noviembre 18, 2011

Película del día...

Faust - Alexander Sokurov , 2011

El personaje de Faust es uno de los más importantes y quizás el más conocido de la cultura alemana. Libremente inspirada en el "Faust" de Goethe, escrita y dirigida por el director ruso Alexander Sokurov con la intención de llevar a pleno florecimiento aquello que entre las páginas del escritor alemán germinaba, la homónima película lleva a cumplimiento la tetralogía dedicada al poder que ya había visto a Hitler ("Moloch"), Lenin ("Taurus") e Hirohito ("The Sun") como protagonistas de las tres películas anteriores. Después de tres personajes históricos, todas encarnaciones enfermas de una idea de poder que en diferentes declinaciones se derrumba sobre sí misma, esta vez el grande maestro ruso nos presenta a un personaje mítico-literario que en manera arquetípica recolecciona las características esenciales de los personajes ya mencionados, representando además una figura humana ideal y simbólica al mismo tiempo. El material no es absolutamente simple y la tarea podría resultar pretenciosa.

La confrontación con una historia tan conocida puede ser obra solamente de un loco, un megalómano o un genio. Probablemente Sokurov es las tres cosas al mismo tiempo (ya el plano secuencia largo una hora y media llamado "Russina Ark" nos podría haber hecho sospechar algo) en la increíble dedicación al cine que siempre lleva a sus extremas consecuencias. Es siempre difícil para un autor cinematográfico coger un texto literario y adaptarlo a la pantalla grande, de hecho es una operación que no siempre se consigue, y si se hace es bastante probable que no sea perfecta, pero definir una simple adaptación aquella de Alexander Sokurov, es un eufemismo. "Faust" es mucho más. "Faust" es ante todo una historia humana (demasiado humana), de un hombre y de una entera humanidad que el director entierra debajo de una fotografía verde, de un verde putrefacto, fangoso, repugnante que condena de inmediato a sus protagonistas a ser cadáveres, cuerpos en descomposición de los cuales el olor es casi perceptible. Los hombres "ya muertos" en su destino de muerte se están cuestionando sobre el después, el más allá, sobre el alma y Dios, sobre el principio de todo que al final es la misma cosa.

El director ruso da vida especialmente a un personaje, "El Personaje" donde cualquier hombre puede identificarse: sus deseos, sus pasiones, su curiosidades son una parte integrante de la controvertida naturaleza humana, lo que le sucede a Faust es lo que puede suceder a cualquier ser humano. Tantas personas desearían llegar a un acuerdo con el diablo para conseguir lo que quieren: poder, conocimiento y amor. ¿Quién no daría su alma por todo esto?. A pesar de haber dado la suya, Faust quiere más y más: su condición de continuó equivocarse, porque más allá siempre hay otra cosa, le empuja a dejar de lado incluso al diablo y a reírse en su cara. Toda la película está estructurada como si el protagonista se estuviera enfrentando a una larga e infinita peregrinación, en donde es acompañado por la figura dramáticamente graciosa del usurero, es decir Mephistopheles, quien le tienta a lo largo del camino, instigandolo a los más diversos apetitos. Entre ellos el de la bella Gretchen, figura femenina bucólica, por la que Faust prueba mucho más que un simple deseo carnal: el deseo de poseerla por completo, y para poder hacerlo, se dirige al ángel caído. Pero incluso cuando la obtiene, no disfruta de ella. Y termina abandonando a su "acompañante"; para aventurarse a lugares desconocidos.

Manteniendo el uso del alemán, Sokurov ha querido hacer justicia a la obra de Goethe, cuya escritura era particular, clara, directa y ruda, valores que el director ha deseado transmitir en su película, dejando que los personajes se expresasen en alemán. La elección de la ambientación también ha sido determinante: los personajes son completamente rodeados de la naturaleza, por bosques, montañas, glaciares, que se convierten indiscutiblemente en una parte activa del drama de "Faust". Sokurov dirige un cuento, de manera impecable : iniciando de la interesante y más que justa elección de rodar en 4:3, de modo de hacer de cada secuencia lo más parecido a un cuadro y obtener el mismo efecto de sus obras anteriores. La fotografía de Bruno Delbonnel realmente hace milagros y nos regala los más bellos colores vistos en el cine últimamente. "Faust" es una película que pide a sus espectadores algo a cambio. Una posible clave para cerrar una brecha, que provoca cierta preocupación - y donde puedes encontrar muchas otras: la belleza de la película radica también en su capacidad de ser algo completamente diferente para cada uno, incluyendo la posibilidad de que para alguien sea sólo una película terriblemente aburrida - lo propone el mismo Sokurov al comienzo de la película, con una espectacular e inquietante escena de manera concisa y no profundizada,  situando su conocida historia en un ambiente lejos de ser realista, alienante, onírico: la experiencia inconsciente incluso antes que racional, es quizás la forma más fácil de lidiar con la película y sus personajes que prometen ser dueños de su propio destino.

La atmósfera surrealista y claustrofóbica de la película se ve acentuada por las ideas visionarias que se introducen dentro de la historia (el éxtasis cegador de Faust en la contemplación de la belleza de Gretchen), pero sobre todo por los virtuosismos habituales de la dirección de Sokurov, el modo estéticamente refinado con el que el director representa la fealdad y el horror del mundo: Cada plano posee un estilo pictórico, cada elemento del cuadro está cuidadosamente estudiado, la imagen hace un uso extensivo de filtros que le dan de vez en cuando, tonalidades diferentes (siendo el verde el color dominante), mientras las lentes deformantes conceden un tono onírico y de pesadilla a la narración. Un tono que se expresa también a través de los diálogos, crípticos y continuos, a menudo difíciles de seguir porque deliberadamente superpuestos uno encima del otro, casi a querrer hiperrealistamente señalar el caos y la falta de puntos de referencia que reinan en el mundo de Faust. El resultado es una obra compleja y hermética, a veces inquietante, llena de sugestiones visuales y auditivas (la banda sonora está compuesta por Andrey Sigle), literarias y filosóficas, y en donde encuentra completa expresión la poética del director ruso.

Hay un universo de sentimientos en cada momento de "Faust", una cantidad de invenciones visivas diseñadas para catalizar un último sentimiento de corrupción y pasión, que son capaces de generar un placer desagradable y fascinante al mismo tiempo. El resultado es más que nunca excepcional, por fuerza visual y conceptual, aunque sí es innegable que esta es una de esas películas que requiere la máxima atención del espectador para evitar el riesgo de caer en la trampa (fácil) de aburrimiento (como ya dicho). Con "Faust", Sokurov ha regresado al cine intelectual que satisface la mente, con rigor y claridad. El cine, por otra parte, no tiene la obligación de ser apreciado por todos de igual manera. Obra maestra.

Valoración : 10/10


En dos palabras : Sokurov firma una obra de extraordinario poder narrativo, adapta sólo a un público que realmente desea dejarse llevar por ella. "Faust" no es una película para todos, requiere un mínimo de conocimiento de la historia antes de entrar en sala (basta la trama de Wikipedia) y de un amor por el significado transmitido por las sorprendentes imágenes. Existen obras de arte de una belleza desarmante que parecen ser el resultado de un pacto firmado con el diablo, "Faust" de Sokurov es indudablemente una de estas.

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