diciembre 28, 2011

Película del día...

The Help - Tate Taylor , 2011

Años 60, Mississippi. Eugenia, conocida como "Skeeter" (Emma Stone) es una joven testaruda de veintidós años que regresa a casa después de haberse graduado, llevando consigo misma sus sueños como escritora y periodista. La madre, enferma de cáncer, le gustaría verla con un anillo en el dedo antes de que sea demasiado tarde, pero Skeeter no desea saber nada respecto a los hombres. Mientras tanto, alrededor de ella, sus amigas de infancia, casadas, establecidas y con niños, llevan una vida cómoda servidas y reverenciadas por un grupo de criadas de color . Skeeter, cansada de como sus amigas tratan a sus empleadas afro-americanas, decide recoger las declaraciones de todas las criadas de la ciudad para ponerlas juntas en un libro y ofrecer al mundo un nuevo punto de vista.

Auténtica sorpresa del box office veraniego estadounidense, "The Help" ha acumulado cifras récord y se dirige a grandes pasos hacia las numerosas nominaciones al Oscar. La razón es evidente después de haberla visto : la película que Tate Taylor ha basado en la novela del título homónimo de Kathryn Stockett es una rapresentación decididamente implicante y conmovedora de una época histórica que se desearía olvidar, sobre todo en los Estados Unidos.

El toque del director es de clase, especialmente eficaz en la representación de los entornos en donde se realizan las diferentes historias, grandes, amplias y luminosas para las "señoras" como estrechos, angostos y opresivos para quienes se ven obligados a servirles. El guión es un excelente ejemplo de sencillez: nada es acentuado forzadamente, y, salvo algunos pequeños tópicos y algunas pequeñas manchas retóricas, el guión es absolutamente equilibrado en el regalar momentos de comedia sana con otros, obviamente, más adecuados con la fuerza de la materia. "The Help" está enfocada también a nivel de la puesta en escena como una película deliberadamente fluida, se podría decir "clásica". La dirección de Taylor no enfatiza mínimamente los eventos, sino más bien deja que sean llevados al público por la fuerza de los personajes y por las extrordinarias interpretaciones de todo el elenco. Por lo menos en cinco escenas la fuerza del mensaje y la emoción que puede provocar el mismo consiguen indignar, conmover, sonreir o incluso hacer reír a carcajadas.

Dejo por último, pero ciertamente no por importancia, la consideración del cast, sobre el cual verdaderamente hay muy poco que decir. Este grupo de actrices ha puesto en escena una de las mayores interpretaciones colectivas de la historia del cine contemporáneo estadounidense, comparable con el All-Star de "Short Cuts", del grande Robert Altman: Si Viola Davis, especialmente por la mayor importancia de su papel en relación con sus colegas, se come literalmente a todas regalandonos una muestra de emociones de distintas variedades, no se debe subestimar el desempeño de Octavia Spencer y, de la " pérfida", Bryce Dallas Howard al borde constante de una crisi de nervios.

De disfrutar también de la hilarante Jessica Chastain, que, después de "The Tree Of Life" y "The Debt", finalmente da su primera prueba cómica en el papel de una mujer ingenua que intenta entrar en el grupo de clase de las señoras de la ciudad con resultados desastrosos. Mención de honor también a la participación de tres "señoras del cine", como Allison Janney, Sissy Spacek y Cicely Tyson, realmente impagable, en una película donde el drama y la ligereza coexisten perfectamente. El poder de este tipo de cine es tal vez el no contar algo nuevo, sino más bien realizarlo con tal precisión y riqueza de contenidos de sorprender en cada momento.
"The Help" es una película lograda porque vuelve a mostrar un momento oscuro de la historia y de la sociedad americana no muy lejano, y lo hace con la plenitud, la pasión y la lucidez narrativa. Taylor encuentra la correcta clave de lectura, aquella universal del relato edificante de un cambio que parte de un único individuo, para convertirse en un contagioso vehículo de libertad y autodeterminación.

Valoración : 7.5 /10


En dos palabras : Tate Taylor saca el máximo partido de un elenco de maravillosas e intensas actrices capaces de cautivadoras y conmovedoras performances. "The Help" es una película que habla al corazón del espectador y lo hace con una sencillez y eficacia, que debe servir de ejemplo a los que a menudo tratan, con no poca dificultad de mezclar entretenimiento y contenido. Recomendable.

diciembre 27, 2011

Película del día...

The Ides Of March - George Clooney , 2011

Los idus de marzo. Un trágico acontecimiento, uno de los más famosos de la antigua Roma. Un evento que jacta, en retrospectiva, más de un significado simbólico, y que conduce a la reflexión sobre los escollos del poder y sobre los límites de la "buena gobernanza". En un tiempo de grave crisis económica, caracterizado por un repentino colapso de los valores -una vez- comunes y por la confianza en las instituciones, el cine, más de una vez, ha hecho salir afuera una voz del coro en favor de una revisión del llamado "poder constitutivo", legislativo o administrativo. Ahora, incluso George Clooney trata de exponer su punto de vista, con un proyecto que se ha pensado durante mucho tiempo y que ha esperado el momento adecuado para convertirse en realidad: "The Ides Of March". El título se refiere precisamente a la conspiración miserable que acabó con la vida de Cayo Julio César, 15 de marzo 44 a. C.por parte de Bruto y Casio. Un título, como ya mencionado, del valor simbólico y que encuentra, en un perfecto juegos de espejos, más de una colocación dentro de la trama de la película.

Se acercan las elecciones presidenciales, y el gobernador Mike Morris (George Clooney), intachable y progresista candidato democrático, se está preparando para los actos decisivos de la despiadada campaña electoral. De su staff forman parte un hombre de gran experiencia, Paul Zara (Philip Seymour Hoffman), capaz de coordinar todo a la perfección (alejado de las intrigas y escándalos que podrían arruinarle la imagen) y un ambicioso e idealista joven organizador de la oficina de prensa Stephen Meyers (Ryan Gosling). Stephen confía en su candidato, así como confía en un cierto recorrido político e idealista. La intervención del intrigante Tom Duffy (Paul Giamatti), coordinador de la campaña del candidato de la competencia, y de la insidiosa periodista Ida Horowicz (Marisa Tomei), insidiarán, sin embargo, en el joven la duda de lo que está bien y de lo que está mal, lícito o desleal, cuando se hace política a niveles altísimos. Decisiva será la intromisión, en su vida, de una joven y bella interna, Molly (Evan Rachel Wood), que desplomará muchas de sus convicciones ...

A seis años de la espléndida "Good Night, and Good Luck", George Clooney vuelve a enfrentarse al mundo de la política, esta vez cara a cara, entrando en los meandros de los juegos de poder, de las tácticas y de las estrategias de comunicación. "The Ides Of March" es una película complementaria, pero al mismo tiempo a las antípodas respecto a "Good Night, and Good Luck" en la película de 2005 era evidente una visión más optimista y confiada hacia el futuro, impulsado por la creencia de que el apoyo de un ideal y el poder de la palabra pudieran ser una herramienta necesaria y suficiente para hacer frente a un presente contradictorio y nebuloso. En "The Ides Of March", por el contrario, a prevalecer es la desilusión, la toma de consciencia del fracaso de los ideales y de un sistema de valores obsoleto frente al pragmatismo cínico que hace girar el mundo. La película de Clooney es un acto de acusación y condena que no se limita a ser un simple e insignificante "j'accuse" de anti-política: a salir con los huesos rotos, de hecho, es una entera sociedad en donde la mezquindad y las hipócritas maquinaciones de poder no son más que un fiel reflejo.

Si "The Ides Of March" deja este efecto, es precisamente porque es cine moral, correcto y apropiado de verdad : entonces nace espontánea una atmósfera que no nos recordabamos desde hace algún tiempo : "The Ides Of March" es quizá la película más política y necesaria para los tiempos en que vivimos, y también uno de los más valientes títulos off Hollywood (la película no está producida por una Major) en los últimos años. El término "política" por fin recupera todos sus matices, los más interesante, y no se puede hacer más la vista gorda. La parábola de Stephen Myers es lo más terrible y verosímil que pueda existir hoy en día en el mundo de la política internacional. En la historia, Clooney y Heslov (guionista) nunca tiran abiertamente en el mar de la superficialidad, del sensacionalismo, escenas madres (basta observar la salida de escena de un personaje y de cómo los dos tratan "púdicamente" esta ausencia). Sin embargo, "The Ides Of March" es una película despiadada, porque tiene el rigor y la lucidez necesaria para hacer frente a un tema espinoso, que no es fácil, pero que debe ser abordado de manera crítica.

