el inflexible Chang emite y ejecuta sus propias inapelables sentencias contra quienes se ha manchado de alguna culpa. A diferencia de "Drive", sin embargo, tengo que especificar que en "Only God Forgives" la pareja Winding Refn Gosling abandona una porción de su mirada profunda, para abrazar el efecto más grotesco y superficialmente kitsch del mismo guión, que quizá, precisamente por esta razón, afligirá los aficionados de la escritura del director y dejará desilusionados los puristas de su cine. Doblada la esquina, y despojandose imperceptiblemente de su carisma literario, Winding Refn me parece totalmente distante de haber perdido "el toque mágico", y cuando las luces del gimnasio tailandés se apagan lentamente, y las manos apretadas en puños de Ryan Gosling se alzan sobre el fondo perennemente rojo de una escenografía que ya por sí misma se convierte en elegante forma de expresión, toda la agresividad pasiva con la cual está impregnada la película parece cargarse de adrenalina, mientras el único sentimiento que nos atrapa en varias ocasiones es la ansiedan de no poder dejar de retener el aliento.

El de Julian no es más que un recorrido espiritual que tiende a restablecer el equilibrio corrupto por sus propias acciones. Ambiguo, a su vez, por todo el tiempo nos arrastra consigio mismo en esos sueños/visiones de redención, por los que está dispuesto a sacrificarlo todo, a partir de su alma, incluso antes que de su propio cuerpo. El papel de Crystal, cubre exactamente este agujero, humanizando un hijo con quien cultiva una relación veladamente edípica. Se tocan, intercambian miradas lánguidas, pero todo permanece sabiamente oculto bajo una sucesión constante y maliciosa de dicho y no dicho. Basta observar la hilarante y mordaz reacción de Crystal cuando Julian le presenta a su "novia", ni el tiempo para sentarse a la mesa que la pobre desventurada  se ve arrollada por brillantes insultos, bajo los ojos de un Julian de la mirada gélida. Todo esto es parte de la peregrinación que, en "Only God Forgives", se encuentra próxima a su clímax. Nosotros somos catapultados en esa fase terminal cuando, inminentemente, el sendero de Julian nos pone delante a la cumbre de aquel recorrido.

A medida que la historia va finalizando, con esel ritmo intensamente flemático, nos viene revelado el misterio que se esconde detrás de los personajes de Julian y Chang - o más bien, detrás de las respectivas entidades místicas de cada representante. Figuras complementarias en un contexto poblado por perfiles prufandamente esfumados. En este sentido, y no sólo, no podemos dejar de emocionarnos por una fotografía inspirada, que da en el blanco. Deseando limitar el componente sobre el cual me he detenido, noto como tal aspecto técnico consiga trabajar con pericia con esta experiencia técnica para ofrecernos íntegra la ambigüedad de las diferentes máscaras: jugando con las luces artificiales de neón y farolas, una y otra vez los rostros de los distintos personajes, primarios y secundarios, son mostrados en forma bicolor, principalmente mitad rojos y mitad azules. Agudos expedientes que nos lanzan en un contexto teatral, de escenario expresionista. Y es aquí donde Winding Refn extrae lo mejor de sí una vez más. El director danés, podría parcer repetitivo decirlo, el cine lo conoce perfectamente y cada vez más está adquiriendo el dominio del medio, sin el cual resultaría difícil imaginar una película tan potente, a pesar de ser una obra del ritmo lento, a momentos irritante, pero indudablemente lograda.

La última obra de Winding Refn no traiciona las expectativas, agregando otro elemento importante a la ya extensa filmografía del joven director. Una historia brusca como pocas, dura, de una violencia que va mucho más allá de lo inmediatamente visible, insinuandose entre los intersticios psíquicos de aquellos que podrán vivir "Only God Forgives" como lo que es:  es decir una experiencia, oscura y densa de colores que se chocan. Un viaje alucinado pero lúcido, dulce pero cruel, hostil pero cautivador, inquietante pero honesto, sí... sobre todo honesto.


