septiembre 09, 2012

Película del día...

The Dark Knight Rises - Christopher Nolan , 2012

"Yo nací en la oscuridad. No vi la luz hasta que ya era un hombre, y por el tiempo en que lo hice fue sólo cegadora."
                                                       Bane (Tom Hardy)

Bruce Wayne, millonario excéntrico de Gotham City. Ahora más que nunca, es el protagonista de su propia historia. Sin embargo he preferido comenzar por las palabras de Bane. No un simple secundario, aquel cuya sola imagen nos ha dejado sin aliento hasta el inverosímil. Aquel que le ha tocado una tarea que es toda una hazaña : salir con la cabeza alta de la inevitable confrontación directa con el Joker. Aquel Joker. Bruce Wayne, el hombre que convive desde siempre con una soledad radical y que sin embargo nunca está solo. Sí, porque, como sabemos, el registro utilizado por Christopher Nolan es de género coral, al que te sometes voluntariamente en el mismo instante en el que decides dirigir tantos personajes de extremo interés. Y esto es un reto decididamente difícil al cual hacer frente. Bruce Wayne, es decir Batman. No tan sólo una máscara, sino un símbolo, algo por lo que vale la pena luchar. No una simple y en el fondo cómoda estratagema para escapar, para asignar a la misma aquello que falta a quien la lleva puesta. Por qué ese disfraz, esa máscara, no representan en absoluto una vía de escape, es más, es todo lo contrario. Esa máscara, envuelta por una capa, es un retorno. El Retorno.

Gotham City. Ocho años han pasado desde la muerte de Harvey Dent. El mismo Dent cuyo legado aún mantiene inquebrantablemente en vida su memoria. Memoria que es una excusa, en el mejor de los casos un recurso. Un paraguas bajo el cual protegerse fingiendo que alrededor no esté lloviendo a cántaros. "The Dark Knight Rises" no hace más que girar la famosa frase con la cual el Comisario Gordon nos había dejado cuatro años atrás. Porque Batman no es "El héroe que Gotham merece, pero del cual no tiene necesidad ahora." Viceversa, es "El héroe que Gotham no merece, pero que necesita desesperadamente. Ahora mismo". A algunos fastidiará que se hable de esta película como una obra de gran alcance, pero es así. Seamos realistas. Los habitantes de Gotham City somos nosotros. Nosotros que damos todo por sentado, incluida la libertad. Nosotros nos acontentamos de verdades fáciles porque no tenemos el coraje de sumergirnos en las profundidades de nuestro ser, para investigar sobre nuestros miedos... aquellos que más nos afligen. De esta manera Nolan construye el primero de los tres actos de este último esfuerzo, trabajando sobre tres niveles diferentes. El primero, en lo que respecta a la figura de un Bruce Wayne casi irreconocible, presionero en su propia casa. El segundo, no hace falta decirlo, comprende la figura de Bane, la nueva amenaza. El último concierne precisamente Gotham, su indolencia y su ficticia prosperidad de fachada. Un terreno difícil, en el que el director británico se mueve muy bien, encomendando el rendimiento de todo el fragmento a no pocos diálogos.

De esto deriva una primera parte lenta. Verbosa, si se desea. Pero precisamente por esto, funcional. Atención a las conversaciones que Bruce mantiene en esta etapa con Alfred y el joven agente Blake. Monólogos, a decir verdad, donde son los interlocutores del rico heredero a tener la última preciosa palabra. En este contexto, las peculiaridades de cada uno de los tres elementos mencionados anteriormente emergen casi en su totalidad por la transmisión oral. Se habla mucho por casi la primera mitad de la película, pero de una manera equilibrada. Además de ser la opción más lógica, la decisión de dar forma a la historia delegando a la palabra un papel tan importante que se manifiesta revelador, también, por el profundo vínculo que une "The Dark Knight Rises" a la novela de Dickens, "A Tale of Two Cities". Dos ciudades que, en esta última parte de la trilogía como en la novela del famoso escritor inglés, son dos mundos. Planetas que ni siquiera se tocan. Hasta que alguien (Bane), no tenga la intención de mezclarlos. Pero una fusión del género, además de inadmisible, es altamente inestable. Se utiliza aquí el tema de la crisis global, con Occupy Wall Street y alguna que otra cosa más. Y no sólo. Porque Nolan, esencialmente, nos pone inteligentemente ante una historia ya ocurrida. Aquella Revolución Francesa que fue una bomba no sólo para el país que la hospedó, sino también  para la época en llegar, es decir hasta nuestro días. Un acontecimiento histórico viquiano, cuya petición no hace más que presentarse tal cual al pasado. Una categoría de personas que ya no toleran la opresión de la "clase alta", una vez ligados a los privilegios de la nobleza, y en la actualidad a aquellos garantizados por las finanzas.