Ninguno de los personajes de la última obra de Clooney parece salvarse de una deriva moral hacia el cinismo y la indiferencia. Ciertamente no Stephen Myers, quien afirma estar dispuesto a hacer cualquier cosa, siempre y cuando se pueda creer en la causa; y que la causa esté representada por una campaña política o por la supervivencia en cambio de lealtad y de lazos de amistad, poca importancia tiene. Y lo mismo vale para el gobernador Mike Morris, la encarnación de la esperanza para el futuro, y sin embargo, jodidamente similar a aquellos políticos de las bellas palabras y de los innumerables esqueletos en el armario. Un gran valor a la película lo da el extraordinario reparto, encabezado por un monumental Ryan Gosling, que confirma, una vez más, de ser uno de los mejores actores en circulación, protagonista absoluto de la escena desde el primero hasta el último minuto, actor sagaz de la mirada irónica que logra en la empresa ardua de robar el campo al divo George Clooney que se ha tallado para sí mismo un papel menor, cínico y distante respecto a aquellos tenidos en pasado, pero con un grande potencial dramático. Apoyado por "secundarios" excepcionales : a partir de Philiph Seymour Hoffman, a Paul Giamatti; de Jeffrey Wright, a Marisa Tomei, sin olvidar una bellísima y fantástica Evan Rachel Wood, fundamental en un momento crucial de la película que marca un cambio brusco de ritmo que en un cierto punto se hace mucho más apremiante.

El mundo descrito por George Clooney en "The Ides Of March" es un microcosmos en el que la opresión y el egoísmo son las reglas básicas de la supervivencia. No hay espacio para los remordimientos o emociones: incluso en las raras ocasiones en las que se advierte su presencia son destinados a desaparecer rápidamente."The Ides Of March" es por lo tanto, la historia crepuscular sobre la contemporaneidad, donde la dignidad, la moral y la lealtad han sido redimensionadas a simples y vacías palabras y no son más valores importantes de respetar. Originalmente basada en la obra teatral "Farragut North", "The Ides Of March" trasciende las fronteras entre teatro y cine presentando, simplemente, una gran historia con grandes actores. En resumen, un notable ejemplo de buen cine.
Clooney demuestra una vez más de conocer perfectamente la gramática cinematográfica, escogiendo un registro de estilo que coincide con la linealidad inexorable de la historia. Por lo tanto, "The Ides Of March" es una película hecha de grandes interpretaciones, de ideas y temáticas actuales e interesantes, de un aproche, en esencia, inteligente al medio cinematográfico, que intriga al espectador, pero no se contenta de introducir una idea o una visión en particular. La ambigüedad profunda de sus personajes está bien confeccionada y es absolutamente funcional a la historia y el final abierto a diferentes interpretaciones es simplemente un toque de clase que enriquece la obra, que no se pierde en la recta final como por desgracia sucede a menudo a tantas películas de género.

Valoración : 8/10


En dos palabras : Ambigüedad, seducción, pérdida de valores: el juego político se confunde con los juegos de poder, las certezas se desmoronan, los amigos se convierten en enemigos. George Clooney vuelve a dirigir después de cuatro años, un drama moral acerca de la importancia de la lealtad y de los valores y sobre la facilidad de perder los mismos en el camino del compromiso. Una obra completa, inteligente, bien escrita e interpretada aún mejor. Con esta película el actor/director/guionista consigue hablar de todos y de ninguno al mismo tiempo, sin saltarse una sola entre todas las personas que nos interesan, ni siquiera nosotros mismos. Absolutamente recomendable.

diciembre 12, 2011

Película del día...

The Artist - Michel Hazanavicius , 2011

Érase una vez el cine mudo. Algo relacionado a esa época que nosotros acostumbramos definir cine de los orígines, en donde se trataba de comprender la importancia de este medio y sobre todo a que cosa podía servir. ¿Entretenimiento? ¿Ilusión?¿ Espéctaculos de saltimbancos? ¿Quién sabe lo que pasó por la cabeza de aquellas personas que durante esos primeros años tuvieron que dedicarse a algo que sin lugar a dudas era mucho más grande que ellos?...…

Érase una vez el cine en blanco y negro, y todavía persiste. A diferencia de su famoso "colega", este aún se conserva en su forma original, a menudo evocado por razones de un estilo bastante específico. Aquel blanco y negro que no sólo sobrevivió a la época clásica, sino también a los mismo colores. Porque si el sonido rompió, en algunos aspectos, el hechizo del primero, el color no ha hecho otra cosa que enriquecer el encanto de este último.Cine mudo y cine en blanco y negro, decía. Un sólido binomio, a veces casi indispensable. Contar de este medio, incluso antes de representárnoslo. Es este el reto que se ha fijado Michel Hazanavicius con "The Artist", adentrandose en ese sendero arduo, que es la reconstrucción, en este caso parcial, de un mundo que ya no existe. Un mundo que no habla, pero que dice tanto, tantísimo.

Hollywood 1927. George Valentin (Jean Dujardin) es una estrella del cine mudo en la cumbre del éxito. Querido por el público, Valentin, parece haber puesto, también, en ese indiscutible éxito sus aspiraciones de hombre, poniendo en el orgullo artístico y humano todo su dominio. Pero los años '30, y también la Gran Depresión, están por venir, así como la llegada del sonoro que encontrará a Valentín impreparado y quizás inapropiado para semejante cambio. Y cuando su vivaz expresividad de actor de cine mudo parecerá no interesar a nadie, y las casas de producciones comenzarán a cerrarle la puerta en la cara sin reservas, su orgullo unido a la depresión debido a aquella "negación" lo harán hundirse en una crisis existencial sin salida. Mientras tanto, Peppy Miller (Bérénice Bejo), una chica joven y alegre conocida por casualidad a la salida de un preestreno, parece estar a punto de emprender el vuelo. De sencilla bailarina, y sobre todo debido a la llegada del sonoro, la chica se convertirá (rápidamente) en una estrella de primer nivel, y que por un juego sádico del destino, ocupará el lugar en los corazones del público del ahora abandonado Valentin. La tempestividad amorosa, por lo tanto, es una vez más desfavorable: si al principio Valentin permanecía fascinado sólo de sí mismo sin dejarse cautivar por el encanto de una bailarina, ahora caído en desgracia - económica y humana -, su orgullo inquebrantable no puede permitir que esa misma chica lo salve de la presunta miseria que le espera.

Toda la película sigue un registro muy diferente del de su protagonista, que no es otra cosa que uno de los muchos espejos de la película. La aparición del "nuevo" experimentado como un trauma, independientemente de los resultados o de las exigencias. "La gente quiere escucharlos hablar", echa en cara el amigo y productor Al Zimmer (John Goodman) al que hasta el día antes era su gallina de los huevos de oro. "Pero yo no sé si es mi voz la que quieren escuchar", responde Valentin en manera indirecta. Este es el ejempo de cómo reconstruir, en pocas palabras, el terror de una época que se avecina. No es un pastiche de sí misma, pero son demasiado fuertes, demasiado explícitas las referencias a las famosas secuencias tomadas de "Metropolis" de Fritz Lang , o de "The Kid" de Chaplin. En "The Artist" el recordatorio es constante: "Citizen Kane" de Orson Wells (la escena del desayuno, el almacén con los muebles de George), "Sunset boulevard" de Billy Wilder (la parábola de la estrella que no renuncia, acompañado por su fiel conductor que firma también los autógrafos para él permaneciendo a su lado incluso en la desgracia ) y aunque sí el recuerdo más evidente y tal vez menos deseado es "A Star Is Born" de William Wellman y "Singin' in the Rain" de Stanley Donen. Pero también puedo mencionar Lubitsch, Murnau, las películas de King Vidor, el número de Tip Tap de una grande pareja danzante como Fred Astaire y Eleanor Powell. Sin embargo aquella retratada en la película es la Hollywood de los cambios, aquella de los años '20 y '30, por lo cual es en el cine americano de aquella época que tenemos que repescar una gran cantidad de objetos que parecían perdidos.

Esto es especialmente válido en relación con el cast. Jean Dujardin es de hecho el mejor protagonista que se podía desear. El actor encarna las cualidades de la estrella del pasado, y parece salido realmente de una película de esos años, sólo con más ironía y desencanto. Encantador, divertido, seguro de sí mismo, tratad de imaginar, especialmente hoy en día, lo que significa arrastrar al espectador sin decir una palabra. La performance de Dujardin es impresionante, y el premio al mejor actor recibido al Festival de Cannes es seguramente merecido. Junto a él, encontramos a Bèrènice Bejo ojos brillantes sonrisa desenvuelta, nacida para interpretar Peppy Miller "la chica que amaréis amar", directamente salida de uno de los cuentos más brillante de F. Scott Fitzgerald. Y son también perfectos los actores "secundarios", de John Goodman a James Cromwell. pasando por Penelope Ann Miller. A todo esto Hazanavicius agrega la hermosa música de Ludovic Bource y un concepto muy moderno de dirección: Sin hacer ningún tipo de spoiler, diré que la película no es completamente muda, y el uso que el director hace del sonoro es de una intilegencia para nada común. Aquí la dirección toca picos inimaginables, elevándose a la enésima potencia.

