enero 12, 2011

Película del día...

127 Hours - Danny Boyle , 2010

Aron Ralston tiene 26 años y una pasión incontrolable por el trekking. No existe ruta o sendero que no conozca a memoria, montaña sobre la cual no haya escalado. Obviamente no podía imaginar que aquella "simple" excursión al cañón "Blue John" de Utah estaba por convertirse en el momento trascendental de una entera existencia en donde aparentemente no existían límites...
Danny Boyle, adapta la autobiografía de Ralston “Between a Rock and a Hard Place” con la ayuda de Simon Beaufoy, y realiza una película difícil y angustiante : el espectador no puede torcer la mirada hacia otra parte, se está allí con Aron durante toda la película y se sufre con él gracias a un destino tan sarcástico. Boyle es bastante hábil en el combatir contra esta sensación de claustrofobia con la ayuda de los golpes de aire representados por los pensamientos de Aron, que se liberan ligeros y van volando hacia los recuerdos de infancia, hacia los momentos felices y hacia aquellos más dolorosos. En un momento tan difícil el pasado podría ser una fuente de remordimientos y podría privarnos de aquella fuerza que nos hace ir hacia adelante; creer en el mañana, y encontrar un punto de apoyo (en el caso de Aron, el niño "imaginario") al cual aferrarnos.

El director inglés sabe como coger de la mano al espectador, y guiarlo sin necesidad de engañarle; que sean las sucias calles de Mumbai, escenario ideal del enamorado soñador de "Slumdog Millionaire", o los deteriorados apartamentos escoceses del cult "Trainspotting", Boyle cuenta historias que gustan por su profunda verdad. "127 Hours" (el título es ya una declaración de intentos), es también una historia sobre el tiempo; el real que corre inexorable en su pesadez, pero también sobre el del interior del protagonista, que va a una velocidad diferente y vive con las imágenes robadas a la propria memoria. Una historia que principalmente habla de supervivencia , una historia que desea investigar sobre la relación de amor y odio entre el hombre y la naturaleza, pero que sobre todo se revela como un escrupuloso retrato de una persona que siente cerquísima su hora y que piensa inevitablemente en su propia vida : la familia, las primeras excursiones, los amores...

Para poder contar aquello que ronda en la cabeza de Aron por cinco días Danny Boyle opta por no limitarse en nada con lo que concierne el lado estilístico de la película. De esta manera "127 Hours" se convierte en una explosión de aceleraciones, desaceleraciones, split screen, escenas grotescas, técnicas de rodaje absurdas, planos imposibles, momentos terroríficos, y muchas otras cosas más. El resultado es una película que rechaza el simple propósito del dolor y del llanto, y juega la carta ganadora de la ironía para romper la tensión y decirnos algo más sobre su inolvidable protagonista. Imposible no mencionar la tan esperada y temida escena de la amputación del brazo por parte de Aron: obviamente no desvelaré nada, pero se trata quizás de una de las escenas más impresionantes de los últimos tiempos.

Por último dejo lo mejor, es decir, la prueba de un inmenso James Franco. Absolutamente versátil, ya sea en los momentos más cómicos (en particular, la escena en donde el actor entrevista a sí mismo, simulando un talk show televisivo... sorprendente!) como en aquellos más desesperados. El joven actor sostiene todo el peso de la película sobre sus hombros realizando una de las mejores performance del año y se prepara a recibir una más que meritada nominación a los Oscar. E incluso, podría llegar aferrar la preciosa estatuilla…
Una obra que expresa a la perfección el descenso a los infiernos de la locura de un hombre obligado a hacer frente a la muerte sin ninguna esperanza de poderla esquivar. Por esta grande capacidad de contar el lado humano, “127 Hours” es una película que va en profundidad, toca literalmente cuerdas dolorosas  y hace repacificar el género humano con su suo atávico instinto de supervivencia.



En dos palabras : "127 Hours” es una película dolorosa, maltratada por aquella violencia, tan psicológica cuanto gráfica, que hará que parezca desagradable ante los ojos de ciertas personas que no aman ser turbadas en el cine... Una obra, que sin embargo, posee el raro don de hacer sentir al espectador atrapado junto al protagonista, tanto es así que la liberación final llega como una bocanada de aire fresco, en una secuencia triunfante que borra la fragancia de la muerte y abre los brazos a la vida...

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