Y es por esto que hasta en Gotham City resuena el famoso eslogan de aquella revolución, en la que el villano de turno se adapta en todo y por todo : Liberté, Égalité, Fraternité ... ou la Mort!. Porque incluso en esta metrópolis de hoy en día, como en las calles de París de hace casi dos siglos, a reinar es sobre todo el odio. En este sentido, el autor se cuida de circunscribir exclusivamente el propio discurso en la retórica añeja del rico y el pobre. Y lo hace con un golpe de genio, es decir cargando todo el peso de estas instancias sobre los hombros de Bane. Un extraordinario Tom Hardy, que se produce en un villano despiado, y sin embargo, profundamente humano. Un personaje manejado, en mi opinión, mejor por quien lo ha interpretado que por quien lo ha modelado. Y entenderéis por qué sólo al final. Un mal necesario, como se dice en la película, que el caballero oscuro no puede que contrastar con una fuerza de signo opuesta. No obstante, la humanidad que transparenta a través de estos dos "contendientes" sea tan intensa y pronunciada de ponernos en dificultad. En algún momento se llega a ser partidario de Bane, sintiendose atravesado por una sensación de incomodidad que sólo su crueldad consigue explicar. Esta es la paradoja creada por Nolan : ¿Y si los dos, bueno y malo, se encuentran del mismo lado, sin siquiera saberlo? ¿Si ambos luchan, en última instancia, por la misma razón ... sólo en formas diferentes?. Preguntas fascinantes, a las que una respuesta es dada a medias.

Lo que acomuna todos los personajes principales de "The Dark Knight Rises" es una cosa solamente: el sufrimiento. Pero una cosa es el sufrimiento de John Blake (Joseph Gordon-Levitt), y otra cosa es el de Bane. Así como el de Bruce Wayne que difiere con todos los demás. Con todo esto, es en esta dimensión que todos los personajes de esta obra se encuentran, a descubrirse profundamente distintos entre ellos mismos. ¿Veis cómo el trabajo de Nolan logra ser tan transversal? Desde la sociología a la filosofía, pasando por la actualidad. Todo ello intentando dar voz al misterio duramente insondable que es el hombre. Mostrando cómo este último, después de todo, es siempre el mismo. Incluso hoy en día, con el profundo desaliento que lo impregna. Una reflexión que, llegados a un cierto punto, se entreabre. Porque cuando los fundamentos parecen bastante sólidos, los eventos no hacen más que conformarse con una progresión cada vez más creciente. Nolan demuestra un familiaridad impresionante con las escenas de acción que hasta hace unos años no hubieramos estado dispuestos a reconocerle. Antes de "The Dark Knight" no encajaba ciertamente en sus prerrogativas este tipo de momentos. Pero ahora, en cambio - después de un "Inception" en medio, entre otras cosas - el interesado demuestra que ha adquirido una encomiable confianza. Medidas las viradas de acción de "The Dark Knight Rises", sabiamente llevadas a cabo - como en el caso de la primera pelea entre Batman y Bane, desprovista de cualquier pista musical. Pero donde hay música, y esto a menudo se repite, Hans Zimmer nos regala la enésima banda sonora extraordianria. Por primera vez desde el primer Batman sin la ayuda de James Newton Howard, es con el compositor alemán que Nolan tendrá que dividirse los inevitables consensos. En pocas palabras, este permanecerá también el Batman de Zimmer.