Valoración :  9.5 / 10

 

En dos palabras : Potente thriller a tintas simbólicamente metafísicas, terriblemente coherente con una personalísima trayectoria autoral y a la vez sorprendente por la radicalidad del enfoque, este áspero, visionario testimonio de sincretismo audiovisual - que se puede amar u odiar con la misma  visceralidad, como el último Festival de Cannes ha demostrado- invade la sala con su misterioso vapor y satisface los ojos con su vigorosa corporeidad. No queda más que tratener la respiración. Y sumergirse.

abril 27, 2013

Película del día...

The Place Beyond The Pines - Dereck Cianfrance , 2012

Lo habíamos dejado allí a Dereck Cianfrance, entre los fuegos artificiales y las tiernas lágrimas de una criatura inocente. Aquel "Blue Valentine" que a tres años de distancia nunca ha dejado de decirnos algo. Me parece un buen punto de partida, donde la última película del director estadounidense regresa a especular sobre la magnitud del drama familiar contemporáneo. "The Place Beyond The Pines", desea confirmar de alguna manera ciertos temas, aferrandonse una vez más a una atmósfera impregnada de realismo y prácticamente jamás aburrida. A través de sus personajes y situaciones, Cianfrance trata desesperadamente quitar la cáscara de aquella verdad que se esconde detrás del malestar de uno o más núcleos familiares. Procediendo hacia atrás, en un intento de capturar las causas de ciertas distorsiones, sin señalar con el dedo a nadie en particular.
Una premisa necesaria, la mía. Una clave de lectura que se impone de manera espontánea, obligandonos a ver en "Blue Valentine" y "The Place Beyond The Pines" una especie de díptico preferiblemente codificado en cuanto al ámbito en torno al cual giran ambas historias. Ambientación privilegiada, una vez más, aquella New York y zonas limítrofes que en el fondo son ya expresión de la decadencia, de la falta de cohesión, de un latente pero profundo vacío. Suburbios desconectados, aparentemente abandonados a sí mismos, en donde más que vivir se sobrevive. Este es el escenario representado por Cianfrance, que una vez más se encomienda a una historia decididamente básica, aunque desparramada durante un período de tiempo bastante amplio. Escamoteo, este, imprescindible para la profundización del fenómeno en cuestión, en lugar de los distintos protagonistas.

Luke Glanton (Ryan Gosling) es un joven stuntman que viaja por todo el país siguiendo un largo elenco de shows. Un día, de una manera totalmente fortuita, mientras actuaba en Schenectady, descubre que Romina (Eva Mendes), una chica con la que tuvo una breve liaison el año anterior, ha dado a luz a un niño. De escenario simple, por lo tanto, Schenectady se convierte en una especie de morada temporal: Luke tiene la intención de dedicarse por completo del niño, como de la madre. Él sabe lo doloroso que es crecer sin un padre, y es por esto que no pretende privar de su presencia al pequeño Jason. En este caso son los detalles que hacen la diferencia. Cianfrance logra ser romántico, pero nunca cursi, aspecto que podemos deducir gracias a los diferentes senderos de la historia, como cuando el tierno retrato de un padre improvisado pasa a través del deseo de compartir con el propio hijo algo, no importa que cosa, siempre y cuando sea la primera vez: "¿cómo? ¿nunca ha probado un helado?!". Todas estas medidas que deben ser vistas a la luz de la doble naturaleza de sus personajes, y en particular de los dos padres en estas circustancias. Sí, porque una vez más el director originario del Colorado excava en la ambigüedad de ciertas figuras paternas, padres imperfectos, pero a pesar de todo, padres.

