octubre 08, 2012

Película del día...

De Rouille Et D’Os (Rust And Bone) - Jacques Audiard , 2012

Lidiar con una película de Jacques Audiard es como subir voluntariamente sobre un ring, consciente y preparado para absorber una andanada de golpes bajos que fracturan y regeneran. Así había ocurrido con su película anterior, "Un Prophète", quien escribe la había elegido como la mejor película de 2009 sin duda alguna. Con aquella obra, el director había ganado el Grand prix en Cannes y una nominación al Oscar a la mejor película extranjera. A tres años de distancia de aquella original y maravillosa pieza de prision movie, Audiard regresa a la dirección con su último trabajo, "De Rouille et d'Os".

Basada en la recopilación homónima de relatos cortos del canadiense Craig Davidson, la película narra el encuentro casual de dos personas que han perdido o perderán todo brevemente. Ali (Matthias Schoenaerts) se encuentra en la calle con su hijo, y va de la hermana que no ve desde hace años. Se trata de un padre que no sabe hacer el padre, un hombre fundamentalmente bueno, pero que ha siempre vivido su vida de forma desordenada y al día a día, a momentos con disparos de violencias preocupante. Stéphanie (Marion Cotillard) es una chica hermosa, vive con su novio, pero su historia no funciona más. Sabe de ser fascinante, y encuentra Ali en un club nocturno, donde ha ido para ligar o tal vez simplemente para ser apreciada como mujer. Es una entrenadora de orcas en un parque acuático : un día un grave accidente la deja sin piernas. Todo cambia, tanto para ella como para Ali...

"De Rouille et d'Os" comienza con imágenes que nos introducen en el entrelazamiento dicotómico entre la vida de Ali y aquella de Stéphanie: por un lado imágenes líquidas, oníricas, destellos de viodeoarte en la piscina, y luego escenas sincopadas, metálicas, un viaje en tren, la comida recogida, la llegada donde la hermana en la nueva ciudad. La historia que se desarrolla es complaciente con cierto cine de autor europeo con el que Audiard siempre ha coqueteado aunque si escondiéndose en las tramas del noir, una narrativa que se complica por accidentes, como el encuentro fortuito entre los dos protagonistas, con Ali como un escolta que rescata a Stéphanie, que ha ido allí "vestida como una puta". Los caminos que se cruzan están formados por materiales diferentes, aunque si ambos están fascinados por sus antípodas, ya que son como vectores que se mueven en dimensiones paralelas, en direcciones opuestas : Ali llena su espacio, desahoga sus instintos (comida y sexo in primis), su superficialidad hace que sea una fuerza natural, mientras Stéphanie está siempre en inmersión, atraída por aquella potencia animal y sin embargo armónica (las orcas que entrena) que también puede destruirla. El primero va de frente por su camino, hacia nuevos horizontes en los cuales extrae los mismos mecanismos de autodefensa, la segunda siempre trata de levantarse, reemerger verticalmente.

La pérdida de las piernas de Stéphanie, el corte seco con una parte del cuerpo que de arma para exteriorizar sí misma se convierte en una jaula que la aprisiona, hace evidenciar el camino espiritual que el director francés pone en escena empezando por datos corpóreos y matéricos : el cuerpo fragmentado de Stéphanie y el cuerpo tónico, macizo de Ali, la primera que quiere volver a ponerse en pie, el segundo acostumbrado a mantener la guardia en alto, a golpear para derribar a su adversario. Dos luchadores que aman la adrenalina, gobernando un coloso de la naturaleza (la orca) o arriesgando los huesos por una pelea, hasta que sólo uno permanezca en pie. Su encuentro emana también una carga erótica salvaje : y el sexo es feroz, una necesidad física, un desahogo hormonal para Ali, mientras que para Stéphanie se convierte en un test para ver si todavía puede ser "normal" y sobre todo mujer. Pero la "fisicalidad" está también en las relaciones entre los personajes, sobre todo en la forma en que Ali se relaciona con las personas que lo rodean. Para empezar, es física la relación que tiene consigo mismo y con su vida, una relación hecha de rabia y agresión reprimida, en donde dará rienda suelta luchando en los encuentros clandestinas de boxeo. Es física la relación de Ali con el pequeño Sam, con el cual el hombre no consigue comunicar si no es por las malas (no es exactamente un padre amoroso, precisamente). Y es física su relacióncon Stéphanie, desde el primer encuentro.

Audiard es habílisimo en el representar dos personalidades verosímiles y con las que se entra en empatía en poquísimo tiempo. Personajes complejos, grandiosos, reales, que viven seriamente gracias a una Marion Cotillard espléndida, fragilísima y sin embargo dura al mismo tiempo, siempre a un paso de romperse en un millón de pequeños pedazos, demostrando de ser no sólo la nueva diva europea, sino también una grandísima actriz, llenando de luz la pantalla, con una sonrisa delicada, apenas mostrada, a pesar de que el accidente la deje sin piernas (trabajo excelente del computer graphics ) y sobre todo a la fuerza ciega, los músculos siempre tensos, la inexpresividad y la cruel e hipnótica atrocidad de la carne torturada de un soberbio Matthias Schoenaerts, el actor belga trabaja de cuerpo y esculpe su Ali de manera sorprendente, con su magnetismo natural, transmite una sensibilidad ingenua en las primeras secuencias junto a la devastada Stéphanie, demostrando ser cuidadoso en no tratarla como una discapacitada irrecuperable, exactamente aquello que la protagonista  no quiere ser. Dos interpretaciones en estado de gracia, que conquistan rápidamente mi corazón de espectador.