Y mientras soy testigo de la suerte alterna de esta pareja casi arquetípica, a partes inversas, me dejo capturare por aquellos episodios individuales, entre serio y jocoso, que fluyen inexorablemente en la pantalla. A veces uno tiene que ponerse en juego, sobre todo si uno desea osar con las interpretaciones, como cuando nos enteramos de que el estudio, eje de los hechos ocurridos, se llama Kinograph. Kynos, perro en griego. El mismo perro cuyos gestos, en un mundo donde no se habla, valen tanto como los de los protagonistas. Es él que destempla siempre la atmósfera, con esa ingenuidad que le pertenece. Ese perro que salva, literalmente, a su propio maestro, es decir Valentin, en más de una ocasión. Algo más que un coprotagonista. Para ser claro. Y, por último, pero no por importancia, encontramos esta nostálgica historia de amor de otros tiempos. Un amor discreto, limpio, serio. El amor entre un hombre y una mujer que, tal y como lo vemos, nos lo ha propuesto sólo el séptimo arte. Desprovisto de sentimentalismos de cualquier tipo, duro si es necesario. No una simple imitación, por lo tanto, no la love story de turno. Sin desproveer de ese toque de ligereza que tanto caracteriza al realizador francés.

"The Artist" puede ser paragonada a una persona anciana que, delante de un público heterogéneo, evoca recuerdos de infancia. justificada por alguna pérdida de memoria, o porque es bueno idealizar los recuerdos felices que llevamos dentro, aquello que emerge es casi siempre una historia que pocos creen ... pero que a todos gusta. Gusta por que ha envejecido junto con el que relata la historia. Involucra, por que es fermentada dentro un viejo odre, que nadie ha resquebrajado y por lo tanto ha cumplido con su deber de conservar el contenido. Y como el buen vino, algunas historias mejoran sólo con la edad. Aunque parezcan modernas.




Valoración : 8.5/10


En dos palabras : Una oda a la pureza del cine y al poder de las imágenes, este es el propósito de Michel Hazanavicius, que con "The Artist" ofrece al espectador la oportunidad de viajar a través del tiempo, casi un siglo atrás, mostrando un gran coraje en el poner en escena una película en blanco y negro, donde no se oye hablar a los actores, pero leemos sus diálogos en los cuadros de texto. En ausencia de la voz, la mirada regresa protagonista y el cine "that got small.", como decía la grandiosa Gloria Swanson, recupera las justas dimensiones. Absolutamente imperdible.

diciembre 09, 2011

Película del día...

Le Havre - Aki Kaurismäki , 2011

Un pasado de escritor encerrado en un cajón y tanta dedicación por su digno, pero poco remunerativo, trabajo de limpiabotas, Marcel Marx (André Wilms) parece haber resucitado a una vida nueva después de haber encontrado su media mitad, Arletty, mujer de la bondad inusual que parece haberlo salvado de la vida gris de clochard, y con la que Marcel comparte ahora una relación cómplice de pareja en el barrio portuario de Le Havre. La rutina de las jornadas de Marcel, todas igualmente transcurridas entre la estación de Le Havre, en busca de clientes y el famoso bar del barrio para distraerse con los amigos de siempre, sin embargo, será interrumpida cuando entrará en su vida el pequeño Idrissa, un prófugo africano que huye de la policía (encarnada por la figura esquiva de un insinuante comisario de policía interpretado por Jean-Pierre Darroussin), que desearía destinarle, junto con sus compatriotas, a los inhospitalarios centros de acogida.

Mientras tanto, Marcel descubrirá que su dulce mitad Arletty está gravemente(y tal vez irremediablemente) enferma. Esta noticia desesencadenerá en el hombre la férrea voluntad de arremangarse las mangas y de dar una contribución personal al mundo, con todos los medios a su alcance, tratará de ayudar a Idrissa a escapar de la policía para que pueda llegar a Londres, donde se encuentra su madre. Un gesto altamente simbólico y de extrema solidaridad que contribuirá a la realización de un "pequeño" milagro humano que la película intenta (y consigue) proyectar. Son pocos los directores que puede poner su firma en cada plano individual del propio trabajo, basta simplemente ver un solo fotograma de "Le Havre" para entender cómo la mano de Aki Kaurismäki sea capaz de pintar con colores pastel hasta los barrios más degradados en cada imágen. El de Kaurismäki es un cine hecho de no-lugares, sus personajes a menudo no tienen raíces y se mueven como sombras entre las calles, puertos, estaciones y lugares que no tienen memoria. Marcel Marx, junto con M ( Markku Peltola de "The Man Without A Past") es quizás el más acertado de los personajes inspirados a este modelo. Excluidos, marginados, pobres, pero con la esperanza en el corazón, así son, frecuentemente, los protagonistas del cine del maestro finlandés.

André Wilms es el pilar sobre el cual está construida la película, personaje aparentemente inescrutable, desde el principio se convierte en un padre putativo del "Chico" que no puede no traer a la mente Charlie Chaplin. Fundamental, como siempre, es la presencia a su lado de Kati Outinen, en el papel de una esposa amorosa, pero también rígida administradora de la economía doméstica. La actriz finlandesa siempre ha sido considerada como la musa inspiradora de Kaurismäki, papel que parece apreciar y saber manejar perfectamente. A través del personaje extravagante de Marcel, el director finlandés logra mostrar, por el contrario, como el mundo real puede ser a su vez puesto de cabeza, por ejemplo, en su ira contra un niño perdido (óptimo el pequeño Blondin Miguel en el desbribir con una mirada aquella profunda desorientación física y humana) e inocente con la sóla culpa de querer reunirse con la madre.

Simple hasta la ingenuidad, ya sea en la trama y en la puesta en escena, "Le Havre" es una película contagiosamente positiva que se ocupa de un tema de actualidad como la emigración, más que nunca al orden del día en la Francia sarkozyana, con ligereza pero no con superficialidad. Cada elemento en las películas de Kaurismäki, ambientes, objetos, trajes, incluso los maravillosos rostros de sus protagonistas (basta observar Jean-Pierre Darroussin en el papel de comisario Monet, o el cameo de Jean-Pierre Léaud) consiguen descontextualizar temporalmente la historia, superando con minimalismo estético la superación de las barreras temporales y transformando la narración en un mensaje de validez universal, fuera del tiempo. La fotografía de gran expresividad de Timo Salminen, el gusto surrealista y antiguo, el cuidado obsesivo por los detalles, la ironía superficial que esconde una desolación y una melancolía profunda, el cansancio de la vida, se abren dentro de una perspectiva más optimista, en la que Kaurismäki diluye su vena conmovedora y de denuncia social a la posibilidad. De la vida, de hacer el bien, de redención, de esperanza. En un mundo donde prevalece la indiferencia, saber que alguien piensa que se pueda cambiar un destino es tanto, mejor dicho tantísimo.

Y es en esta admirable capacidad de hacer desvanecer la realidad tanto de parecer irreal, sumamente ilusorio, que "Le Havre" resulta, efectivamente, una película finalizada y en algunos aspectos incluso extremadamente necesaria en su deseo de derribar la frontera entre lo que parece y lo que simplemente es, para resurgir después de todo en la esperanza de un "milagroso" cerezo en flor, último desesperado recurso a una imagen de renacimiento que da nueva vida a (nuestras) esperanzas aletargadas... Podéis llamarla cuento de hadas, si queréis, sin olvidar la estatura moral de muchos de los cuentos de hadas más conocidos, que han enriquecidos niños y adultos durante siglos. Sencillamente bellísima.

Valoración : 9/10



En dos palabras : El director finlandés Aki Kaurismäki realiza un pequeño milagro: trasladado en Francia, con un elenco de rostros conocidos del cine francés (André Wilms, Jean-Pierre Darroussin, Jean-Pierre Léaud), hilvana un cuento de hadas moderno, con un indefinido regusto retro que ayuda a colorear la miseria y la indiferencia de hoy en día. El resultado es una película "pequeña" y delicada, completamente alejada de lo que las salas de cine nos han acostumbrado, pero al mismo tiempo una película que se reconcilia con el cine y con la vida. Altamente recomendable.

diciembre 07, 2011

Película del día...

Albert Nobbs - Rodrigo García, 2011

Albert Nobbs es un mayordomo eficiente, trabaja en el lujoso Morrison's Hotel de Dublín, durante el siglo XIX. Sus días están hechos de gestos formales y compostura, clientes ricos y bulliciosos, emociones retenidas y apariencias. Sobre todo apariencias, ya que en realidad, Albert Nobbs es una mujer. Su plan es juntar todo el dinero suficiente para montar su propio negocio, una tienda de tabacos. Un día llega al hotel un pintor contratado para retocar algunas paredes del hotel, Mr. Hubert Page, y es alojado en la misma habitación junto con Albert, a pesar de que el mayordomo presta una atención escrupulosa a su comportamiento, el recién llegado no tarda en descubrir su secreto. Mr. Page promete a Nobbs que mantendrá el secreto, ya que él trae consigo mismo un misterio igualmente privado. A partir de ese momento, desde el encuentro con Mr.Page, en Nobbs empieza a abrirse una grieta en su irreprensibilidad. Conocemos de esta manera las razones de la transformación, sus sueños tiernos y visionarios. Entre estos se incluye la idea de un matrimonio. Nobbs comienza a frecuentar como todo un caballero (un pelín fuera de moda), la hermosa camarera Helen (Mia Wasikowska), pero la joven, en realidad, se siente atraída por el fascinante factótum del hotel, Joe .

