noviembre 14, 2013

Película del día...

La Vie d'Adèle: Chapitre 1 et 2 (Blue Is The Warmest Colour) - Abdellatif Kechiche , 2013

Existen películas de las que no es posible volver hacia atrás, películas que anulan por completo las viejas reglas de juego con el fin de establecer otras nuevas. "La Vie d'Adèle : Chapitres 1 et 2" es una de ellas. Abdellatif Kechiche ha realizado una de esas empresas que sólo los locos pueden concebir y los Kamikaze llevar a cabo. ¿Estamos hablando de una historia de formación?, ¿de una educación sentimental?, ¿de una historia de amor? O ¿no son estas tal vez las fórmulas cómodas, aproximaciones de un discurso en torno al cual en la gran pantalla"cobran vida"?. Quién conoce el cine de Kechiche sabe que la distancia que el director pone entre él y sus personajes, entre estos últimos y los espectadores, es mínima. Gracias a una magistral y sofocante utilización de la cámara al hombro y a profundidades de campo largas, de parecer realmente estar en medio de ellos. Estamos ahí, en la escuela, en la mesa del comedor, en el dormitorio, incluso donde no deberíamos (Kechiche se había ya ocupado de la cuestión vouyerística de su cine en su película anterior, "Vénus Noire"). Este específico modus operandi no debe confundirse trivialmente con cinéma vérité. Kechiche obliga, como mucho, al dispositivo fílmico a una realidad inmanente, regenerada continuamente por un work in progress creativo. Las cosas parecen ocurrir no sobre la base de un plan preestablecido, sino sobre una evolución natural. La situaciones cambian hic et nunc, frente a nosotros. Sus películas requieren, por consiguiente, pocos cortes de edición y una duración considerable : por que las cosas suceden espontáneamente, queda prohibido cualquier manipulación sobre el tiempo. Se necesita, al contrario, hacer sentir el trabajo del tiempo sobre la historia y sobre los personajes. Un proceso que en "La Vie d'Adèle : Chapitres 1 et 2" se radicaliza, marcando un límite difícilmente superable.

¿Por qué  los "capítulos 1 y 2" como subtítulo? Porque la obra cuenta a todos los efectos dos etapas cruciales en la vida de la protagonista, Adèle. El comienzo, maravilloso, recuerda muy de cerca el de "L'Esquive". Otra vez, como entonces, Nos encontramos entre los chicos y chicas de una escuela, aquí también se estudia Marivaux (en la película de 2003 era puesto en escena, ahora se lee en clase "La Vie de Marianne", claro homenaje del cual coge el título la película). De igual forma se habla de "La Princesse de Clèves" de Marie-Madeleine de La Fayette, de modo que Kechiche con sus citas literarias establece las coordenadas de su discurso cinematográfico, de la narración que vendrá, e incluso de su ambición. Que consiste en ponerse a prueba con un marivaudage actualizado y contemporáneo (como de hecho lo hacía admirablemente Rohmer), moviendose y serpenteandose entre las inconstancias, las desviaciones, las maravillas e incluso las infelicidades del amor. Porque el amor puede hacer daño, como Clèves enseña . Adèle, aún no cumple los dieciocho años, es de familia por así decirlo proletaria pequeño-burguesa, tiene una relación con el chico más guapo del instituto. Un día ve pasar a una chica de cabello azul, y de repente todo cambia. Se ha enamorado de aquella imagen, la noche se masturbará pensando en ella, decidirá de romper con su novio porque no quiere engañarle, porque no puede amarle más. Sin embargo aún no se sabe quién es esa chica que la ha literalmente trastornado. La reencontrará una noche en un bar gay : se llama Emma, estudia arte, está decidida a ser pintora, viene de una familia culta y burguesa. Se encuentran, se conocen. Cuando terminarán en la cama será algo telúrico, para las dos, y desde ese momento se convertirá en esa cosa llamada amour fou.