Luke, con ese aire atónito, totalmente a merced de su ambición de ser padre pese a no poder cuidar ni siquiera de sí mismo, se encuentra a estrellarse contra una realidad que lo desanima, lo obstaculiza, lo rechaza, hasta que esta no consiga ventaja. De modo que el padre novato elige el camino más extremo, es decir atracar bancos, anulandose por amor de ofrecer a su hijo lo que él nunca tuvo. Ninguna toma de posición, ningún juicio eminentemente moral, sólo la cruda cotidianidad de un hombre que lo intenta, contra todo y contra todos. Sin estar allí a sentenciar sobre las acciones, a primera vista despreciables, ni mucho menos sobre los propósito. A Luke es puesto enfrente de manera casi perfectamente especular el personaje de Avery Cross (Bradley Cooper), cuyo encuentro con el motociclista le cambiará para siempre la vida. Después de una hora exacta, "The Place Beyond The Pines" cambia perspectiva drásticamente. Como evidencia el hecho de que sus personajes no son más que un medio y no el fin, Cianfrance opta por algunas elecciones arriesgadas, pero a fin de cuentas necesarias. Si en "Blue Valentine", sin embargo, había brillado su inspiración en cuanto a cómo había llevado a cabo un determinado discurso, esta vez la historia se desenreda sin mayores digresiones: ninguna superposición de planos temporales, más bien unos cuantos saltos. El ritmo diegético no se ve afectado, procediendo como una línea recta, sin interrupción o licencias.

La sincera dramaticidad de la primera hora, da paso a una "segunda parte" más rígida, un segundo acto que parece replegar tímidamente sobre los tonos de un "Prince Of The City" de lumetiana memoria; notable inspiración, salvo que, claramente, no es allí donde Cianfrance pretende dirigirse. Es así que, "The Place Beyond The Pines" se convierte en un drama en tres actos, cada uno encabezado por un sujeto físico. Deseando, es esta la solución final adoptada por el autor, así como la alternancia de los dos estratos temporales lo es en "Blue Valentine": el primero se centra en Luke, el segundo en Avery y el tercero ... bueno, basta con deciros que también hay un tercer acto. Sólo entonces la parábola de los Glanton puede tener sentido, y sólo de esta manera se puede apreciar la profundidad de una secuencia "dividida" en donde a bordo de una motocicleta, corriendo por una carretera asfaltada y sin fin, el verdadero elemento de conexión es/son  el/ los conductor/es del  vehículo de dos ruedas. Un recorrido de una nostalgia inefable, en fin, que va llevado a cabo juntos, pero separadamente. El estilo visual de Cianfrance tiene los mismos elementos básicos de la película anterior: primeros/primerísimos planos, atención por el espectador guiada por el enfoque variable, planos con objetos en el medio, para aprisionar y esconder los actores, persecuciones (mayormente en estilo catatónico-Van Sant que nervioso-Dardenne). Sin embargo, encontramos también nuevas fascinantes insercciones. En primer lugar, el director demuestra ser muy competente en las persecuciones por carretera, donde se arriesga victoriosamene en largos planos secuencias capturados por las cámaras posicionada sobre verdaderos medios que van a gran velocidad, con un efecto de realismo significativo. En la segunda parte hace un uso de la luz bastante intenso y anti-realista, con los ambientes que pasan del día a la noche reflejando el tono de la narración. La banda sonora, por otra parte, es de Mike Patton y no es necesario añadir algo más. No faltan, por consiguiente, buenos momentos para los ojos y para los oídos.