Basada en la homónima novela de George Moore y deseada firmemente por Glenn Close (aquí también como productora y guionista), que ya había interpretado al personaje en una obra teatral en 1982, "Albert Nobbs" es una película realizada con ritmo lento y retenido por el director Rodrigo García, director de algunos episodios de series imperdibles como "The Sopranos", "Six Feet Under" y de películas del sabor profundamente femenino: "Nines Lives" y "Mother And Child". El cuadro de la sociedad irlandesa del siglo XIX que surge es desolador e inquietante, capaz de aplastar al individuo, incluso en su más profunda intimidad, pero es de una condición humana más general, claramente, de la que nos están hablando los autores: una condición en la que las personas se ven obligadas a ocultar su verdadera naturaleza con el fin de construir una imagen social aceptable (principalmente las mujeres, obviamente, pero a la vez todos los personajes están comprometidos a construir una apariencia "decente", aunque sólo para ocultar sus amores y sus ambiciones).  Spoiler- La protagonista es, evidentemente, el ejemplo más extremo: una mujer que después de una terrible violencia a temprana edad decide cancelar su sexualidad, y por lo tanto su identidad, convirtiéndose en lo que otros se esperan que sea, en este caso un buen mayordomo, y alcanzando un nivel alto de soledad y desconexión con la realidad y consigo misma de no poder entender la verdadera naturaleza de las relaciones humanas, interpretadas de una manera que podría ser llamada mecanicista. Fin spoiler.

Albert Nobbs es un personaje profundamente sugestivo gracias a la, será banal decirlo pero es absolutamente cierto, excelente interpretación de Glenn Close. Con una actitud que se convierte en personalidad audaz, tímido cuando se trata de expresar sus sentimientos, Albert Nobbs representa la realidad en el cine, el pequeño héroe trágico de la actriz estadounidense. Convincente (impresionante el trabajo de la voz), intensa, irónica, conmovedora, capaz de llevar al espectador exactamente donde quiere o donde el guión fallído (desafortunadamente) lo pide. Junto a ella un grupo de actores bien avenido, donde se destacan, una decidida y sencillamente brillante Janet McTeer, un refinado Brendan Gleeson y la estrella cada vez más consolidada Mia Wasikowska. El único en no convencer del todo es Aaron Johnson en el papel de Joe. Mientras se trata de contar la dramática historia de una mujer forzada a hacerse pasar por hombre para sobrevivir, "Albert Nobbs" funciona. Sin embargo, cuando el guión cambia dirección y comienza a poner en escena los planes de la protagonista para construirse un futuro mejor, los mecanismos narrativos se atascan y la narración se vuelve menos creíble. La obstinación con la cual Nobbs, por ejemplo, decide casarse con la dulce y desdichada camarera, no tiene una justificación lógica suficientemente fuerte para convencer a los espectadores. La película resulta visionable debido (sobre todo) a la grande prueba de los actores, pero en la segunda mitad, la película se derrumba y se vuelve mucho menos cautivadora respecto a la primera.

Precisa en la puesta en escena, la película de Rodrigo García resulta fundamentalmente incompleta debido principalmente a un guión que, basandose en un tema difícil de estructurar, no consigue equilibrar todas las historias y situaciones complicadas de manejar. La dirección de García, en sí misma es demasiado condescendiente con la historia, y en algunas partes se flexiona demasiado hacia el melodrama, que ocupa mucho espacio en comparación con el drama. Le niega, de esta manera, aquella expresividad que la habría convertido en una obra inolvidable. El tormento, entre las obsesiones y las emociones, en la vida cerrada y temorosa de Nobbs, sólo puede ser capturado observando la performance de una grande actriz como Glenn Close.


 

En dos palabras : El director colombiano traduce para la gran pantalla el script de George Moore, poniendo énfasis a los disfraces, a la búsqueda de la identidad personal y de los sentimientos que se encuentran en conflicto en el corazón de la protagonista. El resultado final rinde mérito sobre tod al extraordinario talento de dos grandísimas actrices como Glenn Close y Janet McTeer, y no a una película que no funciona por sí misma, refinada y elegante en la reconstrucción de aquella época, pero también extremamente contenida y en algunos puntos un poco aburrida.

diciembre 03, 2011

Película del día...

The Descendants - Alexander Payne , 2011

A siete años de "Sideways", Alexander Payne regresa a la dirección con "The Descendants", una comedia agridulce, un estilo al cual nos ha acostumbrado desde sus inicios, basada en la homónima novela de Kaui Hart Hemmings. El protagonista Matt King (George Clooney) vive en una de las pintorescas islas de Hawai, pero, a través de la voz en off, nos dice desde el principio que la vida en lo que es considerado por muchos un paraíso terrestre no es tan diferente respecto a otras partes del mundo, todos tienen problemas y obstáculos que afrontar.

La esposa de Matt se encuentra en coma tras sufrir un accidente en barco. La pareja estaba en una fase delicada de la relación antes del accidente; problemas matrimoniales que estaban socavando el matrimonio. La inminente posibilidad de que la mujer no puede salir del coma dejaría a Matt sólo con la responsabilidad de criar a sus dos hijas, la adolescente Alexandra (Shailene Woodley) y la más pequeña Scottie (Amara Miller), con las que no tiene una relación idílica. Justamente cuando la dramática situación empuja al hombre a un examen de conciencia (Matt promete a sí mismo de ser un mejor padre y esposo cuando su mujer se despierte), se descubre que su esposa lo ha traicionado con otro hombre. Matt decide, por consiguiente, embarcarse en un viaje junto a sus hijas, en busca del amante y "rival".

"The Descendants" es una película agradable que alterna momentos conmovedores y otros divertidos. Es una película sobre el perdón hacia los demás (la traición) y hacia uno mismos (la ausencia en la vida de los seres queridos) con el objetivo final de no vivir con remordimientos. A Payne interesa especialmente explorar y profundizar el carácter de los personajes, y lo hace dilatando los tiempos de la historia. Resulta evidente que no es su mejor película, francamente me esperaba algo más de ella, tal vez falla en el guión que tiene como "base" una bella historia, emocionante y vital, sin embargo, plagada de diálogos un poco demasiado simples (para uno como Payne). Esto no quita la habilidad y la sensibilidad de su último trabajo, realizado sobre personas comunes que en la dificultad pierden por completo sus seguridades, pero se esfuerzan por encontrar un nuevo equilibrio. Un trabajo similar en la esencia a sus trabajos anteriores, pero construido sobre bases menos sólidas de aquellas encontradas en el pasado.

El título se refiere al status familiar de Matt King: que es en realidad un lejano descendiente de la realeza hawaiana y su familia ha sido propietaria por generaciones de una enorme playa tropical. La película tiene, en efecto, por hilo conductor la importante decisión que el hombre deberá tomar, junto con sus familiares, acerca de la venta pendiente de aquel inestimable patrimonio. Esta característica permitirá nada menos que giros surrealistas y producirá cuadros grotescos, con amigos/conocidos/parientes perennemente interesados en sonsocar, lo antes posible, sus intenciones al respecto y poniendo Matt (embelesado por otro tipo de pensamientos ) en una incomodidad constante. El director, además, recurre a su consagrada marca de fábrica para contar la historia "on the road", sucedía en "About Schmidt" y en "Sideways", en este caso (como en los precedentes) el protagonista se embarca en un viaje que resulta ser catártico.

Es durante el viaje que la relación entre padre e hijas se recupera, que las decisiones más importantes se toman y donde se produce el crecimiento interior de los personajes. George Clooney realiza un óptimo trabajo, interpretando a un hombre que piensa de tener bajo control cada aspecto de su vida, pero que en realidad no posee el control de nada. No es la mejor interpretación de su carrera (como tantos han dicho), el Ryan Bingham de "Up In The Air" permanece insuperable, pero es innegable la dedicación y la entrega total hacia el personaje. A destacar sobre los demás, increíblemente, es la joven Shailene Woodley, que sabe como encontrar el equilibrio adecuado entre la ira juvenil, el dolor, el sufrimiento y la complicidad, una amplia gama de emociones expresadas con una facilidad inusual. Realizando un trabajo admirable.
A menudo, la ironía, el sarcasmo y las situaciones absurdas llegan precisamente en momentos en que el espíritu humano es más susceptible al dolor. "The descendants" probablemente no tiene la misma originalidad de la mencionada "Sideways" o de su predecesora "About Schmidt", pero sin duda alguna encierra sabiamente los elementos ya apreciados del cine de Alexander Payne, escogiendo un marco no tan liviano y sobre todo más dramático de lo habitual.

Valoración : 7/10

 

En dos palabras : Alexander Payne construye "The Descendants" de acuerdo a su estilo de dirección lineal, nunca ostentoso, que encuadra rostros y ambientes dejando que sean ellos a crear la esencia de la película. El resultado es una comedia conmovedora, un poco fuera de tono, hábil en excavar dentro de figuras que se diferencian bastante poco de nosotros, y que confirma plenamente la fuerza de Payne, en el hacer interesante la vida interior de los personajes con los que podemos identificarnos en su ser ordinarios, o mejor dicho humanos. Recomendable.

diciembre 02, 2011

Película del día...

