octubre 17, 2011

Película del día...

Tomboy - Céline Sciamma , 2011

Laure tiene 10 años y acaba de mudarse, junto con sus padres y su hermanita Jeanne, a un nuevo barrio de París. Un poco por diversión y un poco para realizar un sueño secreto Laure decide de presentarse a sus nuevos amigos como un niño de nombre Mickael. En este nuevo rol es plenamente aceptado por el grupo. Pero el verano está por terminar, dentro de poco comenzará la escuela y el juego del disfrazarse poco a poco se volverá cada vez más complicado... Con el uso de la cámara al hombro, Céline Sciamma deja caer a su público en un ambiente profundamente intenso. Lo hace dulcemente, con un toque materno dirigido a la protección, pero también con una poesía implícita en cada instante de la obra, emocionando incesantemente al espectador. La segunda película de la talentosa realizadora francesa se impone por su extraordinaria simplicidad y por una naturalidad absoluta que desconcierta e implica al espectador.

La cineasta francésa consigue desentrañar, las personalidades de los personajes sin dejar nada al azar. En efecto, a pesar de la profunda intensidad de las situaciones, aquello que prepotentemente sobresale es exactamente la descripción y el estudio de las personalidades de los personajes. Los primeros planos muestran una brisa que acaricia los cabellos rubios y cortos de la protagonista, Laure (interpretata por Zoé Héran), llevandote a hacer una cierta analogía entre la acción invisible, y sin embargo reconocible, del viento y el toque estilístico transparente de la joven realizadora (31 años aún por cumplir), que acompaña de una manera no invasiva ni didascálica la historia, dejando germinar la impresión de que la vida de los personajes se cuente por sí sola. En el nombre del minimalismo el esbozo de las relaciones familiares, de la vida de barrio, de los sentimientos que unen a los diferentes protagonistas de la historia; así como los diálogos son dosificados con sabiduría, cotidianos y verosímiles, con algunos parpadeos brillantes y/o cómicos, pero desprovistos de tonos encendidos y de fuetes contrastes.

El estilo, como el fondo blanco para un dibujo a carboncillo, deja que la historia sobresalga y que el espectador tenga la oportunidad de reflexionar sobre la complejidad de los temas tratados: en particular sobre el desarrollo de la identidad de género en el curso de la infancia y de la pre-adolescencia, sobre equilibrios familiares y amistosos y sobre la necesidad de pintarse una máscara para ser uno mismo. Con delicada audacia la tilde es puesta sobre las naturales inclinaciones sexuales de los niños, que entran plenamente en el juego y en el experimento de sí mismo, por lo menos hasta que la estructura social no recaiga sobre ellos, cubriendo de sentimiento de culpa, los comportamientos adoptados con la más completa inocencia de los instintos. El dilema que la protagonista vive respecto a su propia identidad, se divide entre lo que su cuerpo le impone de ser y el irrefrenable deseo de su mente que desea lo contrario, sin caer jamás en una excesiva dramatización de las situaciones. Los diálogos son reducidos al mínimo porqué la fotografía maravillosa llena la pantalla y los intensos primeros planos colman de pensamientos y reflexiones lo no dicho. El mismo descubrimiento de la verdadera sexualidad de la protagonista no resulta necesario, porqué el punto es sobre un tema mucho más importante, la autoconsciencia de sí mismo, la libre expresión del individuo, más allá del propio cuerpo.

Céline Sciamma deja tanto espacio a la intensidad y la expresividad de los rostros. Los micromovimientos de las facciones, caracterizados por una conmovedora belleza, nos hablan de esperanza, angustia, alegría, miedo, sensualidad, haciendonos entender cómo las palabras son innecesarias. Por lo tanto, no es tan sólo una película sobre la infancia, una edad que muchos creen destinada a la inocencia, pero en realidad cargada de sensualidad y emociones ambiguas, sino más bien sobre la identidad, en particular sobre la formación y la afirmación del “yo” más profundo en una de las más sensibles estaciones de la vida. La realizadora francesa juega rápidamente con la identidad ambigua de la protagonista: con el cabello cortísimo y con sus vestidos "poco" femeninos, haciendo que espectador encuentre un poco de dificultad en reconocerla como una niña.

Además la realizadora consigue enmarcar perfectamente la sintonía y complicidad que nace entre las dos hermanas. La relación entre Laure y la pequeña Jeanne, es impreganada por un afecto incondicional, conmueve por su completa pureza de sentimientos. Los pequeños intérpretes son extraordinarios, en especial la protagonista Zoè Héran y su hermana cinematográfica Malonn Lévana. Las suyas son actuaciones naturales, sencillas y divertidas, capaces de expresar sin ningún tipo de falsedad o caricatura una edad, la infancia, fundamental para la formación del ser humano. "Tomboy" es un manifiesto realista di experimentación identidaria, que no se avergüenza de celebrar la búsqueda y la curiosidad que cada adolescente (o pre-adolescente) por naturaleza cultiva en la creación de la propia adultez. Y cualquier tipo de instrumentalización sexual – o peor aún, antisexual – de esta película sería un insulto a la belleza y la potencia del cine infantil.

Valoración : 8/10


En dos palabras : Céline Sciamma con delicadeza y autenticidad aborda el mundo difícil y complejo de los pre-adolescentes, y sin juzgarlos o criticarlos, los fotografía en un contexto poético, encantado, como debería ser la infancia. "Tomboy" es una mirada, más o menos maliciosa sobre la vida secreta de estos niños que juegan en el patio trasero de un edificio, una película sobre la búsqueda de la propia identidad. Un film solar (no obstante el fuerte subtexto) come un "Principito" - femenino - de la era moderna. Más que recomendable.

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