febrero 09, 2012

Película del día...

Hugo - Martin Scorsese, 2011


Existen historias que se convierten en parte de nosotros, plasmandonos inconscientemente, y que se revelan ante nuestros ojos cuando ya es demasiado tarde para escapar de su influencia. Tal vez es algo imperceptible, que ciertamente no cambia nuestra vida, pero esto no quiere decir que no exista. Puede ser una fábula escuchada distraídamente en la infancia antes de ir a dormir, la ilustración del superhéroe que ha llenado de aventuras nuestras tardes de adolescentes, el fotograma de esa película capturada por accidente cambiando de canal en la televisión. No siempre todo aquello evoluviona, a veces queda relegado en nuestro equipaje sensorial... pero en raras ocasiones se convierte en pasión y arte. ¿Qué tiene esto que ver con la reseña de "Hugo"? Las asociaciones son mucho más simples de lo que puedan parecer, por que el último trabajo de Martin Scorsese, es una verdadera obra de pasión y amor, hacia ese cine que le ha convertido en la leyenda que todo el mundo conoce. Y por que, a fin de cuentas, toda la historia de Hugo Cabret nació un poco por casualidad, un poco por magia, un poco por distracción. El cine actual en el último año ha querido rendir homenaje al cine de los orígines. Primero la hermosa película muda en blanco y negro de Michel Hazanavicius, y ahora toda una película que nos lleva de la mano a los años 30 en la encantadora París del siglo pasado, contandonos la extraordinaria historia del hombre que transformó el medio de los hermanos Lumiere en arte, dando vida a la máquina de los sueños.


Hugo Cabret (Asa Butterfield) es un niño de doce años con tantos recursos que vive completamente solo en la estación ferroviaria de París. Su padre murió en un trágico accidente y todo lo que queda de él es un cuaderno garabateado y un autómata estropeado: es por eso que al pequeño le encantaría arreglarlo y ponerlo en función. El suyo es un autómata especial, por que puede escribir e, ingenuamente, Hugo cree que esconda el último mensaje de su padre, atrapado en los engranajes en la espera de ser puesto en libertad. Para tratar de completar su tarea busca los mecanismos necesarios en la tienda de juguetes de la estación, robando todo aquello que necesita. Pero un día es descubierto por el dueño (Ben Kingsley), que confisca todo lo que tiene en los bolsillos, incluído el cuaderno con los planos para la reparación del autómata. Hugo le sigue de vuelta a casa, desesperado por la pérdida. Se verá obligado de pedir ayuda a Isabelle (Chloë Moretz), la ahijada del propietario, para recuperar su tesoro. Sin embargo, el fabricante de juguetes no está tan dispuesto a dejar ir a Hugo sin haber revelado antes el misterio que le rodea, tal vez porque, después de todo, le recuerda algo de su obsesivamente cancelado pasado...


Con el respaldo de un presupuesto estratosférico, Martin Scorsese ha tenido la fuerza y ​​la capacidad de reconstruir los años en los cuales el cine dio sus primeros pasos, gracias al verdadero inventor de los efectos especiales, es decir Georges Méliès. El hombre que nos envió primero que todos a la luna, el que dio vida al montaje, "colorando" a mano sus fantasiosas obras maestras, para después morir en la pobreza, completamente olvidado, después de haber sido por años justamente elogiado. Por otra parte, la guerra barrió sueños e ilusiones, cambiando el gusto del público y cortando las piernas a sus visiones, a su cine fantástico, hechos de mundos futuristas y criaturas misteriosas. Hoy, 73 años después, Scorsese ha querido de esta manera "recordar" a ese grandísimo genio al cual todos nosotros "cinéfilos" debemos dar gracias, por haber contribuido a inventar y llevar a cabo un espectáculo similar, reflejado con "Hugo" impecablemente gracias a esa persona que una vez más se ha confirmado, por si fuera todavía necesario decirlo, el más grande de todos. Encontrandose frente a "Hugo" es fácil pensar a la obra maestra. Martin Scorsese no necesita, sin duda alguna, presentaciones ni elogios que pongan en relieve su talento. Esteta de la dirección cinematográfica, cura cada proyecto suyo con un perfeccionismo y una precisión casi maníacal. Cada movimiento de la cámara sigue el ritmo de un sueño a ojos abiertos, ligero e impalpable, que muestra y sigue a los personajes sin necesidad de forzarlos.