A Separation - Asghar Farhadi , 2011

Desde el Oso de Plata al mejor director en 2009 por "About Elly", y el Oso de Oro en 2011 por "Nader and Simin, A Separation", Asghar Farhadi parece dar una voz cada vez más fuerte a su idea de Irán (hoy en día), y a su vez, transmite su manera de hacer cine, realizando un recorrido selectivamente realista, que evita intelectualismos abstractos o arabescos narrativos. A pesar de ser su quinto largometraje, Farhadi lo he conocido y apreciado sólo en 2009, a orillas del Mar Caspio en donde flotaban las tensiones y los temores de un "Big Chill" todo iraniano.
Hoy, a dos años de distancia, lo encontramos nuevamente sobre la orilla de otro mar, también bastante turbulento, es decir el de las incomprensiones y tensiones familiares, agravado por las diferencias sociales, por las condiciones económicas, por las creencias religiosas y por el instinto de preservar a sí mismos y a la propia familia. Y es en aquel mar de inseguridades, que Farhadi parece decirnos, que hoy en día se va a tientas cada vez más penosamente, tratando de evitar ser abrumados por ese mar que ola tras ola casi siempre nos empuja a la deriva.

Nader y Simin son una pareja de jóvenes padres con una hija adolescente. Sin embargo, entre ellos, algo va mal. Ella, Simin, desearía aprovechar del visado que ha obtenido recientemente para poder salir de la opresiva Irán y trasladarse a otro país, que pueda garantizar una mejor calidad de vida para ella y para su hija Termeh. Pero Nader no quiere saber del asunto. Siente que tiene que quedarse a cuidar de su padre, anciano y extenuado por una enfermedad degenerativa como el Alzheimer. De esta manera, la unión de intentos se derrumba y cada uno tiene la intención y determinación de seguir su propio camino. Simin se traslada temporalmente a la casa de sus padres, mientras Nader y Termeh (no se atreven a dejar a su padre y abuelo) permanecen en el hogar conyugal. Mientras tanto, Nader contrata una mujer (Razieh) que pueda hacerse cargo de su padre y asistir a algunas de las tareas del hogar mientras él está en el trabajo. Pero la mujer, devota religiosa, está embarazada y, además, trabaja sin el consentimiento del marido, un desempleado lleno de deudas que pierde la cabeza cada vez que algo va en contra de sus expectativas.

Un día, después de un descuido de Razieh en su tarea de cuidar al anciano; nacerá un altercado con Nader que llevará, inmediatamente, a graves consecuencias. De este incidente surgirán tantos malentendidos entre las dos parejas y en el ámbito de las mismas, y cada uno de los protagonistas se quedará aferrádo a su punto de vista aumentando enormemente la "separación" ya existente... Muchas (y todas candentes) son las cuestiones que trata Farhadi con esta separación física y espiritual con la que todos sus protagonistas tendrán que hacer frente. Abandonar o no el barco que se hunde (en este caso Irán, oprimido por el régimen teocrático, pero también la familia y sus problemas, el aprovechamiento del diktat religioso), cuidar de un padre cada vez menos independiente y más difícil de manejar, educar a los propios hijos en nombre de la honestidad moral e intelectual permaneciendo portadores sanos de aquella verdad tan fomentada a los mismos.

Farhadi penetra en el ojo de su cámara a través de las grietas de una lucha social que es la misma lucha por la vida, centrándose en los rostros perturbados y sufridos de familias que se desmoronan bajo el peso de responsabilidades que son difíciles o imposibles de manejar. Todo fluye en un frenesí emocional que invade en la desesperación más oscura, aquella de una inocencia presunta ("yo no soy un ladrona" , frase repetida obsesivamente) con el fin de preservar el remanente de libertad de sí mismo (sobre todo en Irán) severamente limitado y limitante. Y si los hombres son impulsivos, y a menudo irracionales, son las mujeres a verse obligadas a recoger los pedazos de la historia, a cargar el peso de la responsabilidad, a demostrarse conciliadoras cuando la no conciliación es sinónimo de deflagración. Atropelladas por un rol moderador cada vez más elevado y complejo, son las mujeres a resolver, tanto es así que incluso las más pequeñas (un poco más que niñas) son maduras y sensatas más que los adultos y absorven como esponjas aquellas normas indispendables para hacer frente a la desequilibrada realidad en la que viven.

"Nader and Simin, A Separation" es una película bastante lograda, sobre todo por esa tensión creciente de thriller que permanece portadora de una vibrante humanidad, en donde a las separaciones fisiológicas del hombre y de nuestra sociedad se contraopone la fuerza de los "afectos", metafóricamente simbolizado por la devastación con la cual Termeh encontrará en la complicidad con su padre, la primera gran desorientación a sus principios y su idea de un mundo bueno y justo, siempre respetuoso de las reglas. Óptimos los actores adultos, pero aún más las dos niñas actrices, tan reales en filtrar toda la delicadeza y el sufrimiento de sus padres a través de sus maravillosos ojos jóvenes, ya testigos del conflictual mundo de los adultos y por lo tanto desprovistos de aquella alegría que debería pertenecer a su corta edad. El crescendo emocional oculto detrás de las rostros tensos de los adultos y de las miradas sufridas de las niñas que se encuentran enfrentadas entre el amor de los padres y entre el sentido de la verdad, encerrando, escena tras escena, al espectador en un doloroso viaje en las dificultades humanas, admirablemente simbolizado en la imagen de dos personas unidas un tiempo y ahora tristemente separadas por un cristal de incomprensión.



En dos palabras : Tras el éxito de "About Elly", Asghar Farhadi realiza una película extremamente específica (sobre un país dividido a la mitad, a merced de sí mismo y en la búsqueda desesperada de la normalidad), pero también terriblemente universal, comprensible a todos, sobre cuatro personas que asisten a la implacable combustión del propio mundo y que luchan contra ella arrojando dentro sus propios valores con tal de salir ilesos. Una grandísima prueba de autor que consagra definitivamente el nombre de Farhadi en el panorama cinematográfico internacional. Absolutamente recomendable.

noviembre 29, 2011

Película del día...

La Guerre Est Déclarée (Declaration Of War) - Valérie Donzelli , 2011

"¿Cómo te llamas?"
"Romeo"
"¿Estás bromeando?"
"No, ¿Por qué?"
"Porque yo me llamo Juliette"
"Estamos condenados a un destino trágico"

Romeo y Juliette se conocen en una fiesta, se aman, son felices, tienen un hijo, Adam. Pero algo anda mal. El niño se comporta de una manera extraña, siempre llora, vomita de repente y no mueve un lado de la cara. Poco a poco emergen los síntomas de un gravísimo tumor cerebral al pequeño, que enpujará a Romeo y Juliette a afrontar una guerra personal contra la enfermedad, para la supervivencia del pequeño Adam y para transformar la incumbencia de la muerte en un himno a la vida.

Película que representará a Francia en los próximos Oscar, "La Guerre Est Dèclarée" es ligera y pesada al mismo tiempo, como la vida. Lúcida y precisa en el contar la enfermedad y la hospitalización, los miedos, las dudas, las reacciones y las emociones, con hechos, situaciones, lugares, diálogos y personajes absolutamente vivos, sentidos y reales, porque la historia narrada es aquella verdadera de la realizadora ( también protagonista) y del actor Jérémie Elkaïm (que interpreta a Romeo). De hecho, la película está dedicada a su hijo Gabriel, y a  los médicos, enfermeras y hospitales públicos, motivo que eleva aquello que visionamos a un emblema de una lucha más general.


Pero es su historia privada a interesar, conmover y hacer sonreír en los 100 minutos de metraje, es una película que corre como un tren, llevada a cabo con claridad, mano firme y un ritmo cerrado gracias a una mezcla perfecta de guión, dirección y montaje desencadenados, sincopados y marcados por una banda sonora acertadísima. La película se pone en marcha por si sola, con una estratagema sonora maravillosa, que desde los sonidos repetitivos de la resonancia magnética a la cual es sometido el niño nace en la mente de la madre el recuerdo de la música electrónica de la fiesta en donde conoció Romeo. Todo esto contrapuntado por las voces en off que intervienen de vez en cuando para dar un tono de fábula a la narración, trayendo a la mente el célebre inicio de "Jules et Jim", de Truffaut.

También cabe destacar la belleza de las imágenes y las infinitas posibilidades que una cámara digital como la Canon 5D puede ofrecer. Sébastien Buchmann, director experto de la fotografía, ha sido capaz de dar a la película una gama de colores y una luminosidad que no tiene nada que envidiar a las películas rodadas "tradicionalmente". Los diálogos nunca son banales, ni excesivos, y frecuentemente sorprendentes en el realismo que logran infundir a los pesamientos (a menudo) abstractos de sus protagonistas. Todo esto unido a la habilidad de los actores (incluyendo al pequeño Gabriel, que interpreta Adam a ocho años) hacen de esta "pequeña" joya una de las producciones más bellas e importantes del año.


La estructura es del melodrama, en el que los acontecimientos precipitan cada vez más, pero sostenida por los tonos que alternan el drama a la comedia, con puntos de delicada fantasía surrealista, necesaria para evitar de ser abrumados por la ansiedad. Y cuando Romeo plantea a Juliette la pregunta que todo el mundo se ve obligado a hacer cuando se encuentra frente a una enfermedad y /o sufrimiento "¿Por qué a nosotros, por qué Adam?", ella responde simplemente: "Porque podemos superarlo". Una frase hermosa, pero también un poco extraña, que no da rienda suelta a los sentimientos de culpa y a la necesidad de explicaciones que todo enfermo / padre posee en su interior. Pero también es quizás la única respuesta posible, aquella que te permite de no poner tus razones conflictivas en cuestión, y no deja otra opción sino aquella de seguir adelante.

