octubre 25, 2011

Película del día...

Melancholia - Lars Von Trier , 2011

En el fin del mundo de Lars Von Trier no existe un Dios, no existe un salvador, la naturaleza hace una limpieza cósmica danzando sobre las notas de "Tristán e Isolda"; un destino ineluctable que llega a posarse como un velo de melancolía, irracionalmente poético y emocionante. "Melancholia" es un drama más psicológico que apocalíptico, que nace de aquellos momentos oscuros y depresivos vividos por el director danés. Un viaje que se preve oscuro desde el título y desde las primeros sugestivos planos, imágenes fijas (o casi) y escenas en cámara lenta que pasan ante nuestros ojos para mostrar una vista previa de lo que será el final del viaje que estamos por emprender, en las profundidades de la mente humana y hacia un hipotético fin del mundo. Pero no os desesperéis, al menos no por ahora, porqué es en el íncipit de romántica atmósfera wagneriana y pomposa solemnidad que el controvertido director danés toma la iniciativa, entrabriendo el umbral de aquel nostálgico valle de lágrimas - invadido por una luz amarilla - en donde sumergirá la historia de dos hermanas divididas en la vida y unidas (quizá) por el destino siniestro y apocalíptico que les espera.

La nueva obra de Von Tries está dividida en dos capítulos : en el primero conocemos a Justine (una maravillosa Kirsten Dunst), mirada y sonrisa suspendida en el vacío, perdida - más que absorta - en el medio de su boda con Michael (Alexander Skarsgård), aún no familiarizado con la triste agonía de vivir de su reciente esposa. El "gran evento" ha sido organizado por la cariñosa hermana Claire (la siempre óptima Charlotte Gainsbourg) y su marido John (Kiefer Sutherland) y en donde son partícipes un variegado e inflamable grupo de familiares y conocidos (obviamente de la deprimida esposa): la lunática y venenosa madre (Charlotte Rampling), el padre despreocupado (John Hurt), el sádico jefe (Stellan Skarsgård) dispuesto a realizar sus propios intereses utilizando todos los medios posible. Nos encontramos en el clima de "Festen", es decir en esa atmósfera de excitación agridulce que impregnaba la película de Thomas Vinterberg, pero sólo durante los primeros 30 minutos porqué inevitablemente( y afortunadamente) después la película cambia dirección, dejando a la depremida Justine sola con sí misma y con su universo, incompatible con el universo pseudo-normal de los otros, pero que pronto encontrará la paz de la mente gracias a Melancholia (un planeta que esta realizando alrededor de la tierra una sugestiva como peligrosa danza de muerte).

Al contrario de su hermana Justine, Claire es la clásica mujer real, completamente a gusto y (casi) perfecta en el papel de amorosa esposa y madre. Sin embargo, será la voluntad de su amor por la vida y por su familia, el afecto (casi irracional ante los ojos de Von Trier) por las cosas terrenales, a arrojarla en la desesperación (a diferencia de su hermana que en cambio encontrará la tranquilidad de aquellas personas que no tienen nada que perder) frente a la amenaza de un posible fin del mundo. Un segundo capítulo en el que las diferentes características de las dos hermanas serán comparadas y contempladas mientras se mueven en el limbo de la espera, aferrada a una esperanza desesperada en el caso de Claire, envuelta en un "plácida" resignación en el caso di Justine. Y a medida que Melancholia avanza en su "danza de muerte" con la Tierra, las una vez unidas y ahora distantes hermanas parecen estar cada vez más cerca, al igual que (por encima de ellas) los dos planetas en curso de colisión.Y una vez más son ellas, las mujeres, chivo expiatorio y símbolo encarnado de la condenación terrestre a inmolarse en un sacrificio que tendrá un poder revelador y catártico en los propósitos de la narración.

"Melancholia" es sin lugar a dudas una película que creará la habitual, indeleble divergencia de opiniones entre aquellos que reencontraran intacta en el genio de Von Trier la representación y percepción de ese mundo sombrío que ellos mismos imaginan, y aquellos que alejaran con indignación las lóbregas tintas de esa manera de hacer cine, para bien o para mal, siempre fuertemente atravesada por rabia, injusticia, dolor y por la amarga impresión de una vida terrena invariablemente "cruel". En la liberadora e impactante "Antichrist", Von Trier hablaba sobre "el llanto de todas las cosas que están destinadas a morir". Aquí, en una forma mucho más elegante y sobria (para sus parámetros), el director retoma el discurso sobre la "extemporaneidad" de la vida, a partir del gemido de aquel llanto para mostrarnos cómo, paradójicamente, las personas deprimidas acepten el final con una calma casi sobrenatural respecto a aquellas "integradas en el mundo", aniquiladas por el temor de perder todo aquello que han construido a lo largo del tiempo. Una dinámica que él, la quintaesencia de la depresión, parece conocer muy de cerca y que en "Melancholia" asume el evidente semblante de una joven que se hunde en el barro, obstaculizada en su camino por ramificaciones filamentosas que la envuelven y no la dejan andar. Y es exactamente en esta imagen, inscrita en una historia desde el prólogo claramente melancólico que tiende a desenredarse en el epílogo, que Von Trier sublima la narración del drama humano por apoteosis, hacia aquel final en donde todos nos dirigiremos inevitablemente.

Lars Von Trier pone en la boca de Justine (su alter ego) la razón de este epílogo de manera seca, presuntuosa y terrible: “The earth is evil” y nutre su personaje con otras sentencias nihilista como "we're alone in the universe". Aceptando la visión de Von Trier podemos disfrutar de esta poética disolución del mundo y dejarnos llevar  por la emociones: por otra parte incluso la indiferente Justine llora a pocos minutos del final. Al igual que con todas las películas de Lars Von Trier, la sentencia unánime es algo inconcebible. Filtrada a través de la sensibilidad de cada espectador, "Melancholia" puede dar lugar a sentimientos increíbles o al rechazo total de aquellos que se encuentran frente a una película incomprensible, lejos de estar perfectamente terminada. Las sensaciones coexisten no sólo en "Melancholia", sino en toda la filmografía de Von Trier, pero es por esta razón que cada espectador dentro su corazón ya sabe cómo actuar, y con qué grado de discrecionalidad, frente a esta película..

No queda más que, sea cual sea la posición de cada uno, destacar absolutamente la fascinación ejercida por el director danés sobre el análisis de un mundo anárquico y muy contaminado por los impulsos negativos, junto con una dirección más original y persuasiva que se caracteriza por el uso sin escrúpulos de las luces (y no sólo), por el realismo buscado en los tantos movimientos de cámara, y por la grande capacidad de seducir en las tramas de sus películas, actores simpre de primera clase (o, por el contrario, de imaginarse para ellos papeles que calzen perfectamente). Es como una flecha peligrosa y malditamente capaz de dar en el blanco, siempre disponible en el arco impredecible del enigmático Lars Von Trier.

Valoración : 8/10


En dos palabras : Una grande ouverture sobre la música de Wagner abre la danza de la muerte de "Melancholia", una película sobre el nihilismo cósmico del director danés que ha acostumbrado a todo a su público, pero ciertamente no a la indiferencia. Una vez más, obstinados a no ceder al yugo de la muerte o hechizados por el encanto de la descabellada originalidad de Von Trier, no nos queda más que mirar desorientados la órbita irregular atravesada por "Melancholia" y luego decidir si permanecer de brazos cruzados ante tantas, innecesarias circunvoluciones o dejarse cautivar por su escepticismo aplastante.

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