octubre 11, 2011

Película del día...

Restless - Gus Van Sant - 2011

Enoch es un adolescente que ha perdido a sus padres en un accidente y no ha podido asistir a su funeral porqué se encontraba en coma. Al despertar nada ha vuelto a ser como antes. La rabia y la frustración han hecho de él un joven en fuga de todo y de todos, que transcurre sus días infiltrandose en funerales de desconocidos (en el tentativo de sanar el dolor por non haber partecipado al de sus padres) y hablando y jugando a batalla naval con el amigo Hiroshi, fantasma de un joven kamikaze muerto durante la Segunda Guerra Mundial. Su vida gira, por lo tanto, tristemente en torno al acontecimiento de la muerte, hasta que un día encuentra (precisamente en un funeral - una sonrisa y todo se convierte en pura magia) Annabel, tan dulce y solar (fascinada por darwin y por la vitalidad de la naturaleza) como cercana al final, condenada por un tumor cerebral que no deja lugar a la esperanza. Su encuentro será terapéutico para Enoch (que volverá a disfrutar de la existencia terrenal) y una dulce despedida a la vida para Annabel, y su breve pero intensa historia cambiará el latente grito de dolor en un grito de amor a la vida...

Desde los protagonistas psicodélicos de "My Own Private Idaho" a aquellos atormentados de "Paranoid Park", Gus Van Sant ha sido siempre capaz de representar, como pocos, el mundo inquieto y melancólico de la edad joven, junto con el de de las vidas al margen de la sociedad, dominada por la dificultad de vivir dentro de su propia diversidad, extrayendo pensamientos y maneras que en sus excéntricos excesos han dado vida a personajes más excepcionales que raros, como Will Hunting o Harvey Milk. En su último trabajo Van Sant abandona (en parte) la rapsodia narrativa de la mayoría de sus obras subversivas para lanzarse en cuerpo y alma en una relectura "compuesta" explícitamente de amor trágico, que a su vez ha sido siempre objeto de gran interés literario y cinematográfico. Una clásica historia de amor fatalmente interrumpida por los obstáculos circunstanciales del destino, pero esta vez atravesada por una ligereza fuera de lo común, y encuadrada en el cuadro otoñal de un sentimento destinado a durar poco y por lo tanto aún más (des)encantado, cristalizada en la extemporánea armonía de dos almas solitarias en la búsqueda de un motivo para volver a vivir (o morir serenamente). La última película de Van Sant relee el drama sentimental con una insólita clave de optimismo melancólico, otorgando a sus dos adolescentes "especiales" una naturaleza casi divina.


"Restless" (basada en la obra teatral de Jason Lew) profundiza una atmósfera menos grotesca y más existencialista como la espléndida complicidad dark de la pareja "Harold and Maude" (la historia de amor imposible por excelencia del séptimo arte) de Hal Ashby. Ellos, como los protagonistas de la película de Van Sant, se conocieron en un funeral. Ellos, también, se encontraban unidos por un cariño especial que iba en contra de todos los cánones y posibilidades. Ellos, tambien, parecían "muertos" en vida. Y ellos, también, permanecian unidos por el tema de la muerte que rodeaba sus vidas (Harold planificaba suicidios, Enoch los roza solamente, pero tiene como único amigo a un muerto), en la película de Van Sant a hacer la diferencia es la "coetanidad" de los protagonistas y el trágico destino - ya escrito - de Annabel que hará que el amor entre los dos jovenes, melancólicamente asociado a la fugacidad de aquella estación otoñal en donde se consumirá (inevitablemente), un consciente pero alegre canto del cisne. 

Un acercamiento puro y cautivador con el cual Gus Van Sant se propone exorcizar el fantasma de la muerte (como máscaras durante la noche de Halloween o siluetas dibujadas en el asfalto), elaborar el duelo a través de un himno a la vida que encuentra la expresión correcta en dos protagonistas en estado de gracia: el debutante, pero notable Henry Hopper (hijo del fallecido Dennis) en el papel del inquieto Enoch y la ya conocidísima y maravillosa Mia Wasikowska (belleza etérea encerrada en un cuerpo extraordinariamente delicado y vital) en el papel de la frágil Annabel. Los jóvenes de Van Sant son frágiles y sensibles, inquietante y tranquilizadores al mismo tiempo, conscientes de la caducidad de sus cuerpos mortales pero dispuestos a vivir un amor utópico que sueña con estar por encima del espacio y del tiempo. 


La forma en que el director describe estos dos adolescentes es tan elegante y poética de hacerles parecer dos criaturas semi-divinas, por razones diferentes ambos son capaces de entender completamente la compleja e inestable relación entre Eros y Tánatos, y por lo tanto, extraordinariamente capaces de emanciparse (solo Enoch en un acceso de "mortalidad" sufrirá la presión de la desesperación) del sentimiento de angustia humana que constantemente persigue y atormenta principalmente a los que permanece en este mundo. Van Sant pone en escena una historia trágica desvinculandose por lo tanto del clásico recorrido del dolor que la misma implica, concentrándose en cambio en el tema de la aceptación del destino, en la belleza de lo cotidiano, en el sueño de un adiós a una vida llena de alegría; un acoplamiento cinematográfico en donde vida y muerte se funden en un único gesto de complicidad humana.

El último trabajo de Gus Van Sant, por consiguiente, no es tan sólo un himno a la alegría de los sentimientos más puros, a la tragedia de algunas situaciones difíciles que la vida nos pone delante, y a las cuales debemos responder siempre con gran coraje, es también un retorno nostálgico a los inolvidables años 70 y a la atmósfera característica de la Nouvelle Vague. Una mención especial va a la fotografía, capaz de acentuar la belleza de la ciudad de Portland, donde la película ha sido rodada, a la tierna y melancólica banda sonora de Danny Elfman, y a la intensa "The Fairest Of The Seasons" de la grandísima Nico... "Restless" es tal vez la película más poética y delicada de Gus Van Sant, que consigue asomarse sobre los dos más grandes - y aún no metabolizados - tabúes de la sociedad occidental, la enfermedad y la muerte, desde la ventana de una conmovedora (y quizás un poco lúgubre) historia de amor, sin inclinarse demasiado y sin olvidar jamás el vacìo inmenso – metafísico y emocional - que existe debajo de ella.



En dos palabras : En el marco otoñal de Portland, Gus Van Sant realiza una obra desprovista de la pátina dramática típica de las películas de género, calcando en cambio los tonos ligeros y divertidos de "Harold and Maude", en donde los protagonistas de "Restless" se reflejan profundamente. Una película conmovedora sin lágrimas, dramática sin gritos, en donde todo el dolor es transformado en madura - y a veces alegre - aceptación de sí mismo y del propio destino, gracias también a la excelente prueba de dos maravillosos actores : Mia Wasikowska y Henry Hopper. Absolutamente recomendable.

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