mayo 21, 2011

Película del día...

The Tree Of Life - Terrence Malick , 2011

Tengo que admitirlo. Es mi deber hacia vosotros ser lo más honesto posible. Es por esto que no escondo un poco de vergüenza en el hablar de la última obra de Terrence Malick. Sin embargo, también soy de la opinión que semejante premisa se debe más al deseo de no dejarse llevar excesivamente por las emociones. Me tomé un poco de tiempo, para elaborar el margen más amplio posible de reflexión. ¿Ha sido lo suficiente? tal vez no, pero no es necesariamente algo malo. Sólo ahora, en efecto, todavía aturdido por la visión de la película, siento que puedo describir lo visto y lo vivido (dentro de los límites de mi capacidad, claro está). Ahora sé de lo que debo hablar. Sólo necesitaba hacer un poco de orden en mi cabeza.

"The Tree of Life", honestamente, es una película visionaria hasta la médula. Ya sea a nivel narrativo, que a nivel conceptual y visivo y también en relación al oído. Se trata de una experiencia total y totalizante, que pone en tensión prácticamente todas las fibras necesarias para la recepción de cualquier trabajo cinematográfico. Guste o no, la película de Malick dispone de distintos grados de importancia. Esto implica que, paradójicamente, más que la interpretación en el sentido estricto, se presta mayormente a una lectura precisa. Abierta quizás, pero decididamente menos de lo que las apremiantes imágenes puedan sugerir. En superficie tenemos la historia de una familia, los O’Brien. Padre autoritario, tres hijos con una alegría despreocupada y una madre que los mantiene unidos. Pero no os dejéis engañar : los episodios que giran en torno a esta normalísima familia de la clase media americana de los años 50, simplemente representan el medio por el cual transportar el mensaje. El propósito es indudablemente otra cosa. Y que el director aspire a algo, completamente diferente, no es de ninguna manera difícil entenderlo. La historia de la familia O’Brien es sorprendentemente alternada, con una maestría extremamente eficaz, a la historia del mundo, ¡que digo mundo...de todo el universo conocido!.

Aquellas imágenes, de una densidad cromática sorprendente, te entran en la piel y se convierten en parte de ti. No sé cómo expresar mejor lo que sucedió durante la proyección. Sobre lo que no tengo ninguna duda es sobre la absoluta participación emotiva que he experimentando. Algo que me ha hecho entrar en contacto con los pensamientos, las imágenes mentales pertenecientes exclusivamente a aquellla persona que ha dado vida a todo esto. Una visión completamente épica, inherente a la génesis de la creación, que te deja sorprendido. Sustancias que se mezclan; volcanes que explotan; moléculas que se separan; así como un chapoteo continuo de olas que se rompen en el vacío de una cascada; de cuerpos celestes incandescentes que se chocan, se unen, se dividen. Y en medio de este bellísimo caos visual, no puedo olvidarme de otro sentido importantísimo, estoy hablando del oído. Brahms, Mozart, Bach .... y obviamente la música original de Alexandre Desplat acompañan esta explosión de los sentidos dentro de un cuadro visto pocas veces en el cine y profundamente inspirado. Sonetos de preciosa confección en movimiento, por lo tanto, emociones que toman forma generando una mezcla de sensaciones capaz de inducir un éxtasis del tono místico difícilmente describible. En una obra cinematográfica que es un viaje, "El Viaje", lo que une a cada uno de nosotros a este pequeño rincón de universo infinitamente microscópico, y paradójicamente inmenso por esta misma razón.

Por otra parte, cabe resaltar que, "The Tree of Life" se juega prácticamente todo, en términos vagamente narrativos, sobre el desenfrenado acercamiento de los opuestos mayormente conocidos. Y es en este campo que se experimenta la mezcla de las teorías evolucionistas, en contraposición a aquellas (aparentemente más rígidas) de la creación. Amor y odio coexisten, así como la gracia y la ausencia de ella. Miedo y coraje, luz y oscuridad, vida y muerte, cielo y tierra… puedo continuar hasta el cansancio!. La presencia misma de los actores, en este contexto, podría resultar superflua. Pero semejante consideración sería contradictoria con lo apenas expresado en esta reseña. Su participación se sitúa en un nivel importante. Porque dentro del universo también hay espacio para ellos, mejor dicho, ¡hay espacio especialmente para ellos!. Así como lo hay para cada uno de nosotros. Nosotros que nutrimos esperanzas, sueños. Nosotros que sufrimos, que amamos, hacemos el mal y recibimos por igual. En este sentido Brad Pitt (realiza quizá la mejor interpretación de su carrera), la maravillosa Jessica Chastain, el joven Hunter McCracken  y Sean Penn se comportan extraordinariamente.

Terrence Malick cuenta sobre estas vidas, que nos tocan en lo más profundo, de manera esencial y fuera de cualquier banalidad o estereotipo, con el objetivo de llegar al corazón del profundo sentimiento de lo que está oculto, y que sólo el poder del verdadero cine posee, me refiero a la obstinación de mostrar y dejar admirar. Malick lo hace con pocos diálogos, tanto así que las palabras parecen perderse en el viento (de manera aún más radical, respecto a la extraordinaria "The Thin Red Line"), entre las ramas de los árboles, en las carreras sin fin alrededor de la casa, huyendo de un padre que se arrepiente demasiado tarde, en presencia del primer y punzante dolor incurable. Malick no es y no desea ser un filósofo, es más bien el realizador de un tipo de cine que habla otro idioma: un idioma para nada común, etéreo, poético, soñador, aparentemente distraído y sin embargo transparente, donde en cada pequeño fotograma se esconde una señal, un significado, un recorrido, una encarnación, una simple alegoría. La ilimitada vastedad del espacio en donde nos encontramos no es simplemente infinita, sino más bien perfecta. Suficiente como para necesitar también de nuestras vidas, que en su desenredarse ordinario, encuentra un significado, una misión. Existir es parte de todo.

Y mientras me dirigo inexorablemente hacia la conclusión de esta reseña, por mi mente pasan imágenes, comparaciones, similitudes y sobre todo aquella extrema proximidad conceptual a dos obras maestras como : "2001: A Space Odyssey" y "Blade Runner". Si la primera película mencionada las analogías son bastante claras, en relación a la segunda película tengo que decir que como en "Blade Runner", en "The Tree of Life" la importancia de los recuerdos asume también un papel primordial. De hecho, la película de Malick es un recordatorio constante, en un recorrido que va hacia atrás pero que trasciende el concepto de tiempo, aboliendo el pasado, presente y futuro de forma desarmante (positivamente, queda claro). Además que, algo que no debemos subestimar, la película pide a gritos un segundo visionado, es bastante raro advertir esta necesidad incluso antes de abandonar la sala. "The Tree Of Life" es una obra maestra por donde se le mire, es "La Película" de toda una generación. A vosotros la ardua tarea de establecer el inicio de la generación en cuestión. A mí me basta con lo que he visto, sentido y, sobre todo probado. Sinceramente, no siento la necesidad de algo más.

Valoración : 10/10


En dos palabras : Fascinante, sublime, y de ninguna manera accesible, una película que no es para todos. Sobre esta base, "The Tree Of Life" podría parecer un absurdo dilema cósmico que hace un guiño a la new-age, pretenciosa, impenetrable, críptica. Sin embargo no es nada de esto, una película para aquellos que poseen un poco de sensibilidad artística y emotiva. Nos encontramos frente a una obra, más que a una simple película, de proporciones épicas. Una verdera obra de arte destinada a permanecer en la memoria por muchísimo tiempo.

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