Porque lo que no mata, fortalece. Porque frente a las mayores dificultades y en primer lugar frente al sufrimiento y a la posible muerte de un hijo, los seres humanos son capaces de sacar de lo más profundo del alma una fuerza y una energía impensable. Pero el precio a pagar es alto, como en toda guerra: debemos luchar por nosotros mismos, por que la lucha contra la enfermedad termina por monopolizar toda la existencia de aquellos que combaten, poniendo a dura prueba el equilibrio de pareja, de los vínculos familiares y de las amistades...


Psicodélica, visceral, sugestiva y conmovedora hasta las lágrimas, "La Guerre Est Déclarée" es una película maravilllosa que no apunta al pietismo, al contrario, es suavizada por dulces y poéticas incrustaciones musicales que intensifican y amplifican los sentimientos de los dos protagonistas, haciendolos casi irreales, actuando como un poderoso elemento de ruptura de la tensión. Se termina emocionalmente destruidos, es lógico que sea así, pero también muy contentos con la renovada perspicacia del valor exorcizante del cine. Vive la France!



Valoración : 9/10

 
En dos palabras : Perfectamente equilibrada entre drama y comedia, la película afronta de manera insólita e implicante un argumento triste y doloroso que la realizadora francés convierte en una especie de película de aventuras, llena de acción, de colores, de ternura y de vida, pero sobre todo de amor, el núcleo alrededor del cual gira toda la historia. Amor, amor y más amor. "La Guerre Est Déclarée" es una película de visionar absolutamente y de disfrutar plenamente, para purificar un poco el alma endurecida debido a las diversas futilidades cotidianas. Espléndida.

noviembre 27, 2011

Película del día...

Moneyball - Bennett Miller , 2011

Es el 2001. Los Oakland Athletics, equipo medio de baseball, acaba de concluir un exitoso año, perdiendo sin embargo el último partido. No pudiendo pagar los grandes presupuestos, la dirección se ve obligada a vender los tres mejores jugadores del equipo, poniendo al equipo sobre un camino difícil. Sin dinero y sin poder comprar campeones emergentes, le toca al General Manager Billy Bean (Brad Pitt) remangarse las mangas para construir un sólido grupo de jugadores de asignar al entrenador Art Howe (Philip Seymour Hoffman). Cuando Billy se encuentra con Peter Brand (Jonah Hill), un joven estudiante graduado en economía, que ve el campeonato de baseball sólo como un gran número de cifras y estadísticas que merecen ser ser analizadas, se siente fascinado por su teoría según la cual, en vez de nombres rimbombantes, para ganar bastan jugadores que hagan puntos. Billy, de esta manera, arma un equipo de promesas fallidas, de "hermanos de" y de descartes, contra la opinión de todos.

Las películas sobre el deporte siempre corren algún riesgo. Raramente centran el objetivo, y si lo hacen pocas veces son excepcionales, pero al menos ofrecen a sus interpretes la oportunidad de mostrar todo su talento. Sandra Bullock debe su Oscar (impensable hace algunos años) a una modesta película sobre fútbol americano llamada "The Blinde Side", ​​e incluso Brad Pitt está en el el camino correcto gracias a una película, que sin él como protagonista, quizá no tendría el mismo impacto. El actor nos regala una extraordinaria prueba interpretativa dando vida a Billy Beane. Un hombre silencioso, acostumbrado a llenar de decepciones la propia vida: una prometedora carrera de bateador acabada, un matrimonio quebrado y una hija que ve de vez en cuando.

Si Jerry Maguire era un agente deportivo que "odiaba su posición en el mundo", Beane odia a su mundo y desea darle la vuelta de arriba a abajo. Lo hace poco a poco, a partir de una silla estrellada contra la pared en un último estallido de ira. Los tonos de la película son siempre serios, y el drama americano, capaz de atropellar emocionalmente a quién está observando, se esconde detrás de un estilo documental y tiene el coraje de mostrar un gustillo amargo deliciosamente apreciable. Porque Bean su victoria personal nunca la disfrutará completamente. Él es un verdadero romántico, y como dice en la película: "cuando se tiene que ver con el baseball, es imposible no serlo". Y si la interpretación de Brad Pitt por sí sola vale el precio de la entrada, el personaje de Jonah Hill, interpretado con mucha madurez, es simplemente fantástico; el humorismo que refleja en una mirada astuta y en un físico masivo son el contrapunto perfecto para el hipervitaminizado Pitt, juntos se potencian mutuamente, dando vida a duetos verbales que son, sin lugar a dudas, la parte más lograda de toda la película. Lo mismo no se puede decir de Philip Seymour Hoffman, que tal vez merecía más espacio. Decididamente infrautilizado y malgastado, casi invisible (su participación es, probablemente, sólo un agradecimiento al director Bennett Miller, que le ha regalado el Oscar por Truman Capote hace algunos años).

La historia de la hazaña deportiva de un equipo de baseball se convierte en el pretexto para poner en escena la humanidad herida, que persigue la victoria, esperando (im) pacientemente que llegue de una vez por todas y que si es posible también llegue a sus "absurdas" condiciones. Miller relata todo este magma de sentimientos con una sequedad inusual para las películas de temática deportiva, en las que estamos acostumbrados ver al ganador del momento imponerse sobre el clásico rival, en un catártico triunfo final de buenos sentimientos, aquí hace falta la deflagración, el canónico final feliz (que la historia verdadera en realidad no nos ha regalado). "Moneyball", se las arregla para dejar pegados a la pantalla todos los espectadores durante130 minutos, incluso aquellos que no entienden nada de baseball (quien escribe admite su completa ignorancia sobre el tema). Basta citar la escena del último día de mercado, con Pitt y Hill haciendo malabares entre varias llamadas telefónicas con otros equipos adversarios para apoderarse de los últimos jugadores disponibles. Es de reconocer, absolutamente, la grande habilidad de Steven Zaillian y Aaron Sorkin, en la construcción de los diálogos maravillosamente realistas, cinematográficos y sumamente divertidos.

Principalmente Aaron Sorkin que va más allá, porque a parte de escribir nuevamente un brillante guión, y esto es evidente, el guionista estadounidense consigue manifestar entre una estadística, una jugada y una pelea toda la humanidad de su protagonista. Un hombre que realiza una parábola propia, en un desafío "imposible" contra todo y todos, contra un sistema rígido y obtuso que no ve más allá de sus propios criterios. Todo dentro de una visión "romántica" del baseball. Y tal vez incluso de la vida misma, como lo demuestra el final, didascalias incluidas... La película no conoce puntos fijos, a menudo se tiene la sensación de que es suficiente inclinar diferentemente la mirada, o soplar sobre la superficie de la imagen, para cambiar la gradación de color, y ver la certeza calar en la duda, o el énfasis retórico girar hacia el gustode  la parodia. Bennett Miller nos regala un refinado ejercicio direccional, que reproduce, con grande sensibilidad psicológica, la vacilación que caracterizan nuestras relaciones con todo aquello que no sabemos decidir si es verdadero, correcto e importante, y, sobre todo, en qué medida debe ser parte de nuestra alma y de nuestra vida.

Valoración : 8/10


En dos palabras : "Moneyball" es una película sólida, que evita el riesgo mayor de las películas de deportes, el de ser sectario, y da la bienvenida a las posibilidades del género, hablar de deporte para hablar principalmente de otra cosa, tratando también de apuntar un poco más alto, a la posibilidad de cambio y a la importancia de la apertura mental en un sector tan cerrado como este. Favorecida por un ritmo rápido, un dúo de actores extremadamente convincente y sobre todo por el excelente guión de Aaroon Sorkin & co., que después de "The Social Network" realiza una vez más un pequeño milagro. Absolutamente recomendable.

noviembre 25, 2011

Película del día...

The Secret World Of Arrietty - Hiromasa Yonebayashi, 2010

Antes de que la tecnología invadiera el mundo del cine, la animación parecía la única forma de construir mundos llenos de fantasía y escenarios de ensueño, capaz de transmitir emociones contando historias totalmente fuera de la realidad. Los años han pasado y ahora todo lo que es imaginable es absolutamente realizable, pero la animación sigue siendo un género aparte, rico de un encanto propio sumamenente característico. Será por la manera de trabajar de sus autores, por el impacto visual un poco más suavizado a la realidad o por aquel vínculo con la infancia que cada uno de nosostros sigue salvaguardando, algunas historias parecen obtener un mayor valor si son narradas de esta manera. Maestros en este lenguaje poético, hecho de trazos finos y pinceladas en movimiento, son los animadores del célebre Studio Ghibli. Los personajes nacidos dentro de las paredes del estudio japonés son iconos de culto para muchos aficionados: compañeros de viaje tiernos y diligentes que con sus aventuras se proponen de encantar y de educar a los espectadores.