Pero, una vez más, sería engañoso centrarse exclusivamente en los contenidos explícitos. Sí, porque Cianfrance trabaja, y tanto, con lo no dicho, con lo que se recaba pero que es representado con una eficacia extrema. La utilización de ciertos cantos gregorianos, de los cuales está rodeada la película, añaden un toque vagamente metafísico cuya culminación es tocada por un sensato y apropiado "Miserere" de Allegri. La pruebra de los actores es admirable, especialmente la de Ryan Gosling, que en versión "padre amoroso" es realmente sorprendente: los gritos ahogados durante los atracos, el aire constante de resignación. El personaje que en un principio parece calcar su papel en  "Drive" para después alejarse con extrema habilidad y con tocante sensibilidad, el actor canadiense "vive" una parte sentida, física y desesperada, capaz de entrar inmediatamente en los ojos y en los corazones de los espectadores ("causa" aquella destreza habitual y una predisposición natural), lo cierto es que llena la pantalla como pocos, de manera potente y profunda. Bradley Cooper prosigue en la búsqueda de papeles exigentes en películas que lo desenganchen de un imaginario poblado por noches salvajes y prestaciones alcohólica-cómicas, y, después de la excelente prueba en "Silver Linings Playbook" reitera su (inesperada) versatilidad. Posee una intensidad que no es inmediatamente reconocible, pero con el paso de los minutos te das cuenta de que está completamente inmerso en la historia, aferrado con fuerza al flujo de los efectos - visuales, sonoros, emocionales - que Cianfrance forja maravillosamente. Ben Mendelssohn, Ray Liotta y Eva Mendes convencen plenamente al igual que los jóvenes Dane DeHaan (fenomenal) y Emory Cohen.

La de Luke Glanton es una de las tantas historias de padres que no saben serlo y que en cierto momento de sus vidas deciden cambiar el curso, secundando algunos peligros con el fin de alcanzar el objetivo codiciado, lleno de obstáculos, tales como la naturaleza desea. Pero ¿Hasta dónde puede empujar la codicia por el dinero? ¿Cuánto influirá sobre los hijos la herencia de un padre que no ha sido capaz de mantener un equilibrio en su vida? ¿Cuánta sangre seguirá fluyendo en las calles y en los hogares de las familias antes de que los hechos encuentren un equilibrio sereno?. Estas y otras preguntas son colocadas por Cianfrance al interior de la cinta, mostrando una madurez envidiable en la construcción narrativa del guión de su película, guión escrito a tres manos con la colaboración de Ben Coccio y Darius Marder. "The Place Beyond The Pines", reflexiona sobre familia, tiempo y relacione, sobre las responsabilidades de los padres y sobre el legado de loshijos. Pero es sobre todo una obra que reflexiona sobre un lugar: un escenario que tiene su propio ADN y su propia historia. Cuando en el lugar más allá de los pinos la verdad se abre paso en el fango de los viejos días de lluvia, hay quienes susurran de haber visto el fantasma de Luke corriendo sobre su moto por las calles desiertas y secundarias de Schenectady, New York . Pero hay, también, quienes aseguran de que se trate solamente del hijo, solo, contra un mundo, pero sobre las notas mágicas de Bon Iver.

Valoración : 9 / 10


En dos palabras : Después de "Blue Valentine", Dereck Cianfrance interviene nuevamente en el drama familiar americano contemporáneo. A través de la historia de unos personajes totalmente diferentes pero sorprendentemente similares, dentro de un marco transgeneracional en donde las culpas de los padres recaen sobre los hijos. Una película sobre la ambigüedad de la paternidad en la actualidad, así como sobre las posibles implicaciones, y sobre la venganza ... Una cinta que vibra y penetra en profundidad, hecha de carne y entrañas, colorada de negro y rojo, expuesta a la interperie claroscural del alma. Una obra extraordinaria, que ya reclama un lugar en la historia del cine.

abril 04, 2013

Película del día...

Spring Breakers - Harmony Korine , 2012

Ostentación, provocación, eyaculación. Son los elementos básicos del arranque metanfetamínico de la quinta obra de Harmony Korine. El primer montaje, después de los títulos de crédito iniciales chabacanamente florales, despliega un travelling de figuras femeninas en exposición: senos y culos firmes mal contenidos en bikinis diminutos, ombligos, insinuaciones sexuales, guiños y pestañeos, músculos marcados, cerveza y bebidas alcohólicas en cantidad. Otra ronda y las formas incontenibles explotan ante el ojo de la cámara, pezones erectos, cuerpos sensuales aceitados, mojados de agua salada, que se entretienen en  juegos alcohólicos que gustan tanto a los jóvenes americanos, a medio camino entre el intento de aumentar los efectos de la borrachera y la pesante provocación a fondo sexual - la cerveza salpica fuera de las latas y las chicas beben como si fuera la pantomima de un set porno. Son sólo unos pocos minutos, pero ya se encuentra todo el sifnificado del exceso, del deseo de vivir en una fiesta exclusiva y sin fin.