La escena en la que la ex-entrenadora de orcas prueba, desde una silla de ruedas, aquellos movimientos fatales con la melodía de "Firework" de Katy Perry (aquí se encontrará el mejor uso de siempre de esta canción) es un recorrer de la mirada hacia las extremidades (brazos) que se extienden hacia el cielo, hacia lo alto, gestos fuertes y seguros en un cuerpo mutilado que tiene que encontrar el equilibrio interior. Equilibrio que al final madurará incluso en su compañero de viaje en la vibrante escena del rescate de su hijo del lago helado, donde los huesos de las manos se comprimen sobre el hielo frío y la sangre es la única pista que mancha y sacude el candor de su inconsciencia. Siempre hay algo a punto de explotar en las películas de Jacques Audiard, un gesto, un detalle, una frase. Como si la cámara captase, es más aspirase, todo aquello que tiene delante y como si no filtrase todo el impulso emocional que sienten sus personajes en ese momento. Desde el estratosférico final de "Un Prophète", "De Rouille et d'Os" retoma aquella gestualidad de nuevos renacimientos, de los cuales esta película está llena. Búsquedas de aire contaminado por frecuentes fragmentos sonoros, de luz que filtra de repente por las rendijas de los lugares y suspende un melodrama que irradia brutalidad, rabia, desilusión y ternura. A pesar de las tantas lágrimas de Marion Cotillard, el tono melodramático nunca coge ventaja.

Jacques Audiard nos regala una obra compacta, densa, difícil y hostil, amable y dulce, que nos mantiene pegados a la butaca desde las primeras secuencias. En su manera, un himno a la vida, cuyos bloques de partida residen, sin embargo, en el infierno. Y a partir desde aquí que el espectador debe remontar este camino, peldaño tras peldaño, paso a paso, a través de los callejones sin salida de una obra dura, que suelta golpes dobles al corazón y al estómago, entre óxido y huesos. Aquel óxido que es el espíritu corroído, ácido, rabioso de Ali, pero también la oxidación que parece no atacar las piernas metálicas de Stéphanie. Aquellos huesos que son las piernas quebradas de ella, así como las fracturas insaldables de la mano de él que, llegadas al final, apretará con sincero e renacido amor paternal la pequeña mano de su hijo. Pero además de los dos componentes del título, también hay sangre y asfalto, dientes rotos y fracturas, besos y caricias, sudor y amor. Audiard no se rinde, ni se detiene nunca, e imperturbable mantiene el pulso firme y asesta decidido continuos giros argumentales que nos hacen suspirar. A nivel técnico, son poéticos los recurrentes slow motion, seductoras y oscuras las imágenes subacuáticas, encantadoras y fascinantes las composiciones de Alexandre Desplat como la melancólica voz de Bon Iver, y simplemente de amar la deslumbrante fotografía a contrasol de Stéphane Fontaine.

Audiard trabajando en las trayectorias corpóreas de los dos protagonistas realiza una película intensa, gobernada indudablemente por fuertes desequilibrios, que arriesga pero que no cae nunca en lo patético. "De Rouille et d'Os" atrapa al espectador y, más que declarar, hace trasudar las emociones de los cuerpos de los protagonistas. El directo francés confirma como su intensa mirada, que se posa sobre personajes borderline, sea capaz de emocionar sinceramente. Ha llegado la hora de decir, después de visionar su última obra, que Jacques Audiard es sin duda alguna uno de los mejores autores europeos de su generación, un maestro. El suyo es un cine peculiar, inconfundible, un cine corporal, físico, táctil, que escapa naturalmente de cualquier abstracción, cerebralidad y apremio psicologista, y se ancla, se hunde, en la evidencia de las cosas, de las personas, de los acontecimientos, de aquello que puedes ver, tocar, oler, morder... como también herir. Cine matérico, incluso cuando habla de almas y de aquello que llamamos perezosamente sentimiento. En una sola palabra, cine maravilloso!.

 Valoración : 9 / 10

 

En dos palabras : Jacques Audiard narra la historia de amor de dos personas normales que se encuentran, se compenetran y se entiende al instante. No hay ninguna piedad, ninguna sentencia, sólo debida empatía. Donde las personas marcadas en el cuerpo y en el alma buscan y encuentran un sentido para (re)comenzar a vivir, tal vez incluso una vida completamente nueva : con conciencia de uno mismo y de los demás. En este sentido, "De Rouille et d'Os" da escalofríos. Lo hace rápidamente, con la dedicación de la película a Claude Miller. Puedo decir en voz alta que el suyo es, sin duda alguna, el mejor cine francés de hoy en día.

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