Para su debut en la dirección el japonés Hiromasa Yonebayashi, después de un largo aprendizaje en el Studio Ghibli, bajo el auspicio del maestro Hayao Miyazaki, elige de adaptar el famoso "The Borrowers" de Mary Norton. Inútil decir que Yonebayashi ha indudablemente absorbido, gracias a una especie de ósmosis artística y un notable talento y sensibilidad, el toque fabulístico del mentor Miyazaki, que para la ópera prima de su pupilo se ha encargado personalmente de adaptar el guión que mantiene el estilo inconfundible que ha hecho del Studio Ghibli una garantía. La historia es aquella de Sho, un niño que padece una grave enfermedad de corazón y transcurre el verano en casa de su abuela, a la espera de una operación que podría salvarle o condenarle. Pronto descubre que debajo la casa campestre, en una pequeña casa, vive una familia de gente pequeña:  padre, madre e hija. Los tres forman parte de la estirpe de los "Borrowers", es decir aquellos que piden prestado; estas criaturitas se apropian de algunos objetos pequeños de la casa de los humanos, durante la noche. Existe sólo una regla: no ser descubiertos. Y cuando Sho se hace amigo de  Arrietty,, sus padres deciden que es hora de un cambiamento, marcharse lo antes posible...


La vida de la pequeña familia que vive debajo el piso de la casa es contada con una exquisita minuciosidad de detalles, haciendo pausa en la narración, exactamente en la manera de interactuar de la pequeña protagonista con el mundo a su alrededor, tan inmensamente nuevo para ella. Es a través de sus ojos brillantes, grandes y llenos de luz, que podemos ver el jardín vibrar de colores y conocer a los seres humanos, tan diferentes entre ellos en las actitudes, como en los colores. Arrietty se convierte en el termómetro emocional de toda la historia, que alcanza su pico máximo de emoción cuando su amistad con el joven Sho pone (inconscientemente) en peligro su propia existencia. A incrementar esta sensación de encontrarse en un mundo paralelo, tan semejante como el mundo moderno, contribuye la banda sonora, a cargo de la cantante y músico bretón Cécile Corbel que ha interpretado el tema principal de la película en japonés, inglés y francés. El concepto evidente de Miyazaki, en contraste con el consumismo desenfrenado, es propio esto: una convivencia posible entre las personas que se prestan las cosas, pudiendo también cambiar creativamente el uso. Con la amistad entre la pequeña Arrietty y Sho, se desea promover la idea de una posible convivencia entre las personas que respetan la diversidad de los demás, una oleada de optimismo en un momento como este, cargado de tensiones sociales que a menudo llevan a la falta de comunicación. Como es habitual el Studio Ghibli propone películas que van más allá de las imágenes, tocando el corazón y estimulando la reflexión.

El desarrollo recuerdo el de "My Neighbor Totoro", una de las obra maestras de Miyazaki (Totoro de hecho se ha convertido en el símbolo del estudio). Yonebayashi mantiene el sentido de descubrimiento de un mundo fantástico que se creía inexistente o extinguido, bastan sólo algunos pocos toques de dirección y líneas cortas de diálogo para calentar el corazón. Es evidente que, si "Totoro" es el punto de referencia, está bastante lejos de ser alcanzado. Sin embargo, los espléndidos diseños, los colores, y las animaciones son suficientes para conquistar y mantener pegados a la silla grandes y pequeños. Ghibli y Miyazaki, por lo tanto, no traicionan una vez más, demostrando que, en la era digital, la tradición puede dar, todavía, tantísimo.

Valoración : 7.5 / 10


En dos palabras : "The Secret World of Arrietty " es una película que encaja perfectamente en la tradición de películas del Studio Ghibli, acentuando los rasgos tradicionales. A través de una historia tierna y conmovedora, que relata a los espectadores (sin importar la edad que tengan), algo más profundo y social, y no por esto aburrirlos con la idea de estar frente a algo puramente educativo. Los colores, la música y los movimientos se mezclan a la perfección, creando un espectáculo agradable a múltiples niveles y del cual es imposible no enamorarse.

noviembre 21, 2011

Película del día...

Midnight In Paris - Woody Allen , 2011

Woody Allen está envejeciendo, y lo sabe. Como todos los grandes autores y directores que se respeten, es inevitable que en algún momento el deseo de llegar a una conclusión de una larga y agotadora existencia se convierta en una necesidad prácticamente necesaria. Y en este sentido, Allen ha comenzado desde hace tiempo un viaje suyo personal, como lo demuestra en "You Will Meet A Tall Dark Stranger" por ejemplo, que afrontaba en el tema principal la posibilidad de poder vivir una vida de constante serenidad proponiendo como solución final un remedio cuestionable y subjetivo.

Son ​​los pensamientos y las teorías de un hombre, consciente de estar cerca del ocaso y que no por coincidencia en los últimos años ha aumentado la voluntad de viajar, separándose regularmente de la adorada New York y yendo a tocar muchos de los destinos más importantes de Europa. Así que, después del largo paréntesis londinense y el breve paseo por Barcelona, ​​ahora llega el momento de aterrizar en París. Para un amante de la magia, no podía haber lugar mejor para ambientar una historia mágica y romántica como la de "Midnight in Paris" y en este sentido la película, además de ser un homenaje explícito a la ciudad romántica por excelencia, parece ser principalmente un verdadero y propio homenaje que el director neoyorquino ha querido hacer a sí mismo.

Y entonces no es por casualidad si la parte más fantástica e implicante de la historia sólo puede desarrollarse en el medio de la noche, único momento en donde Gil (Owen Wilson), un ex guionista de Hollywood en busca de inspiración para su primera novela, tiene la oportunidad (encontrandose en una determinada calle de París y en un punto preciso cada noche a medianoche exacta) de subir en un antiguo peugeot, que regularmente lo llevará al pasado, exactamente a los maravillosos años 20. Todas las películas de Woody Allen esconden referencias culturales, perceptibles sólo después de una escrupulosa visión, en esta ocasión el director decide de hacerlas evidentes al espectador, creando una historia basada en parte en la investigación histórica de la vida parisina de los años 20, mostrandonos de las reelaboraciones bastante caricaturescas e irónicas de algunos maestros de la escritura y de la pintura del pasado.

Gil se encuentra, de esta manera, a dialogar con estos grandes artistas, residentes en París: Scott y Zelda Fitzgerald, que expresan sus problemas conyugales, Ernest Hemingway, que ofrece a Gil algunos consejos sobre el tema de la escritura, tales como el concederse tiempo para escribir, independientemente de su estado sentimental, Pablo Picasso, a cuya vida privada precede el interés por sus obras, Salvador Dalí, quien no se sorprende cuando Gil le confiesa que viene del futuro, Gertrude Stein, mujer respetable, con un grande ojo artístico, Luis Buñuel, al que Gil sugiere la trama del "El ángel Exterminador", Toulouse-Lautrec, ocupado en retratar a sus famosas bailarinas del Moulin Rouge.

Un componente interesante, afrontado en casi todas las películas de Woody Allen, es la futilidad y la intangibilidad del amor, esta temática ha sido desarrollada en las películas de los años setenta, como la célebre "Annie Hall", y tomada recientemente, por ejemplo en "Whatever Works". El protagonista de "Midnight in Paris" se debate entre el amor por su novia y por el de la fascinante Adriana, conocida en el salto en el pasado e interpretada por una espléndida Marion Cotillard. Inez (Rachel McAdams), la novia de Gil, pertenece a una clase social alta, actualmente utilizada a menudo en las películas de Woody Allen : Los protagonistas de "Match Point" y "Scoop", preferiblemente que las dos turistas de "Vicky Cristina Barcelona", son ricos aristócratas, a quienes les gusta disfrutar del lujo y la opulencia.

La identificación de Allen con los principales personajes de sus películas es una búsqueda que últimamente siempre debe ser realizada y que a menudo puede resultar involuntaria. Después de haber abandonado la escena hace algunos años, queda claro que la única manera de mantenerse en contacto con sus historias, Woody Allen la ha encontrado transfiriendo su personalidad al interior de los personajes. Por lo tanto, como lo fue para Larry David en "Whatever Works" esta vez le toca a Owen Wilson hacer de espejo. El actor, por muchos de los rasgos caracteriales de su personaje, encarna a la perfección la viva imagen de su director. La figura de Gil hombre, en todas sus facetas (convencido de vivir en una época a él distante, siempre en busca de un cambio radical, lleno de inseguridades, aparentemente superficial, con tendencia a caer en el enamoramiento, romántico, irónico y por último guionista apreciado, pero cansado ​​de la política Hollywoodiana), es una carga completa de todas las referencias que pueden referirse a una sóla y única persona.

En una traducción típica de la obras de Allen, las dimensiones del sueño y de la vida terminan por confundirse entre ellas, pero no confunden al espectador en lo absoluto, tan grande es la capacidad del director de transbordarnos, sin extraviarnos, de una a la otra orilla del cine. Con extrema naturaleza, como en "Zelig", la película cambia constantemente su apariencia sin perder la fisonomía ligera y de ensueño. Nostálgica sobre todo, de aquella nostalgia entendida como un escape de la posibilidad de aceptar el propio tiempo. No hay remedio, pero los paliativos del arte y las sorpresas del caso, juegan (como siempre) un papel fundamental en la historia. El caso y la magia son las armas de un cine madurado, capaz de desactivar la tragedia de la vida con medios distintos de aquellos de la acostumbrada ironía apocalíptica. El guión juega con las paradojas, pero no pierde credibilidad. Y la seriedad sin gravedad de Allen se casa a la perfección con la rêverie francesa. Por no hablar de cómo se las arregla con un par de diálogos y aún menos artificios a restituirnos una época - los años 20, después la Belle Époque - y un espacio - la Ville Lumière - como si fueran desde siempre las coordenadas internas de su cine, y no cuerpos extraños de integrar.