Esta feria de la carne es la imagen estereotipada de la "Fiesta de Primavera" (Spring Break), diez días de descanso de las clases donde los universitarios pueden ir a divertirse en las playas más buscadas, como aquellas de Florida. Las cuatro protagonistas, compañeras de universidad, sueñan desde hace tiempo unas vacaciones de este tipo para relajarse y darse a la juerga que deben ocultar o reprimir: Brit (Ashley Benson), Candy (Vanessa Hudgens) y Cotty (Rachel Korine) pasan de una fiesta a otra, beben y se drogan, mientras Faith (Selena Gomez) se esconde detrás de una fachada de chica buena, uniéndose a grupos de jóvenes católicos. Las chicas a pesar de no haber ahorrado dinero suficiente, no se rinden a la idea de quedarse en casa otra vez y deciden subir la apuesta, arriesgarse para obtener el máximo rendimiento: hacer un atraco. La secuencia podrá parecer tan inverosímil como la realización excitante: el atraco al fast-food es rodado en un plano secuencia donde la cámara de Korine se mueve alrededor de local y, junto a la chica-automovilista seguimos la escalation de las riot-girl. Si no hay, el dinero debe ser obtenido de la manera más fácil, tan fácil como jugar a un videojuego, rápido e indoloro como una película de Hollywood. Y la fiesta puede comenzar.

Harmony Korine es el cantor de la inocencia de la América. Sus historias, llenas de drogas, suciedad y "aburrimiento" son a menudo retratos despiadados y honestos de las personas perennemente en contacto con la violencia, que se encuentra profundamente arraigada en el humus de una nación, contaminando incluso los suburbios. El autor siempre ha estado cerca de sus personajes y, a pesar de sus gestos a veces extremos, siempre ha probado una empatía absoluta por ellos. Korine no es cínico, aunque si a primer impacto podría parecerlo, y los que le acusan de astucia nunca se han dado cuenta de la grande valentía que posee, y no han entendió la sana provocación que se encuentra detrás de su discurso sobre la América. El montaje juega con pretericiones y elipses repentinas, es humoral e impredecible como las protagonistas y sigue la deriva de las atracciones eisensteinanas. La anti-narración impuesta por el realizador americano derrumba cualquier pretexto para el espectador desprevenido a un bombardeo audiovisual de esta magnitud, tan potente que se ve obligado a reducir la velocidad, a tener que encaminarse a través de los rangos del gangster movie. Que el cineasta californiano no tenga miedo de transgredir los límites del sentido común y el buen gusto se había intuido ya desde sus primeras obras ("Gummo" y la dogmática "Julien Donkey-Boy"), pero con este último trabajo Korine confirma de haber regresado a su estilo corrosivo y abrasivo, después de la melancolía simple de "Mister Lonely" (2007).  La languidez melancólica es la sensación que se respira en la película y es a través de la nostalgia ambigua por esta generación perdida que Korine hace de "Spring Breakers" una balada nihilista y desesperanzada.

