septiembre 21, 2012

Película del día...

Pietà - Kim Ki-duk , 2012

Lee Kang-do es un treintañero solitario que trabaja para un prestamista, su misión es recuperar el crédito acumulado en exponenciales intereses por los pobres deudores de la zona, todos trabajadores en una situación de precariedad económica. La crueldad y el sadismo alimentan las acciones de Kang-do hasta que un día se le presenta ante él una mujer que dice ser su madre. El rechazo del hijo abandonado, criado en la soledad y en desafección con el mundo, rápidamente, da paso a una necesidad innata de maternidad infantil. El verdugo, el carnicero, el que el día anterior regulaba las cuentas mutilando y lesionanso a pobres inocentes, de repente es domado por la necesidad de reagrupar todo aquello que desde la infancia no se le había concedido.

Kim Ki-duk ha encontrado una enorme notoriedad en la primera mitad de la década de 2000, período en el que ha sido amado por una audiencia joven, tan excitada que ha deseado, ansiosamente, redescubrir sus trabajos anteriores, obviamente inéditos en las salas cinematográficas. Después, de cierto punto, la fortuna de Kim ha comenzado a disminuir, en el momento exacto en el que sus películas inician por ser cuestionadas, animadamente, bajo un punto de vista artístico. "The Bow" fue la primera, después tocó a "Time". Hubo un momento en donde Kim parecía haber vuelto a ser aquella figura central del cine oriental para apasionados, gracias a "Breath". Y por último llegó "Dream": una experiencia espantosa, traumática, que marcó al director debido a un accidente en el que se veía implicada la protagonista de la película. Desde ese momento, Kim no ha sido el mismo, ha pasado un período de fuerte depresión, contado en el documental "Arirang". Rodó a toda prisa un nuevo largometraje, "Amen", que lo habría puesto de nuevo en marcha. El resultado no lo convenció, tanto es así que terminó por retirar definitivamente la película del circuito cinematográfico.

Sorprende, por consiguiente, este nuevo trabajo, a la luz de la decadencia artística que ha comprometido Kim a partir de "The Bow", y a la luz de los acontecimientos personales que he mencionado antes. Sin embargo, estoy muy contento de poderlo anunciar: chicos, Kim Ki-duk ha regresado!. Y ha regresado por la puerta grande. "Pietà"es una película que en primer lugar se adapta perfectamente a una cierta tradición del cine coreano, el que muchas personas identifican con algunas películas de Park Chan-wook, también es una película que, por la atmósfera, los temas y la "suciedad", recuerda al primer Kim, en comparación a sus últimos trabajos. Pero, sobre todo, es una película única, en donde hay una energía que debe haber surgido naturalmente durante el rodaje y la producción. "Pietà" es una película sentidísima, talmente sentida de parecer un proyecto a su manera "en riesgo" : necesitamos, en cambio, quitarnos el sombrero ante tal resultado, porque la película es abrumadora, rodada estupendamente, y mantenida bajo control. Kim vuelve a ser el maestro que era bajo este aspecto : si "Pietà" es una película "furiosa", al mismo tiempo es una película delicada y dolorosa, cuidada en la forma y jamás dejada al azar.

El de Kim Ki-duk ha sido siempre un cine de relaciones que van  "más allá", completamente fuera de todos los esquemas. "Pietà" sigue este camino: Kim describe la relación madre-hijo de manera "desvergonzada", se trata de una relación en la que una madre vuelve arrepentida después de treinta años para empezar una nueva vida con su hijo, un hombre violento hasta la náusea, que no se hace problemas en abofetearla, en llamarla con los peores apelativos o incluso en ir más allá de la "moral común". Y sin embargo, la mujer resiste, en una película del realizador surcoreano no podía ser de otra manera : los personajes que intervienen en la relación son siempre muy diferentes, se odian, se aman, se pelean y desearían matarse, pero luego, por alguna razón humana, estalla siempre la empatía mutua. El dolor de los dos protagonistas, interpretados de manera sublime por una soberbia Cho Min-soo y por un óptimo Lee Jung-jin, es universal y actual, pero también lo es el perdón, perseguido por ambos como única posibilidad de salvación. Existe una esperanza de redención pero no sin consecuencias, y la responsabilidad de las propias elecciones representa una carga que no es fácil deshacerla. Para Kim es suficiente una serie de miradas o una canción cantada por teléfono para encender la ternura de esta relación incómoda y difícil de describir, introducida en un contexto complicado aún más por el poder del dinero.