De la segunda fase no vale la pena revelar nada, porque sería como truncar cada sorpresa. Lo importante, sin embargo, se encuentra en los detalles : que en "La Vie d' Adèle" son inestimables. El cine de Kechiche vive de largas secuencias en donde son fundamentales una mirada, una frase o incluso una mueca deliberadamente no programada. Son esos momentos repentinos que te hacen entender que estás viendo en la gran pantalla la vida : sólo razonas al final de la proyección, ya que durante la película estás completamente enganchado. Mientras ves "La Vie d' Adèle" ni siquiera te das cuenta que Kechiche está también delineando un discurso "ya visto" sobre el descubrimiento de la  propia identidad sexual, no obstante haga vivir a la protagonista  todas las etapas canónicas de este recorrido (desde el primer bar gay al gay pride). Kechiche va más allá del discurso del abc del coming of age queer y trabaja con recortes, con etapas esenciales que en la película, sin embargo, no son mostradas, y que el espectador consigue llenar con su propia imaginación. Kechiche cree extremamente en su público, y hace bien . En éste último esfuerzo se encuentra todo el cine del realizador franco-tunecino : desde los problemas juveniles de la ya mencionada "L'Esquive" a las grandes cenas de "La Graine et Le Mulet", pasando por la atención al cuerpo femenino de "Vénus Noire".

Existe y existirá algún tipo de controversia por los desnudos y los orgasmos de las protagonistas, pero es simplemente estéril, innecesaria y pretenciosa. Especialmente por las explícitas y carnales escenas de sexo entre las dos protagonistas, sobre todo la primera : diez minutos de todo tipo de contacto, roce, variación y relación entre dos mujeres y sus cuerpos, diez minutos desenfrenados y de una belleza arrolladora. ¿Era necesario ir tan lejos y tan profundamente? ¿No se podía evitar una escena así, como algunos críticos han escrito? No, no se podía evitar, era necesaria e indispensable. Sin esa escena, "La Vie d'Adèle" no sería la película que es, exactamente como "Last Tango in Paris" no lo sería sin la famosa escena de la mantequilla. Punto. Es ésto el núcleo radiactivo de la película de Kechiche, lo que confiere identidad, sentido a todo lo demás, lo que explica cuanto ha sucedido antes y todo lo que sucederá después. Porque hace entender lo que es "l'amour fou", la atracción sexual, la pasión, el delirio de la mente y de la carne, el vértigo de los cuerpos que se tocan, se compenetran, se confunden. Kechiche posee el raro don de capturar la vida, la respiración, el ritmo interno, la esencia casi biológica, corporal, física, más que psicológica. Son muchos a utilizar obsesivamente la cámara al hombro, pero como lo hace él  lo consiguen unos cuantos, por no decir pocos, él a sus personajes no tan sólo los sigue con la cámara, sino también los toca, los envuelve, los penetra. La carnalidad, antes que en la cama destendida de Emma y Adèle, se encuentra en la relación que se establece entre la cámara de Kechiche y los cuerpos que retrata. El director regala una lección de cine. Sin necesidad de dejar la cámara fija, construye la película basandose abundantemente en los primeros, primerísimos planos. De observar como construye y desvela el ambiente : a menudo nos hace ver un primer plano total de la escena después de varios minutos y distintos enfoques de los rostros, desorientandonos. Si ésta no es una dirección magistral...

"La Vie d' Adèle - Chapitre 1 y 2" (basada en la novela gráfica "Le Bleu Est Une Couleur Chaude", de la que, sin embargo, se aleja claramente casi de inmediato, hasta el punto de cambiar el nombre de la protagonista de Clémentine a Adèle) arranca el alma incluso al más resistente de los espectadores, aunque si dura tres horas, nunca aburre, no te hace bostezar mirando el reloj, mientras hay películas de una hora y media que parencen largas el doble y que pesan como piedras . El método del director es claro, construir situaciones ambientales bastante estructuradas, escribiendo diálogos sensacionales por naturalidad y credibilidad, y filmando a los actores y todo aquello que sucede en tiempo real. Y funciona, desde luego que funciona. En "La vie d' Adèle" los fragmentos memorables son tantos. Las lecciones del maestro, los diálogos entre Adèle y sus amigas-enemigas de su clase, las dos cenas, le vernissage, la charlas bon chic, bon genre de los amigos de Emma, las lecciones de Adèle a los niños, la bellísima escena del mar... Nunca se terminaría de enumerar los trozos de vida que Kechiche consigue capturar y restituirnos, o construir despachándolos virtuosísticamente por reales.