La escritura arriesgada que no cae en compromisos se refleja en la fusión de formas diferentes, en el mundo en donde cada uno de los aspectos, ya sea de los acontecimientos como de los personajes, son contados y comentados a través de las imágenes sin ninguna autocensura. El final de los juegos es advertido por una baja resolución digital que derrite las formas perfectas de los alborozadas "breakers" para después ser confirmado narrativamente por el blitz policial que manda a la cárcel a las jóvenes fiesteras. Aquí sale de la penumbra Alien (un histriónico y fenomenal James Franco, con  dientes de oro y rastas), gangsta-rapper que, a la espera de tener éxito como cantante, ha probado todos los trabajos ilegales: es un traficante de drogas y vive su sueño. "Look at my sheeet! This is fuckin' American dream" exclama saltando en la cama y mostrando a sus amigas, "toda su mercancia", es decir, vestuario, coche y mansión dignas de un gran boss, dinero y armas en cantidad. Es aquí que el escapismo de la primera parte se convierte en una  inquietante metáfora sobre las implicaciones de una sociedad enferma desde la raíz, sin moral alguna, cuya ingenuidad se ha transformado en avaricia rapaz. El sueño americano ya no es siquiera el "gangsterismo" visto como núcleo subversivo respecto a la sociedad (como el de la Grande Depresión) o a un aparato contra el Estado, sino aquel despreocupado e infinito "spring break" donde se puede obtener todo sin esfuerzo ni preocupaciones:  y el mantra de las chicas capitaneadas por Alien no puede ser que "Spring break, spring break, spring break forever!".

Junto al montaje, la otra poderosa arma en la composición audiovisual es el sonoro y el soundtrack: en el primer tema se destacan las voces en off de las protagonistas que se cuentan, anuncian acciones, denuncian sentimientos personales y tergiversan sí mismas (Varias veces son filmadas mientras hablas por teléfono con los padres y el montaje desenmascara siempre sus palabras, tiernas y amorosas, mostrando las celebraciones desenfrenadas en donde se divierten y las hazañas criminales en las que participan). La banda sonora construida por el DJ Skrillex y  por Cliff Martinez tiene un pico de total compenetración en la escena en la que Alien toca al piano "Everytime" de Britney Spears, sobre el fondo de una puesta de sol de postal a orilla del océano, un videoclip verdadero, que destruye los clichés de aquello que para Korine es la "Britney Spears-Generation", ya que las imágenes montadas analógicamente con la canción cantada no tienen nada de empalagoso o meloso, son atracos a otros jóvenes en vacaciones, donde las chicas en bikini cubren su rostro con un pasamontañas de color rosa. El traje de Barbie se ha convertido en un uniforme, transformado en un status exactamente como el coche de carreras, las armas, los paquetes de cocaína: fetiches de la América de hoy en día.

"Spring Breakers" no es una película para todos, ha dividido público y crítica, y se está convirtiendo rápidamente en un cult absoluto, gracias a su maravillosa confección, que te deja literalmente pasmado. Sin lugar a dudas una de las visiones más viscerales y explosivas en lo que va de año: un asalto frontal al imaginario "candoroso" de los jóvenes americanos que quieren construir un futuro en la sociedad contemporánea (ultrajante y genial el uso de Vanessa Hudgens y Selena Gómez, niñas actrices que han construido la propia imagen en el candor de las películas y show de Casa Disney). Entre colores fluorescentes, luces dañadas de neón y puestas de sol dignas de "Miami Vice", la epopeya de una juventud que quiere vivir sin límites es la exposición del exceso y del kitsch, ya que es el único lenguaje expresivo capaz de coger una idea tan borderline y tan difícil de capturar sin que el desagrado consiga oscurecer la claridad de esta forma de pensar sobre el cine. Aplausos a Harmony Korine por haber escogido de recorrer un camino tan accidentado y por haber permanecido siempre en pie.

Valoración : 8.5/ 10


En dos palabras : Anti-narrativa, elíptica, oscura, incómoda e inquietante, "Spring Breakers" es una misa de réquiem del sueño americano en colores fluorescentes y ritmo  hip-hop. Una película que asesina brutalmente (dos veces) el sueño americano del éxito y de la pertenencia, a balazos. El último trabajo de Harmony Korine en su ser dopado y exagerado, es una reflexión lúcida y afilada sobre el horror de una realidad que se encuentra, literalmente, patas arriba.

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