octubre 31, 2011

Película del día...

Jane Eyre - Cary Fukunaga , 2011

Jane Eyre huye de Thornfield Hall, una finca enorme y aislada en la que trabaja como institutriz de Adèle Varens, cuyo tutor es el opresivo dueño, Edward Rochester. La majestuosa mansión - y el carácter autoritario de Rochester - han puesto a dura prueba su resistencia. Jane no tiene ningún lugar a donde ir y es acogida por el pastor St. John Rivers y sus hermanas. En Moor House, la residencia de los Rivers, Jane inicia a vivir el presente, pero revive en su mente los tumultuosos acontecimientos que la llevaron a escapar, preguntándose si el pasado ha quedado realmente en el olvido.

Con los años, junto con otros clásicos como "Pride and Prejudice" y "Wuthering Heights", la famosa novela de Charlotte Brontë ha sido llevada a las pantallas cinemátograficas y televisivas decenas de veces. La adaptación en 1996 firmada por Franco Zeffirelli - elegante y fastuosa, un poco demasiado manierista e impersonal - es probablemente la que todos recordamos mejor. Esta nueva apasionada versión, realizada por Cary Fukunaga (director ya apreciado de la óptima "Sin Nombre") se sirve del óptimo guión de Moira Buffini, que logra la difícil hazaña de reducir sin desnaturalizar la obra de la novelista inglesa, permaneciendo fiel a la escritura, destacando especialmente la aspectos oscuros y góticos de la historia, más allá de la novela de formación y de la historia de amor atormentado entre la joven institutriz y Mr. Rochester.

A diferencia de sus predecesoras, el director elige contar la historia narrada por Charlotte sin seguir la cronología exacta de los acontecimientos. La película comienza con Jane Eyre que, turbada, deja la aislada y lúgubre mansión de Mr. Rochester y escapa sileciosamente hacia el páramo. Luego, a través de una serie de flashbacks, nos damos cuenta del pasado y de la lamentable infancia de la protagonista, de su llegada a Thornfield Hall, y del florecimiento de ese sentimiento que la ata indisolublemente al misterioso dueño de la mansión. Es un mantra afirmar que la dificultad de la transposición de las imágenes en un texto literario es directamente proporcional a su estratificación, a la multiplicidad de sus niveles de lectura, a los matices que a través de miles de adjetivos alcanzan la mente del lector para poder multiplicarse en su imaginación. Jane Eyre, por su parte, es sin duda alguna un texto lleno de atmósferas y sensaciones - en algunos aspectos tan inaprensible como la Eyre (air) protagonista - que atraviesan la infancia dickensiana de Jane para después dar rienda suelta a la frustración del amor hacia el sombrío Mr. Rochester.

Cary Fukunaga ha aferrado mejor que otros la dicotomía de la novela, costantemente en vilo entre el impulso de los grandes sentimientos y la oscura incapacidad de vivirlos plenamente, a causa de indelebles traumas pasados. Y es en esta transición de la oscuridad, cuidadosamente descrita en la profundidad envolvente de la primera escena, pasando por el reflorecer a través del recuerdo de la estación del amor y el ahogarse en los hostiles recuerdos de la infancia, que Fukunaga manifesta plenamente el fluctuante estado de ánimo de la heroína del siglo XIX. Un óptimo trabajo de introspección al que se une un más que fiel (en el tiempo narrado) trabajo sobre los ambientes, el vestuario y los diálogos, capaces de transmitir perfectamente el rigor asfixiante de la época victoriana en la que el temperamento femenino tenía que ser exprimido en los corpiños y modelado en los severos chignons, ambos aptos para ocultar la hipocresía de la época.


No menos importante la valiente decisión de diversificar los dos personajes principales de las diferentes versiones vistas en pantalla: la Jane de Mia Wasikowska austera e inteligente, pero sorprendentemente vital (y bastante joven) es simplemente extraordinaria. Sobre su pálido rostro se materializa con extrema naturalidad una infinita gama de expresiones que corresponden a los tormentos, a las alegrías y a las frustraciones de Jane Eyre. Su actitud severa y moderada esconde una emotividad ferviente y encarna con facilidad el mensaje socio-político contenido en la novela original, el fuerte sentido de independencia de Jane, su espíritu indomable, su fuerte moral debido no a la intolerancia de aquella época, sino a un profundo respeto por su persona. Frente a la increíble performance de Mia Wasikovska, el talentoso Michael Fassbender nos regala también una impecable interpretación. Su Rochester es intenso, sombrío, feroz y misteriosamente irónico. Esta combinación junto con la sensible diferencia de edad entre ambos (un elemento verosimilmente perteneciente también en el libro) pone a los dos protagonistas de una manera muy realista y fascinante, haciendo todo aún más intenso. Es en este punto de vista que la relectura de Fukunaga se coloca por encima de muchas (si no todas) las precedentes versiones de "Jane Eyre", haciendo justicia a la indomable y crepuscular historia de amor salida de la pluma de Charlotte Brontë. En el excelente reparto también hay que mencionar a la ostentosa tía Reed (Sally Hawkins), al pastor St. John Rivers (Jamie Bell) y la afable (ama de casa) señora Fairfax, magistralmente interpretada por la venerable Judi Dench.

La clave de lectura elegida por Fukunaga es muy gótica. Por otra parte la novela de Charlotte Brontë entra el género "Female Gothic" muy en boga a fines del 700 y principios del 800, escrito por mujeres para mujeres,  para luchar contra su inseparable condición de "ángel del hogar". Por último, cabe resaltar la indudable atención casi viscontiana por los pequeños particulares, espléndidas las ambientaciones oscuras e inquietantes, la reconstrucción precisa de la Inglaterra victoriana a través de la gran cantidad de detalles de las impresionantes escenografías y del vestuario minucioso de Michael O’Connor. Así como también, la hermosa fotografía de Adriano Goldman y la bellísima música del grande Dario Marinelli. Más allá de la historia de una mujer valiente, "Jane Eyre"; es una exploración de las profundidades más oscuras del ser umano. El último trabajo de Cary Fukunaga, encanta y emociona, como sólo los grandes clásicos atemporales saben hacer.

Valoración : 7.5 / 10



En dos palabras : Enésima, pero audaz transposición de la eterna Jane Eyre, Cary Fukunaga demuestra ser capaz de elaborar perfectamente la complejidad de la novela y de los delicados equilibrios entre los personajes sin resultar pedante o artefacto. Tal vez la mejor adaptación lograda hasta la fecha, o mejor dicho, la más fiel al estilo de Charlotte Brontë y ciertamente capaz de superar en consistencia expresiva incluso el intento - destacable gracias (principalmente) a la presencia de la fascinante Charlotte Gainsbourg - de Franco Zeffirelli. Más que recomendable.

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