noviembre 14, 2011

Película del día...

Warrior - Gavin O’Connor , 2011

Los guerreros en el cartel de la película son Tommy y Brendan Conlon, dos hermanos que no se hablan desde hace mucho tiempo, y que se encuentran inscritos en la misma competencia de artes marciales mixtas (MMA) para tratar de ganar los cinco millones de dólares en juego. Brendan (Joel Edgerton) es un ex-luchador convertido en profesor de física en un instituto, regresa al ring con el intento desesperado de salvar a su familia de la ruina financiera, mientras que Tommy (Tom Hardy) es un ex infante de marina atormentado por un trágico pasado, ex-prodigio de la lucha, que regresa a casa después de catorce años. Tommy necesita una "resurrección", y le pide a su padre Paddy Conlon (Nick Nolte), hombre violento y ex-alcohólico, de entrenarle para participar a "Sparta", la competencia más grande de la historia de las artes marciales...

"Warrior"; toma unos segundos para mostrarnos su luz epifánica. En ese coche que vemos deambulando lentamente en la oscuridad, la radio alude a una ballena blanca. Detalle de ninguna manera irrelevante en una historia poderosa y solemne, que no duda en evocar las proféticas y bíblicas palabras de Herman Melville y de su "Moby Dick". El capitán Ahab de la América contemporánea se llama Paddy Conlon. Paddy no tiene sed de venganza, pero al igual que el personaje de Melville está en busca de su ballena blanca personal, la redención, la única salvación capaz de liberarlo de los demonios de un pasado que ha llevado a la ruina su familia. La película de O'Connor pega más fuerte de lo que uno se puede esperar, golpe sobre golpe, hasta drogarte de dolor. Y el dolor es en realidad el único lenguaje comprensible de dos hermanos con problemas y un padre que cojea en el camino hacia la redención, que no consiguen reconciliarse. Tres individuos que, acorralados por la vida, deciden luchar contra la adversidad de la manera que mejor saben hacer, porque para ellos las simples palabras expresan poco y sobre todo mal, mientras aquello que se grita en la "jaula", claustrofóbica y animalesca contraparte del clásico ring, cuando se está al borde de la victoria o la derrota, llega en forma directa y permanece para siempre, sin malentendidos.

Raramente en este género se ha visto una violencia tan lírica, tan reveladora. "Warrior" responde en cierta forma al cine de artes marciales de hace más de dos décadas (el torneo eliminatorio recuerda "Bloodsport" con Van Damme), esencial, dedicado principalmente al físico y al poder visual de los combates (resulta casi pleonástico subrayar la influencia de "Rocky", a tal efecto). Pero la verdadera victoria del director está en la maestría con la cual ha sido capaz de evitar los estándares del cliché.Imposible no dejarse llevar por los encuentros cargados de adrenalina, por la pasión de una historia que tiene muchos matices, pero que es narrada con precisión y encantadora esencialidad, a pesar de una duración de más de dos horas, pasando por los problemas financieros de una familia en crisis que quiere garantizar un futuro mejor para sus hijos, a la guerra en Irak y a la alienación que se mezcla con el dolor en la vida de los soldados, el deseo de redención de un hombre que lucha por mantenerse en pie y por no ser abrumado de la inexorable realidad. Al igual que en "The Wrestler", la carne destrozada no hace más que reflejar el estado de ánimo de cada uno y remarcar las vidas devastadas por la propia fragilidad.

O'Connor da rienda suelta a una dirección ecléctica que alterna el uso de una vibrante cámara al hombro para enfocar las movimentadas secuencias de vida privada y las espectaculares escenas aerodinámicas (los detalles quirúrgicos de los combates). El eclecticismo se convierte en puro virtuosismo, cuando en tres minutos de split screen múltiple las historias paralelas que intervienen para desarrollar la trama de la película se condensan en la víspera de "Sparta". Y si la dirección es digna de aplausos, el elenco es simplemente extraordinario. De destacar sobre los demás la profunda interpretación de Tom Hardy, su Tommy es una concentración de resentimiento y puños, sombrío, reducido casi a un estado animalesco, un personaje que entra por la puerta grande en la historia del cine. Irrascibile y peligroso, pero sin embargo, capaz de altruismo y dulzura, violento y letal en el ring, pero también heroico, su mirada glacial y perdida en el vacío no se olvida fácilmente: Tommy hace de "Warrior" una película excepcional. La prueba de Joel Edgerton es sólo en apariencia más simple: Brendan es un personaje positivo, más derivativo y es sin duda alguna en el arco narrativo poco probable, que Edgerton consigue ser creíble y coherente. Nick Nolte es simplemente perfecto: arrepentido, apenado, abandonado, físicamente amenazador a pesar de su edad: el pasado violento de Paddy está tallado en su rostro y en su complexión, no hay necesidad de flashback o de indulgencias narrativas. La vida que Brendan y Tommy han tenido que afrontar con Paddy se encuentra toda en la interpretación de Nolte, como un rastro, como una sombra que el grandísimo actor consigue conferir al personaje estupendamente.

Las secuencias de acción varían según sea necesario, pescando todas las técnicas más espectaculares del repertorio "MMA" (patadas, puños, presas...). Para todos aquellos que esperan coreografías atléticas exageradas, corren el riesgo de quedar decepcionados porque O'Connor se centra principalmente en el realismo. En cualquier caso, ni siquiera es necesario conocer los matices de todas las reglas del concurso para poder apreciar la película. Lo que más sorprende de la obra del director estadounidense es el deseo del espectador de ver triunfar a ambos, en un duelo sin restricciones y que posee en la epicidad su componente más importante. "Warrior"; recuerda un poco a la reciente y similar "The Fighter", sobre todo con respecto a las extraordinarias performances y al contexto fraternal en el ámbito de los combates. O'Connor se las arregla para transmitir un completamiento y una cuadratura que David O. Russell fue incapaz de encontrar a la perfección. Desde el título de apertura (visualizado a caracteres exponenciales, como si pretendiese aplastar la pantalla y mostrar su grandeza) a la sobriedad con la cual la película avanza hacia su objetivo final, que es el de noquear al espectador, absorto e impasible frente a los momentos catárticos que redimen las vidas de cada uno. Esperando que todo esto,  no desencadene una fiebre de "MMA" como efecto colateral indeseado de una sorprendente revelación cinematográfica.

Valoración : 8.5/10


En dos palabras : En los últimos años, pocas películas habían conseguido llevar el lirismo sobre el ring: de todas, "Million Dollar Baby" de Clint Eastwood y la conmovedora "The Wrestler"de Darren Aronofsky. Ahora, en la lista de obras maestras del género, merece un lugar en las primeras posiciones, la última película de Gavin O'Connor. "Warrior", por la fuerza bruta que imprime en cada fotogramma, por ese raro conjunto de opciones perfectas en el casting, de madurez en el guión, de originalidad en el estilo y por esas opciones adivinadas en la producción (una sobre todas la decadente Atlantic City en lugar de Las Vegas como lugar para el torneo) : es sin lugar a dudas uno de los estrenos del año.

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