Kim Ki-duk dirige con fervor una parábola sobre el capitalismo extremo y sobre las consecuencias que esto refleja en las relaciones humanas e interfamiliares. Adoptando una puesta en escena que roza en repetidas ocasiones la tragedia griega, el director se centra sobre un sentimiento de piedad que fluye de la sociedad contemporánea, dominada por la violencia y el abuso, y que encuentra en el dios dinero el origen y el fin de todas las cosas. "¿Qué es el dinero?" pregunta Kang-do a la madre que acaba de encontrar. Y de sus labios Kim Ki-duk nos ofrece su respuesta: "Amor, honor, ira, violencia, odio, envidia, venganza, muerte", un recorrido por etapas que "Pietá" traza inexorable y sin ninguna posibilidad de redención. La Pietá de Michelangelo, visible a los ojos de todos, recuerda el sentimiento compasivo que siente una madre hacia un hijo que, a pesar de haber engendrado, no le pertenece. María sostiene en sus brazos el cuerpo indefenso de Jesús, sacrificado al diablo. El mismo sentimiento de sufrimiento incondicional, a través de los siglos, llega hasta Jang Mi-sun, antes de su último sacrificio frente al dolor que Kang-do, vendido al demonio dinero, siente cuando teme de perder a la única persona que ha amado en vida, aquella madre que por tantos años nunca ha visto y que se ilusiona de haber encontrado.

La dirección vivaz y ecléctica nunca cae víctima del virtuosismo más cínico, de hecho, el director ayuda a no tomarla demasiado en serio a pesar de analizar conceptos importantes y de denuncia. Es aquí que ironía y egocentrismo fluyen constantemente, entre una pierna rota y un brazo cortado hay lugar para más de una sonrisa, irrisión cruel, quizá, de un mundo que no acepta el hecho de tomarse seriamente y que está destinado a no cambiar sus raíces, aquellas inherentes en la naturaleza del hombre como la codicia, la violencia o la venganza. Nos encontramos por completo en un cine de crueldad, donde cada escena tiene un significado terrible, declinada según un registro diferente, desde lo dramático a lo trágico, desde lo cínico a lo grotesco. Hay que decir que esta acumulación de violencia, tanto psicológica como física, no siempre es fácil de soportar y una escena en particular, es sumamente difícil de aguantar por la dramaticidad intensa y por las premisas francamente extremas. Pero todo tiene un significado en la economía de Kim Ki-duk, y el extremo cuidado en el estudio de las imágenes en algunos casos se las arregla para superar la pesadez del momento. En otros casos, el director surcoreano elige mostrar un evento en su crudeza objetiva. Otras veces, alivia la tensión con situaciones al límite de lo cómico. La composición narrativa es realizada con el mismo cuidado de la composición de la imagen.

Kim Ki-duk recupera con "Pietà" su estilo, a través de un uso exquisito de los medios cinematográficos: basta observar cómo mueve la cámara en algunas ocasiones, como cuando un personaje es abofetado y nosotros vemos la subjetiva. No olvida incluso de atenuar el clima negro de la película con toques de sublime ironía, a menudo grotesca (las gafas redondas!), Y envuelve la película con una fotografía cuidada, llena de claroscuros, y con una música que funciona fundamentalmente como adhesivo emocional. Sorprende el uso de las ambientaciones, sobre todo porque algunas parecen provenir directamente de "Address Unknown", como si Kim Ki-duk nos estuviese diciendo que está de vuelta, como antes. Y lo remarco también yo, porque "Pietà" será difícil de olvidar. No se pueden olvidar aquellos llantos largos y desgarradores de una mujer herida en lo profundo, aquel árbol que funciona como una tumba, o aquel jersey... Y no se puede olvidar el último acto: que posee un sabor revolucionario y definitivo, pero que no puede no dejar un larguísimo rastro de sangre. Inolvidable.

Valoración : 8.5 / 10

 

En dos palabras : Después de una pausa de tres años a partir de la incierta "Dream" y después de haber estado inmerso en el campo del documental con los personales "Arirang" y "Amen", Kim Ki-duk continúa su filmografía de manera coherente, él que en el curso de quince años ha desde siempre privilegiado un cine que consiga comunicar por medio de la violencia, del shock y de la transgresión. "Pietà" es una obra del clima trágico y místico a la vez, donde las atmósferas enrarecidas y el toque delicadísimo del realizador se mezclan con el simbolismo de la fuerza conmovedora y con las imágenes crudas y sofocantes que llegan al estomago como puñales calientes, dejando en el espectador un trastorno emocional que se convierte en las horas sucesivas a la visión de la película, en una perpetua reflexión.

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