El aspecto realmente novedoso de su senil maestría - por un lado todavía contrariada, umbilical, magnífica y verbalmente incontinente: en breve construidoa alrededor de sí mismo - es esta extraordinaria rítmica interior de su cine, capaz de adaptarse fácilmente a espacios y tiempos que no le pertenecen, enriqueciéndose, colorandose y mutandose constantemente. Incluso hay una moraleja en todo esto la perfección no es de este mundo, pero saber adaptarse a los imprevistos cotidianos puede reservar bellas sorpresas. Tal vez nos ayude a descubrir, de una manera paradójica e inconsciente, que aquella "edad de oro" que habíamos estado buscando quién sabe dónde, siempre había estado allí, cerca de nosotros. El cine de Woody Allen ciertamente ha encontrado la suya, y esto es más que evidente.

Valoración : 8.5/10


En dos palabras : Woody Allen presenta al público una película mágica y cínica, que no olvida de acentuar que la vida no es casi siempre satisfactoria: el hombre mira con nostalgia hacia el pasado y no se preocupa de construir un futuro mejor, porque el "pasado" es visto como una época insuperable. El director trata de inspirar a los artistas de hoy en día, señalando que el arte es el resultado de una investigación contínua. La filosofía alleniana, se acerca finalmentea una conclusión, capaz de aliviar (parcialmente) el espíritu inquieto del director. Ampliamente recomendable.

noviembre 18, 2011

Película del día...

Faust - Alexander Sokurov , 2011

El personaje de Faust es uno de los más importantes y quizás el más conocido de la cultura alemana. Libremente inspirada en el "Faust" de Goethe, escrita y dirigida por el director ruso Alexander Sokurov con la intención de llevar a pleno florecimiento aquello que entre las páginas del escritor alemán germinaba, la homónima película lleva a cumplimiento la tetralogía dedicada al poder que ya había visto a Hitler ("Moloch"), Lenin ("Taurus") e Hirohito ("The Sun") como protagonistas de las tres películas anteriores. Después de tres personajes históricos, todas encarnaciones enfermas de una idea de poder que en diferentes declinaciones se derrumba sobre sí misma, esta vez el grande maestro ruso nos presenta a un personaje mítico-literario que en manera arquetípica recolecciona las características esenciales de los personajes ya mencionados, representando además una figura humana ideal y simbólica al mismo tiempo. El material no es absolutamente simple y la tarea podría resultar pretenciosa.

La confrontación con una historia tan conocida puede ser obra solamente de un loco, un megalómano o un genio. Probablemente Sokurov es las tres cosas al mismo tiempo (ya el plano secuencia largo una hora y media llamado "Russina Ark" nos podría haber hecho sospechar algo) en la increíble dedicación al cine que siempre lleva a sus extremas consecuencias. Es siempre difícil para un autor cinematográfico coger un texto literario y adaptarlo a la pantalla grande, de hecho es una operación que no siempre se consigue, y si se hace es bastante probable que no sea perfecta, pero definir una simple adaptación aquella de Alexander Sokurov, es un eufemismo. "Faust" es mucho más. "Faust" es ante todo una historia humana (demasiado humana), de un hombre y de una entera humanidad que el director entierra debajo de una fotografía verde, de un verde putrefacto, fangoso, repugnante que condena de inmediato a sus protagonistas a ser cadáveres, cuerpos en descomposición de los cuales el olor es casi perceptible. Los hombres "ya muertos" en su destino de muerte se están cuestionando sobre el después, el más allá, sobre el alma y Dios, sobre el principio de todo que al final es la misma cosa.

El director ruso da vida especialmente a un personaje, "El Personaje" donde cualquier hombre puede identificarse: sus deseos, sus pasiones, su curiosidades son una parte integrante de la controvertida naturaleza humana, lo que le sucede a Faust es lo que puede suceder a cualquier ser humano. Tantas personas desearían llegar a un acuerdo con el diablo para conseguir lo que quieren: poder, conocimiento y amor. ¿Quién no daría su alma por todo esto?. A pesar de haber dado la suya, Faust quiere más y más: su condición de continuó equivocarse, porque más allá siempre hay otra cosa, le empuja a dejar de lado incluso al diablo y a reírse en su cara. Toda la película está estructurada como si el protagonista se estuviera enfrentando a una larga e infinita peregrinación, en donde es acompañado por la figura dramáticamente graciosa del usurero, es decir Mephistopheles, quien le tienta a lo largo del camino, instigandolo a los más diversos apetitos. Entre ellos el de la bella Gretchen, figura femenina bucólica, por la que Faust prueba mucho más que un simple deseo carnal: el deseo de poseerla por completo, y para poder hacerlo, se dirige al ángel caído. Pero incluso cuando la obtiene, no disfruta de ella. Y termina abandonando a su "acompañante"; para aventurarse a lugares desconocidos.

Manteniendo el uso del alemán, Sokurov ha querido hacer justicia a la obra de Goethe, cuya escritura era particular, clara, directa y ruda, valores que el director ha deseado transmitir en su película, dejando que los personajes se expresasen en alemán. La elección de la ambientación también ha sido determinante: los personajes son completamente rodeados de la naturaleza, por bosques, montañas, glaciares, que se convierten indiscutiblemente en una parte activa del drama de "Faust". Sokurov dirige un cuento, de manera impecable : iniciando de la interesante y más que justa elección de rodar en 4:3, de modo de hacer de cada secuencia lo más parecido a un cuadro y obtener el mismo efecto de sus obras anteriores. La fotografía de Bruno Delbonnel realmente hace milagros y nos regala los más bellos colores vistos en el cine últimamente. "Faust" es una película que pide a sus espectadores algo a cambio. Una posible clave para cerrar una brecha, que provoca cierta preocupación - y donde puedes encontrar muchas otras: la belleza de la película radica también en su capacidad de ser algo completamente diferente para cada uno, incluyendo la posibilidad de que para alguien sea sólo una película terriblemente aburrida - lo propone el mismo Sokurov al comienzo de la película, con una espectacular e inquietante escena de manera concisa y no profundizada,  situando su conocida historia en un ambiente lejos de ser realista, alienante, onírico: la experiencia inconsciente incluso antes que racional, es quizás la forma más fácil de lidiar con la película y sus personajes que prometen ser dueños de su propio destino.

La atmósfera surrealista y claustrofóbica de la película se ve acentuada por las ideas visionarias que se introducen dentro de la historia (el éxtasis cegador de Faust en la contemplación de la belleza de Gretchen), pero sobre todo por los virtuosismos habituales de la dirección de Sokurov, el modo estéticamente refinado con el que el director representa la fealdad y el horror del mundo: Cada plano posee un estilo pictórico, cada elemento del cuadro está cuidadosamente estudiado, la imagen hace un uso extensivo de filtros que le dan de vez en cuando, tonalidades diferentes (siendo el verde el color dominante), mientras las lentes deformantes conceden un tono onírico y de pesadilla a la narración. Un tono que se expresa también a través de los diálogos, crípticos y continuos, a menudo difíciles de seguir porque deliberadamente superpuestos uno encima del otro, casi a querrer hiperrealistamente señalar el caos y la falta de puntos de referencia que reinan en el mundo de Faust. El resultado es una obra compleja y hermética, a veces inquietante, llena de sugestiones visuales y auditivas (la banda sonora está compuesta por Andrey Sigle), literarias y filosóficas, y en donde encuentra completa expresión la poética del director ruso.

Hay un universo de sentimientos en cada momento de "Faust", una cantidad de invenciones visivas diseñadas para catalizar un último sentimiento de corrupción y pasión, que son capaces de generar un placer desagradable y fascinante al mismo tiempo. El resultado es más que nunca excepcional, por fuerza visual y conceptual, aunque sí es innegable que esta es una de esas películas que requiere la máxima atención del espectador para evitar el riesgo de caer en la trampa (fácil) de aburrimiento (como ya dicho). Con "Faust", Sokurov ha regresado al cine intelectual que satisface la mente, con rigor y claridad. El cine, por otra parte, no tiene la obligación de ser apreciado por todos de igual manera. Obra maestra.

Valoración : 10/10


En dos palabras : Sokurov firma una obra de extraordinario poder narrativo, adapta sólo a un público que realmente desea dejarse llevar por ella. "Faust" no es una película para todos, requiere un mínimo de conocimiento de la historia antes de entrar en sala (basta la trama de Wikipedia) y de un amor por el significado transmitido por las sorprendentes imágenes. Existen obras de arte de una belleza desarmante que parecen ser el resultado de un pacto firmado con el diablo, "Faust" de Sokurov es indudablemente una de estas.

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