La parte final es, simplemente, desgarradora, algo que coloca a "La vie d' Adèle" al nivel de las grandes historias de amor cinematográficas. La mirada del director hurga en los detalles, engrandece cosas que normalmente no se ven, consiguiendo ser también afilada y quirúrgica como un láser. Esto no es sólo la historia de un amor, es también el análisis despiadado de como las diferencias de las clases sociales cuenten en el amor e influencien en su solidez, su forma y su duración. Por fortuna, a pesar de relatar una historia lésbica, ésta no es una película gay militante. Adèle y Emma participan al gay pride, pero ningún proclama es lanzado por Kéciche, al menos explícitamente, ningún mensaje. La homosexualidad es presentada como un dato existencial como cualquier otro, eso es todo. La parábola de Adèle no sigue ningún modelo a priori. No es psicología ni sociología ni moral. Es en cambio un movimiento impredecible, orquestado por variables ocasionales, el fluido combinarse entre un impuslo individual  y un estado de cosas. Libertad y materia. Cuerpos, tiempo y espacio.

No puedo terminar sin hablar de ellas : las dos maravillosas protagonistas, heroicas y extraordinarias, que se precipitan en el proyecto sin la menor vacilación. Léa Seydoux, es una confirmación, pone en juego todo, incluyendo su imagen y su estatus de nueva estrella del cine francés, y sale victoriosa, mientras que Adèle Exarchopoulos es una verdadera revelación. Si la primera se presenta al principio como una mujer ya formada y segura de sí misma, dejando entrever sólo después los matices dulces de su carácter, la segunda tiene la difícil tarea de dar vida a un personaje que de adolescente realiza todo un recorrido completo entrando oficialmente en la edad adulta. Kechiche está sobre ella con una ferocidad y un deseo impresionante. No hay ninguna parte anatómica, detalle epidérmico o fluido corporal que consiga escapar de la mirada de la cámara. Estamos tan cerca de Adèle ( la real y la ficticia, siempre y cuando logremos distinguirla) que podemos sentirla transpirar, mojarnos con sus lágrimas, percibir su olor. Tan cerca de ella de tocarle el alma.
Es ésta inextricable maraña perceptiva e interior, a hacer de "La Vie d'Adèle : Chapitres 1 et 2" una experiencia demoledora. La suya no es una performance, sino un don impagable a su director. Que corresponde realizando uno de las más sorprendentes actos de amor que se hayan visto en el cine. Difícil desprenderse de ella. A pesar de las tres horas juntos, desearíamos tenerla todavía con nosotros. Kechiche la deja ir por su camino, fuera del retrato y del cine. Después de los capítulos 1 y 2 se encuentra sólo la vida, la verdadera.

Valoración : 10 / 10


En dos palabras : Abdellatif Kechiche consigue representar, espléndidamente, las luces y las sombras de un amor sáfico que incluso en su ardor y en su manifestarce explícitamente mantiene en primer plano la pureza y la poesía del aquel extraordinario vínculo. La mirada del realizador encuentra y se funde perfectamente con la intensidad y la veracidad de dos protagonistas simplemente inmejorables en cada escena y con una armonía mágica entre ellas. Pero las palabras (en estos raros casos) son incapaces de expresar plenamente  la autenticidad y la fuerza constante de una obra que, sin lugar a dudas, escribe una página importante en la historia del cine. Un desconcertante acto de amor : radical y sin precedentes. Una obra maestra.

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