Pero cualquiera que sea el componente considerado, no se puede dejar de señalar el excelente trabajo de prácticamente todos los actores. Anne Hathaway es una más que convincente Catwoman, sarcástica y al mismo tiempo discreta - aunque si de su vestuario no lo pareciera. Para ser honesto, puede resultar un poco mecánica su presencia, y vale la pena destacarlo. A fin de cuentas termina casi con sobreponerse a Batman en algunos momentos, sin ningún tipo de especulación sobre un legado al que ni siquiera se hace un guiño. Dejando la puerta abierta al posible spin-off. Tom Hardy, me ha parecido el mejor antídoto que Nolan podía experimentar en calidad de "anti-Joker". Una maldad decididamente más ordenada la suya, pero no por esto menos devastadora. Repito, aquello que lamento es "sólo" el epílogo, del cual no se puede culpar, en absoluto, a Hardy. Preparado, responde a la llamada mejor de cuanto podíamos haber esperado. No hay que olvidar que su máscara, lejos de exaltar los rasgos, como en el caso del Joker, implica una dificultad interpretativa enorme. Sin embargo, la idea es que el actor británico consiga, en todo caso, donar una expresión poderosa a su mítico alter-ego. Nota de absoluto mérito también a  Joseph Gordon-Levitt, maravillosamente en el papel, que lo que confirma a los vértices de su carrera. Incitado desde el principio, su Blake no pierde el tiempo para ponerse en juego. Y que gran jugador resulto ser. De Gary Oldman quizá se ha dicho todo: encontrar un Gordon que valga sólo la mitad de él es una empresa ardua, por no decir imposible. Polifacético como siempre, aunque acostado en una cama de hospital, consigue manifestar una presencia escénica de considerable espesor.

No muy bien, desafortunadamente, Marion Cotillard, probablemente limitada por un guión que en realidad tiende a vincularla. A mí me ha dado la impresión de una llama encendida demasiado pronto y así mismo apagada rápidamente. Michael Caine nos regala a mi parecer su mejor actuación en el ámbito de la trilogía. Una performance inspirada la suya, que concluye dignamente un discurso comenzado con el pie derecho con "Batman Begins". Más en sombra Morgan Freeman, aunque si el suyo será siempre un logrado Lucius Fox; irónico y brillante. Y al final esta él, Christian Bale, oscurecido en el capítulo anterior por un Heath Ledger en estado de gracia, pero aquí se restablece con tanto de interéses. El suyo no es sólo el mejor Batman de la era de Nolan, sino de todos los tiempos. Una actuación que merece un artículo aparte, ya que está llena de significados. Pruebo a mencionar sólo algunos. Es un Bruce Wayne en decadencia total aquel que es propuesto al principio. Exhausto, hastiado, resignado. Un Wayne que apenas podemos imaginar incomunicado durante ocho años en su mansión - no por casualidad no hubiera sido un daño profundizar ese período de tiempo. De hecho su condición inicial nos dice todo acerca de aquello que significa ser un héroe. En su caso, un superhéroe. Angustiado, como en los tiempos del recorrido que le llevó a convertirse en Batman, lo vemos caminar con un bastón en mano. Stop!. No cuento nada más.

Pero aquí emerge el carácter significativo de este personaje. El Caballero Oscuro no es un hecho. Él no tiene ningún poder, o al menos, nada que supere su naturaleza humana. Y es exactamente aquella que debe ser superada. Y en esto no es ciertamente ayudado por Nolan, que despoja al pobre Wayne de todo, con una violencia inaudita. La de Batman no puede ser otra cosa que, una vez más, la victoria del espíritu sobre la naturaleza. Donde no tiene otra cosa sobre la cual poder contar, ni siquiera sobre su propio cuerpo, es entonces que se nutre de una fuerza que lo supera. El amor. Ese amor que es la única arma que puede oponerse al odio frenético de sus rivales. Desinteresado, y sin embargo, tan profundamente arraigado en él, el amor representa el estímulo que hace de Batman lo que es. No sólo un héroe, sino un ejemplo. Para todos. Especialmente para aquellos que están cerca y que no en él, sino en su dedicación radical reconocen el único motor válido al acción. La única esperanza. Es por eso que toda la obra está impregnada de símbolos. Y el simbolismo sin duda alguna juega un papel fundamental en "The Dark Knight Rises". ¿Recordáis lo que dijo Bruce a Alfred en "Batman Begins"?

