octubre 17, 2012

Película del día...

ParaNorman - Chris Butler & Sam Fell , 2012

Tres años después de "Coraline", la Focus Features regresa a la compleja pero fascinante stop motion con la curiosa y esperada "ParaNorman", verdadera sorpresa animada dirigida a cuatro manos por Chris Butler (supervisor de los storyboard de "Corpse Bride" y "Coraline") y Sam Fell ( director de "Flushed Away" y "The Tale of Despereaux"). Jugando con las películas clásicas de terror de los años 50, los dos realizadores osan lo inosable, creando una película de animación en plastilina y 3D que hace guiños a los más grandes como a los pequeños, gracias a atmósferas oscuras, zombies, fantasmas, referencias cinematográficas, brujas y cult horroríficos del pasado, realizando una auténtica joya. Es más, la mejor película de animación vista en lo que va del año.

Calcando la mano en el Universo de los "diversos", Butler y Fell retratan una sociedad un poco arisca, racista, homófoba y selectiva. Gordos, "freaks", niños extravagantes, cheerleaders con la neurona solitaria, muscolosos desprovistos de intelecto y homosexuales son ridiculizados, humillados, y por qué no, quemados en la hoguera como brujas. ¿Homosexuales? Exacto!, también homosexuales. Porque en "ParaNorman", escuchad bien, asistiremos al primer coming out de la historia de la animación cinematográfica. Un acto de valentía por parte de los directores y productores, obviamente, chocando con los gritos de la americana Family Research Council, intolerantes y homofóbicos desde siempre, no han entendido obviamente nada de la joya concebida por la Focus Features. Porque son ellos los verdaderos indirectos protagonistas de la película. Aquellos que señalan con el dedo, que insultan, denigran y distinguen entre ciudadanos de serie A y de serie B.

El pequeño protagonista de la película es un dulce, solitario y silencioso jovencito. Que posee un don. Ver y poder hablar con los muertos. Pero nadie le cree. El pobre Norman está rodeado de fantasmas, pero es el hazmerreír de la ciudad. El pobre tonto que hay que evitar como la peste. Incluso para sus padres es un niño extraño, que inventa historias fantásticas para llamar la atención. Pero las personas de las cuales ve los espectros son realmente existidas, y son verdaderamente muertas. A ellos se suma también el viejo señor Prenderghast, un tío suyo vagabundo que, poco antes de morir, le asigna una tarea de la que, hasta entonces, se había ocupado él : impedir a una hechicera, condenada a la hoguera siglos atrás, de llevar a término su maldición, destapando las tumbas y haciendo salir un ejército de zombies. La amenaza se renueva cada año, en el aniversario de su ejecución. La fórmula para detener el hechizo mortal está contenida en un viejo libro, pero Norman no conoce los detalles del procedimiento y entonces, al llegar de la hora fatídica, la pesadilla de hace realidad, provocando el pánico entre los residentes de su ciudad.

A su lado un peque regordete, atormentado por su condición física, y una serie de marginados inconscientes de serlo. La hermana rubia, que definir "estúpida" es un eufemismo; el hermano musculoso, hormonas y pocas neuronas; el tonto del barrio, que desde siempre tergiversa verdades nunca tomadas en consideración, el matón insoportable, macho por fuera y miedica por dentro; y obviamente ellos. Los zombies, cualquier cosa menos que crueles e incluso aterrorizados de los humanos. Porque somos nosotros mismos, cuando queremos, a convertirnos en monstruos. Malvados con el prójimo y preparados a juzgar, a hacer daño, tanto físicamente como verbalmente, armados con horcas, antorchas e insultos gratuitos. Norman es molestado por sus coetáneos, y es sobre todo, incomprendido por los adultos, que generalmente, lo toman por loco. Tal vez tienen un poco de miedo de sus visiones, de su supuesta facultad de hablar con la abuela fallecida, y de la familiaridad que muestra de poseer con los misterios del más allá. Lo que le toca, en una época moderna y aparentemente iluminada, es un destino análogo al que, en los siglos oscuros esperaba a las brujas, portadoras de facultades mágicas que, en la gente común, suscitaban una mezcla de envidia y desconfianza.

El ser humano se siente intimidado por aquello que no entiende. Y es sobre todo despavorido frente a una infancia que no está sujeta a su autoridad y pretende sobrepasarlo en el conocimiento de las cosas de la vida. Un niño medium no da menos miedo respecto a una pequeña maga, que juega con el fuego y que probablemente está en contacto con el diablo. Cuando la trascendencia se casa con una inocente fantasía,   incluso los monstruos se transforman en graciosos cartoons. Son marionetas con las que Norman habla con amabilidad, mientras que para los grandes son enemigos horribles para combatir a fusilazos : el terror, según el significado término cinematográfico, en el convertirse en parodia se entrecruza con el western y se convierte en una cuestión de puntos de vista, distorsionada por la perspectiva abrumadora del entorno provincial. Norman no es normal en el sentido estricto, porque es paranormal, es decir perteneciente a una normalidad extendida a la imaginación, que sólo pide ser aceptada como lo que es : un reino donde todo es posible, tan pacífico como frágil, que un exceso de escrúpulo o de razón puede fácilmente herir de muerte.

Y es precisamente esta vulnerabilidad humana - que inserta aquella dimensión invisible, totalmente, en nuestra realidad - a marcar un punto de quiebre con la tradición del género, en la que el infierno, con su fuerzas destructiva, es una entidad potente en su diversidad. Los autores de Para Norman han aprendido la lección de Tim Burton, que ha tomado distancia del carácter absoluto e invencible del mal, para hacer del lado sombrío la celebración de la vida. Pero aquí no encontramos el spleen lunar de "Nightmare Before Christmas" y "Corpse Bride", ni aquella fatal de la tragicidad en la que la alegría del musical es sólo una manera para levantar la moral. Butler y Fell prefieren construir lo lúgubre con las tintas fluorescentes del sueño, haciendolo partícipe de aquella cálida suavidad de contornos que es el acariciable sello distintivo del mundo de las muñecas. La pseudo-anormalidad que encuentra la pseudo-normalidad, dando luz a una verdad absoluta, frecuentemente callada, que nos quiere a todos "idénticos", y por lo tanto merecedores de derechos y respeto.

Cabalgando una animación espectacular, y de una complejidad excepcional, Butler y Fell juegan con clichés sociales y cinematográficos, sin olvidar el ingrediente principal. Las risas. Tantas, tantísimas. Baldazos de diversión, de asociar con una gran dosis de acción (increíblemente fascinante la escena del baño de la escuela), para una película que entretiene, divierte e ilumina, confirmando el crecimiento exponencial del cine de animación. Cada vez más original y valiente, y no sólo en casa Pixar, como lo demuestra esta joya. Que definir imperdible es realmente poco.

Valoración : 8 / 10

 

En dos palabras : El debutante director y guionista Chris Butler, con la colaboración de Sam Fell, realiza, en stop motion 3D, una fábula en el estilo terror adolescencial, que aplica una romántica ironía existencial en el drama de la diversidad. El resultado es un largometraje inesperado y del ritmo apremiante, que se las arregla para escapar del peligro de la banalidad y evita el virtuosismo con la rara habilidad de apasionar transversalmente diferentes generaciones. Los habitantes de este horror world saben cómo conquistarnos, sorprendernos y apuntar directamente al corazón.

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