septiembre 15, 2012

Película del día...

Bella Addormentata (Dormant Beauty) - Marco Bellocchio , 2012

"El amor cambia la forma de ver las cosas, no es cierto que enceguese, al contrario..."

                                         Maria (Alba Rorhwacher)

Marco Bellocchio se confirma una vez más el director de la complejidad, y una de las voces más lúcidas y valientes dentro del panorama cinematográfico italiano. Acercandose a un tema tan delicado, actualísimo, como la historia de Eluana Englaro, opta, junto con sus co-escritores Stefano Rulli y Veronica Raimo, de abordar el asunto desde un punto de vista "externo", indagando los "efectos" que un evento semejante ha producido sobre una muestra de personajes y sobre la sociedad "italiana".

Un senador del PdL, Uliano Beffardi (Toni Servillo) es convocado a votar en Parlamento una ley que regularize el testamento biológico, pero no sabe responder a su propia conciencia o a la disciplina del partido, mientras tanto, su hija, María (Alba Rorhwacher), una activista del Movimiento por la Vida , parte hacia Udine para manifestar frente a la residencia sanitaria donde Eluana está transcurriendo sus últimos días. Roberto (Michele Riondino), junto a su hermano menor y perturbado Pipino (Fabrizio Falco), se coloca en el lado opuesto y "laico" de la situación, y sin embargo termina enamorándose de María, correspondido. Una actriz, (Isabelle Huppert) turbada después de que su hija ha precipitado en un estado vegetativo similar al de Eluana, se entrega en cuerpo y alma a la fe, descuidando el afecto de su marido y de su hijo. Un adicta a las drogas Rossa (Maya Sansa) intenta suicidarse pero es salvada por un decidido médico (Pier Giorgio Bellocchio) cuya preocupación va más allá de los límites impuestos por su trabajo.

Marco Bellocchio está constantemente encima al tema de la eutanasia, pero nunca lo pone al centro del propio discurso, al contraio, termina por abrazar un espectro de temáticas y cuestiones que van desde la religión al libre albedrío, desde la relación padre-hijo a la reflexión sobre el individuo en una sociedad inundada por imágenes. Un ambicioso compendio de lo que es el cine del director piacentino desde "L'Ora di Religione" hasta esta parte, en donde los acontecimientos de estos personajes, todos igualmente falibles e "inestables", se mezclan sin (casi) encontrarse, si no delante a una pantalla de televisión. Bellocchio no busca el cuadro Altmaniano, lo que él desea mostrar no es el estado de un país, sus contradicciones y distorsiones, no adopta posición alguna y se mantiene constantemente al borde de la ambigüedad, él sobre todo está interesado en permanecer pegado a sus protagonistas, en el hacer de ellos el síntoma de un mundo, de un sistema, que evita cualquier interpretación o clasificación. De esta manera, en " Bella Addormentata" salen en superficie las contradicciones y conflictos, tal vez sin salida, de una política ciega y grotesca (memorable la secuencia en el baño turco, con senadores envueltos en mantos asemejandose a los antiguos romanos, y el psiquiatra Roberto Herlitzka que confiesa que los políticos se deprimen cuando la "TV deja de buscarlos"), que obliga a tomar posiciones contrarias a la propia voluntad, en donde se podría enamorar a primera vista de una persona con puntos de vista completamente opuestos a los propios, y en donde se descubre la voluntad de vivir gracias al confidente más improbable.

Bellocchio nunca busca las soluciones más fáciles, concluye, de hecho, sus historias según el principio de la incertidumbre, como si quisiera reafirmar que la complejidad de la existencia y sus problemas, no pueden ser capturables ni cuantificables por la cámara, y trascienden la superficie de la pantalla. Para hacer esto, además de confiar en un reparto ejemplar, pone en práctica todas sus habilidades como narrador fuera de lo común: los acontecimientos se apoyan sin robarse espacio, mezclando diferentes registros dramáticos (desde el segmento grotesco con Isabelle Huppert y al irónico con el parlamentario Servillo, al amour fou entre Alba Rohrwacher y Michele Riondino, hasta el existencialismo filosófico y riguroso de la confrontación de Pier Giorgio Bellocchio y Maya Sansa), utilizando de manera alienante y brillante la música de Carlo Crivelli, que en un modo particular alimenta una tensión incorporada, y sacando el máximo partido del virtuosismo como director de la fotografía de Daniele Ciprì, que prefiere los tonos fríos y hace que los personajes sean tragados por las sombras a menudo inmersas en tonos nocturnos, con pequeños casos de luz diurna. Al igual que en "L'Ora di Religione" y "Buongiorno, Notte", Bellocchio vuelve a preguntarse sobre el sentido que nuestras decisiones tienen al interior de la cotidianidad, pero respecto al pasado elige una puesta en escena más lineal y "clásica", que intenta dar un "orden" a la confusión de temas y personajes puestos en juego. Y si el final de estas historias queda aparentemente abierto a la esperanza, el director deja siempre la puerta semi-abierta en lo irresuelto ( Maria que lee la carta-confesión del padre, Divin Madre-Huppert sentada junto a la cama de su hija después de la noticia de la muerte de Eluana, la mirada Rossa y su médico en la mañana) para sugerirnos de una realidad polifacética que no puede recomponerse al final de la película.