"Como un hombre, soy carne y hueso, puedo ser ignorado o destruido. Pero como símbolo… como símbolo puedo ser incorruptible, puedo ser inmortal"

En este sentido, no puedo dejar de hacer uso de lo que es su símbolo por excelencia, el murciélago estilizado. Y en particular el faro. Ese faro que Gordon disparba hacia el cielo (a modo de plegaria: otro símbolo) cada vez que necesitaba de Batman, que ha sido destruido irreparablemente al final de "The Dark Knight". Pero en una de las escenas más sugestivas de la película, sale afuera una vez más, de una manera que no te esperas. Altamente teatral, claro, pero muy efectiva y de fácil significado. Porque al final de cuentas es esto lo que necesitamos: significado, sentido. Sin ambos, cualquier batalla está perdida desde el inicio. Bruce Wayne ha encontrado su vocación, aquella que le pertenece como ser irrepetible. Pero es precisamente esto lo que la película parece decirnos. No es verdad que a todo el mundo se le pide de usar una máscara y cargar sobre sí mismo un peso tan grande. A cada uno de nosotros, en cambio, se nos pide de hacer la propia parte, sea cual sea la forma. Porqué incluso "Poner una chaqueta sobre los hombros a un niño, haciéndole comprender que el mundo no se ha acabado puede ser también obra de un héroe" (cit.). Una mirada extremamente implicante, la de Nolan, que puede producir imágenes a veces al límite de la visión. Densas, llenas de esa atmósfera que ahora caracteriza a este grande cineasta. Frías, de acuerdo a la norma impuesta en su revisión de Batman. No sólo. Su último trabajo, a mi parecer, es el que se acerca mucho más al cómic. Algunos de los contenidos están ahí para sugerirnoslo, atribuibles como son (y como deben ser) a un contexto de este género.

En resumen, una obra realmente compleja, tal vez la más compleja de las tres. Ciertamente, mucho más de lo que su naturaleza altamente mainstream podría sugerir. Hasta llegar a esa cerrada, decisiva, última mitad (o poco menos). Épica, a pesar de todo. No totalmente libre de defectos en cada pequeña parte, pero que te mantiene, indudablemente, pegado a la butaca como ocurre poquísimas veces sobre no se cuantas. Una perla de rara confección, sólo un poco debilitada por algunas pequeñas discrepancias (las así llamadas lagunas) y decisiones en el guión. Algunos de ellos aparentemente dictados por una "prisa" de ir hacia adelante que te dejan un poco perplejo. Perplejo, ya que el valor de esta película es absoluto, y cuanto más lo será dentro de diez años, cuando (con suerte) tendrémos quizás un conocimiento de causa más verdadero con respecto a lo que está sucediendo en este momento. De cualquier manera, permanece la firme convicción de que "The Dark Knight Rises" es, sin lugar a dudas, el evento del año. Y que quede claro, que se trata de una gran película. Pero observando quién está detrás de su realización, probablemente podría haber sido aún más grande.

Valoración : 8 / 10

 

En dos palabras : Oportuna y provocativa, en algunos aspectos necesaria. Nolan vence, pero no convence totalmente. Regala emociones visuales e/o íntimas de alto nivel, esboza óptimos villanos, utiliza adecuadamente los recursos en su poder y, esencialmente, cierra la trilogía de manera coherente y funcional. Sin embargo, inútil negarlo, esperaba la obra maestra indiscutible, cruda, absolutamente verosímil. Una cosa es cierta: después de haber visionado "The Dark Knight Rises", difícilmente no quedaréis impresionados, por una razón u otra. Muchos, estoy listo a apostar, incluso quedaréis extasiados. Al menos sobre esto, las dudas son pocas.

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