junio 10, 2011

Película del día...

The Beaver - Jodie Foster , 2011

La trama gira en torno a la triste historia de Walter Black (Mel Gibson). A Walter no le falta casi nada : es presidente de una consagrada compañia que produce juguetes y tiene una bella familia. Aparentemente, sin embargo, no es suficiente para evitar que nuestro protagonista caiga en una profunda depresión. Después de varios intentos con tanto de doctores, medicamentos y terapias, el hombre experimenta,  a su pesar, una ayuda bastante especial y singular. Separandose de su hogar familiar, Walter encuentra por casualidad un muñeco con la forma de un castor. Un poco más tarde, The Beaver, milagrosamente, “tomará vida”! ¿Su misión será? Levantar el destino de un hombre que parece no tener alguna esperanza.

No penséis que sea una hazaña fácil! Cuando el bienestar económico y los afectos, después de todo adquiridos, no permiten dejar hundirse, es evidente que el número de remedios al alcance sufre una importante selección. En algunos casos hay que encontrar "solos" la fuerza para poder levantarse de tales caídas (es más fácil decirlo que hacerlo, ovbiamente). Jodie Foster retrata de manera delicada esta rehabilitación sui géneris de Walter.

Durante la sucesión de los episodios, "The Beaver" consigue hacernos reir, pero sobre todo, nos lleva también a reflexionar. Sirviendose de un registro que hace uso de soluciones non excesivamente fuertes (a excepción de los últimos quince minutos), asistimos a la irrupción de esta especie de marioneta en la vida de la familia Black, hasta llegar al punto de coger, incluso, las riendas de la empresa de Walter. Entre escenas hilarante y otra un poco más sobrias, emerge la potencia de esta escapatoria elegida por el personaje de Mel Gibson. Este último, debido a una aparente inestabilidad mental, se anula en favor del castor que lleva en mano. Sin embargo, al menos en un punto, las palabras puestas en bocca por la directora americana al muñeco “vivente”, nos llevan a hacer una pequeña pausa sobre el porqué un persona pueda llegar tan lejos con tal de no hacer frente a aquello que está sucediendo a su alrededor. Es aquí que, aunque sólo por un instante, nos preguntamos ¿Quién está loco y quién no?. Si en realidad, el extravagante personaje, literalmente inventado por Mister Black, no sea más “normal” del que nosotros dejamos entrar (sin ni siquiera darnos cuenta), dentro de el concepto de “normalidad”.

Otra clave de lectura altamente significativa es la relación entre Walter y su hijo Porter (Anton Yelchin), un brillante teenager que lucha con su "doble vida” de estudiante y escritor a escondidas. Los compañeros de clase se dirigen hacia él debido a sus grandes habilidades de orador. Poco a poco que la trama asume consistencia, se vuelve cada vez más presente el acercamiento entre padre e hijo. El joven dice de odiarlo, pero (como es fácil intuirlo), detrás de este genuino resentimiento se esconde una estimación en el fondo jamás cambiada hacia el padre, superada sólo por una dura amargura. A mi parecer el énfasis puesto sobre el enfoque paterno es funcional para lo que se desea hacer filtrar: el viejo Walter Black ha desaparecido y ahora tendrá que esforzarse realmente para poder (re)construirse, como y mejor que antes.

Antes de terminar esta reseña es necesario resaltar la óptima la fotografía de Hagen Bogdanski, con su paleta de colores consigue combinar magníficamente todas las variaciones del azul (que por antonomasia es el color de la tristeza, “feeling blue”) y del furor expresivo del rojo, en los graffitis de la atormentada co-protagonista Norah (Jennifer Lawrence), novia de Porter. Óptimo también la afinidad entre Mel Gibson y Jodie Foster que constituyen una pareja creíble de mediana edad en crisis; al respecto, es obligatoria una mención especial para el actor, director, productor... australiano, en el doble papel (de ninguna manera al alcance de cualquiera), de deprimido crónico y muñeco hablante. Óptima la prueba de los jóneves Jennifer Lawrence y un fantástico Anton Yelchin. Óptima, por último, la música original de Marcelo Zarvos que en gran parte de la película hace retumbar pianos y violines falsamente alegres y que, en el final, cogen el cuerpo y la voz intelectualmente depremida de Thom Yorke en la elección de aquella pequeña obra maestra del nombre "Exit Music (for a film)" extraída de la tracklist del paradigmático "OK Computer".

En definitiva, "The Beaver" es una película agradable y lo suficientemente tierna para no caer en el ridículo, pero al mismo tiempo realista, de ninguna manera inquisitorial. Su propósito, da lugar a "otra cosa". "Otra cosa" que podemos intentar de imaginar, pero que en su escabullirse de las sentencias fáciles, interroga a cada uno de nosotros sobre que cosa verdaderamente estamos buscando. Sin divisones, ni categorías, que tanto gustan a quién desearía (a lo mejor, inconscientemente) que todo esto fuera realmente más simple.

Valoración : 7/10


En dos palabras : Jodie Foster y Mel Gibson afrontan el oscuro tema de la depresión a través de un guión fantasioso y original. No obstante la diferencia entre una primera parte más brillante e implicante y la sensible caída de tono en la segunda, que conduce a un epílogo que contrasta y disminuye el asunto principal de la película, los ingredientes bien mezclados entre ellos otorgan sin embargo a la "comedia" una buena nervadura de base que regala noventa minutos de entretenimiento agridulce.

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