La mirada del espectador espía dentro de la vida de Hugo de la misma manera en la que el joven protagonista hace todos los días desde las ventanas de sus queridos relojes, a los cuales es obligado a trabajar en secreto para evitar ser descubiertos por las autoridades. Cada plano está diseñado como si se tratase de una pintura preciosa, matizada sabiamente por el grande director de la fotografía Robert Richardson, que se las arregla para hacer incluso aún más magníficas las escenografía de Dante Ferretti y Francesca Lo Schiavo. Por no hablar del trabajo de Thelma Schoonmaker, incomparable montadora de cine, que dona un ritmo mesurado y más relajado a la narración. Visionando "Hugo" uno se imagina en serio de recorrer uno de los pasillos alicatados y lucidados de Gare Montparnasse, al máximo de su belleza, gracias también a la presencia de personajes puestos en escena por Scorsese para poder construir un esquema creíble a las aventuras de Hugo. La estación es viva y vibrante de luz, sensasión agudizada por el uso inteligente del 3D, que enfatiza los flujos luminosos y las partículas de polvo, transformando los vapores típicos de una estación de tren en impalpables telones evanescentes que los personajes atraviesan sin descomponerse. Estéticamente y técnicamente "Hugo" es un pequeño compendio de cómo se hace cine, utilizando las tecnologías más avanzadas sin destruir el gusto antiguo de la película hecha a mano con condescendiente pasión, todo ello acompañado por una banda sonora -compuesta por  el grande Howard Shore- que arrulla al espectador en su onírico viaje en el mundo de las imagenes en movimiento.


"Hugo" es indudablemente un óptimo trabajo de equipo, no sólo de dirección, música, producción ... sino también de un cast excelentemente surtido y apasionado. Listar todos los grandes nombres que participan en la película es una operación artificiosa que no expresa la destreza de todos estos actores en el set. Perfecta la interpretación de Ben Kingsley, lo suficiente como para llevar a creer que Méliès se encuentre en realidad ante nuestros ojos, así como aquella, hecha de miradas indagadoras, de Christopher Lee. Una mención especial va para Sacha Baron Cohen, que ha conseguido darle un corazón y un pasado al personaje del inspector de la estación, que sólo es mencionado como una presencia amenazadora en el libro original, y los dos jóvenes protagonistas Asa Butterfield y Chloë Moretz, engañosamente ingenuos y exquisitamente determinados. La película es como un mágico libro que se abre ramificandose en varias direcciones, en una constelación narrativa y metacinematográfica. Desde Harold Lloyd y "Le Voyage Dans Le Lune" hasta el viaje a los orígenes del séptimo arte, a través de fotos e ilustraciones que cobran vida, se tratan de fotogramas que se convierten en espléndidas secuencias, piezas antológicas de cine que toman forma gracias a la proyección de la fantasía. Aquellos que esperan una película de aventuras fantásticas quedarán ligeramente decepcionados, o mejor dicho, Scorsese es magnífico en esconder la falta de acción real o elementos fantásticos bajo la apariencia del "maravilloso": más allá de las mismas imágenes saturadas de cine, y de los ojos sorprendentes de Isabel y Hugo, en la narración hay poca acción espectacular y la fábula se resuelve en una novela de formación de huella dickensiana.

"Hugo" es, sin duda alguna, la declaración de amor de Martin Scorsese al mundo del cine: perfecta, impecable, incansablemente emocionante. La desesperada búsqueda de Hugo por encontrar un lugar en el mundo, para no sentirse terriblemente solo y desastrosamente abandonado, no es más que un pretexto para poder contar una historia de rechazo aún más grande, aquella de Georges Méliès, en aquel entonces cineasta olvidado y confinado en una tienda de juguetes. Toda la película es un recordatorio constante del cine del pasado, lleno de referencias y homenajes, fragmentos robados a los archivos históricos y al recuerdo de quienes han vivido aquella época. "Hugo" es la historia de cómo Méliès hubiera podido encontra a sí mismo, recorriendo de nuevo aquellos pasos que le han convertido en el gran pionero de los efectos especiales y de las historias fantásticas, dejado de lado durante la guerra mundial por la realidad que se estaba apoderando de su poderosa imaginación. Scorsese se deja llevar por sus sentimientos en relación con la historia del cine, exasperandolos sobre la pantalla grande, convirtiendolos lo más posible universales.


Sin embargo, precisamente por esto, a fin de cuentas "Hugo" se presenta como un magistral "blockbuster" de antología, contradicción (de alguna manera) "forzada" a la cual es imposible escapar. Dos historias portantes que se flanquean: la de Hugo, tierna y comprensible a un público mainstream, y la de Méliès, que coge una ventaja emocional sobre la primera, pero que por su propia naturaleza inherente no puede llegar a todos con la misma potencia. Para aquellos que no conocen al cineasta francés y la importancia que ha tenido en la formación del cine moderno, es difícil compartir las emociones que Scorsese se empeña tanto en relatar, encontrandose de esta manera a visionar "simplemente" una bellísima obra de arte capaz de despertar los deseos de la infancia de cada uno de nosotros. Maravillosamente e inolvidable.

Valoración : 10 / 10


En dos palabras : Martin Scorsese con "Hugo" rinde homenaje y agradece el arte de Georges Méliès, director de más de 500 títulos, inventor de la ilusión cinematográfica y padre de todos nuestros sueños convertidos en realidad gracias a su extraordinaria fantasía. Y entra por la puerta grande en la infinita lista de obras maestras realizadas por el director estadounidense en su envidiable carrera, afortunadamente todavía bastante viva. Lo suficiente como para darnos otra perla indiscutible, capaz de reescribir la historia del cine, dejando volar nuestra imaginación.

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