El golpe de genio que lleva esta obra a elevarse por encima de la habitual producción cinematográfica italiana está en la resolución de las historias entorno al concepto del amor. El amor como identificación en los otros, como comprensión de las carencias, como apoyo en las dificultades. Es el amor que cambia la visión de las cosas, este es el bellísimo mensaje final de la película, y Bellocchio nos lleva en los diferentes puntos de vista con delicadeza y equidistancia, sin participación, pero propio por esto haciendo todas las historias conmovedoras, cada voz posee la misma importancia, se logra percibir hasta los pensamientos de los distintos personajes. Los actores todos sensacionales, el siempre grande Toni Servillo, que aquí es insuperable, sus monólogos solitarios, el discurso que no consigue hacer al Senado y que prueba solo en el estudio es escalofriante. Bellísimo también el pequeño personaje, pero no menos importante, interpretado por un talentoso Roberto Herlitzka: el psiquiatra de los parlamentarios (y sólo Dios sabe lo mucho que lo necesitan). La confirmacion de dos grandísimas actrices italianas Maya Sansa y la perfecta Alba Rohrwacher. Por último, un mèrito enorme a Isabelle Huppert, óptima la elección de hacerla actuar en italiano y francés, la actriz recita la actriz que decide no recitar más por ficción, que finge tener una fe ilusoria con la esperanza de engañar a un Dios al que tal vez ya no cree más, pero del que tiene una desesperada necesidad. Cabe mencionar también la interpretación del joven Fabrizio Falco ("Premio Marcello Mastroianni" al mejor nuevo actor en el reciente Festival de Venecia), ya protagonista de "E' Stato il Figlio" de Daniele Ciprì, tambien presentada en Venecia.

A través de imágenes potentes, primeros planos muy intensos, silencios elocuentes y diálogos llenos de significado, Bellocchio hace narrativamente creíble todos los personajes presentados y logra superar la difícil tarea de representar con motivaciones correctas, argumentos opuestos. Las razones de aquellos que desean morir y de aquellos que desean seguir viviendo. Poniendose de la parte de la autonomía decisional del individuo y restableciendo el principio de la dignidad, del respeto de la propia identidad corpórea, Bellocchio vuelca en el campo controcampo el punto de vista del católico y del laico, de la madre y del hijo, del padre y de la hija, de los dos hermanos, tratando de arbitrar de manera imparcial el debate. Cofecciona una verdadera carta sobre la tolerancia, sobre el respeto de la voluntad de cada persona y sobre el derecho de crítica que, en estos tiempos oscuros de lobotomía televisiva y de globalización del consenso entorno a un simulacro del decreto, representa un raro ejemplo de cine civil.

Bellocchio no sólo continúa fortaleciéndose con perseverancia el corazón palpitante del cine de autor - el mismo que no se consume en la denuncia y excava en la crítica y en la reflexión sobre las tendencias extremas de la sociedad occidental - él sigue remarcando los caminos trazados por otras dos imprescindibles referencias italianas ( jamás suficientemente valorizadas): aquella sociopolítica de Elio Petri y aquella cristiana de Pier Paolo Pasolini, cuyas reverberaciones son imposibles no escucha resonar, esparcidas a lo largo de la película. Un cine, decía, complejo, que desea relatar la complejidad, que actualmente en Italia no tiene iguales (y por esto es atacado, como lo demuestra la decisión de cancelar la Film Commision Friuliana, co-financiadora de la película). Es una lástima que el jurado encabezado por Michael Mann no haya otorgado ningún premio a una de las obras más valientes e importantes de la cinematografía italiana vistas recientemente.

Valoración : 9 / 10

 

En dos palabras : Bellocchio narra la cruel absurdidad de una vida a toda costa: entre el largo adiós de quien ha muerto y el inesperado despertar de quien, en cambio, todavía puede decidir de vivir. El director tiene la gran habilidad de mezclar de manera casi imperceptible realismo y elementos simbólicos. Y el resultado final es tan intenso, emocionante e íntimamente doloroso de inducirme a pensar que "Bella Addormentata" podría ser probablemente la mejor película en la estimable carrera de Bellocchio. Una verdadera joya.
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