octubre 22, 2011

Película del día...

This Must Be The Place - Paolo Sorrentino , 2011

Tras el éxito de 2008 con “Il Divo”, aplaudido y premiado en todo el mundo, el director napolitano regresa a la escena con un proyecto igualmente ambicioso: una película de alto presupuesto rodada en inglés, entre Irlanda y Estados Unidos, con un cast internacional que ve en primera fila una estrella del calibre de Sean Penn. En "This Must Be The Place" (el título es tomado de la homónima canción de los Talking Heads), el versátil actor estadounidense se mete en uno de los papeles más extraños de su carrera: el de Cheyenne, una rock-star cincuentañera que ha dejado colgada la guitarra encerrandose en un voluntario pre-pensionamento, atormentada por sentimientos de culpa por la muerte de dos jóvenes fans. La desaparición del anciano padre, con el que no tenía contacto durante casi treinta años, impulsará Cheyenne a emprender un viaje on the road a través de los Estados Unidos, donde vivirá una serie de encuentros con diferentes personajes...

Enterrado debajo de una gigante peluca negra, con una máscara de maquillaje sobre el rostro y una buena dosis de lápiz labial en los labios, el Cheyenne de Sean Penn se mueve sobre un escenario de apatía diaria, como un divo del glam-rock que, incluso después del final de su último show, se ha mantenido inextricablemente atado a su imagen pública. Con sus movimientos desacelerados, casi de autómata, y una voz cansina y en falsete que recuerda aquella de Truman Capote, Cheyenne parece ser un hombre de mediana edad que ha conservado la mirada y el alma de un niño. Acosado por una sensación de aburrimiento perpetuo que roza la depresión, atormentado por los remordimientos que no consigue superar, Cheyenne vive en un estado de soledad y de profunda insuficiencia, a pesar del sólido afecto de su esposa Jane (interpretada por una excepcional Frances McDormand), bombera dal carácter solar y pragmático, contrapuesto al del marido.

El mayor acierto de "This Must Be The Place" radica en el saber describir, con equilibrio y eficacia, un personaje un tanto arriesgado y fuera del común, como lo es el personaje interpretado por el siempre grande Sean Penn. Su forma de ser tan extraña y ajena a cada contexto refleja motivaciones iconográficas y narrativas, hace las cosas más interesantes, es una metáfora bastante clara sobre la fragilidad de ciertos sentimientos y ciertas maneras de ser (en el mundo) que (en el mundo de hoy en día) parecen bizzarras y folkloristas reliquias del pasado, acariciadas (una vez más) solamente por nuevas generaciones de outsiders. Niega estar en busca de sí mismo, Cheyenne, y probablemente, tiene razón en hacerlo. Porqué él, Peter Pan sorrentiniano, prisionero voluntario de una infancia que nunca ha abandonado, no se busca a sí mismo. Pero, encontrando al hombre cuyas huellas ha seguido a través de los Estados Unidos (un hombre con el que, de una forma totalmente no-aleatoria, condivide un apellido falso), encontrará un padre que había abandonado, y el valor de salir del túnel en el que se había encerrado cuando era un niño.

Encendiendo un cigarrillo, encontrará la manera de abandonarse al único vicio que nunca lo había atraído, porqué "los niños no se sienten atraídos por el humo": y por consiguiente de convertirse en un "adulto". Hasta legar a una última transformación que - para quien escribe - tiene el regusto amargo de una normalización no necesaria. Con su mezcla de infantilismo, inocencia y melancolía, el "clown triste" de Sean Penn será protagonista de situaciones siempre diferentes, sobre los pasos de un viejo criminal de guerra nazi al que su difunto padre había estado buscando en vano durante mucho tiempo. El tema del holocausto, sin embargo, es sólo uno de los elementos tocados por esta película anómala y fragmentaria, que presenta de forma evidente la huella de Sorrentino en el estilo de dirección, como en la narración, pero sin poseer la magnífica complejidad de una obra como "Il Divo". "This Must Be The Place" resulta un obra difícil de categorizar, que mezcla drama y humor en el interior de una estructura episódica fascinante, pero no siempre convincente.


Paolo Sorrentino escribe por primera vez junto con otro guionista... y es evidente. En "This Must Be The Place" hay una mirada más optimista y reconciliada en comparación con su espléndida filmografía anterior, los tonos cáusticos son ablandados, la amargura presente es inmediatamente suavizada. Permanecen invariadas, en cambio, las figuras estilísticas - visuales, fotográficas, musicales y sonoras - que hacen del director napolitano uno de los mejores exponentes del cine italiano y no sólo. "This Must Be the Place" es una película que posee algunos puntos altos, y es también capaz de golpear emocionalmente: sobre todo en los momentos en donde la levedad de su protagonista se transforma en contenida pero desesperada rabia. Como cuando Cheyenne grita su aflicción en la cara de un impresionado David Byrne. Pero es también una película con algunas sombras, sutiles: sobras de un (in)completamiento evanescente, impalpable y programático, de una escrupolosidad casi obsesiva, maniacal. Una ulterior demostración que incluso el más preparado y dotado cineasta, como Paolo Sorrentino, puede naufragar en presencia de las sagradas reglas que mezclan arte e industria en ese misterioso mundo paralelo llamado Hollywood.

Valoración : 6.5/10


En dos palabras : Es difícil de expresar una opinión sobre la nueva película de Paolo Sorrentino, sobre todo teniendo en cuenta la infinidad de temas que tiene el valor - y la capacidad - de llevar en pantalla. Y a partir de este impulso irresistible de mostrar todo lo posible para poder sorprender al espectador, pueden venir algunas preocupaciones acerca de la consistencia y la calidad de la historia narrativa en sí. "This Must Be The Place" desea ser una película sobre la historia, la familia y el crecimiento, un objetivo ciertamente ambicioso, pero no plenamente centrado.

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