enero 15, 2012

Película del día...

Shame - Steve McQueen , 2011

Brandon Sullivan (Fassbender) es bello, exitoso, inteligente, vive en New York. Una vida que, desde fuera, parece perfecta. Brandon tiene un problema que se esta haciendo cada vez más insistente: es adicto al sexo. Incapaz de concebir una relación que no sea, en efecto, sexual y que no sea consumida desde el primer minuto y terminada un minuto después. Su hermana Sissy (Mulligan) es todo lo contrario. Busca la estabilidad y una relación, en todas partes, y no consigue entender quien se aprovecha de ella y quien en cambio realmente la ama. Un día, busca refugio en la casa de Brandon, para estar con él, para sentirse de nuevo familia. El estar juntos llevará a ambos hacia el camino de la catarsis.

Gracias a "Hunger", ganadora de la prestigiosa Camera d’Or al Festival de Cannes 2008, Steve McQueen entró en el Olimpo de los directores de tener absolutamente en consideración. Porqué "Hunger" es una de esas películas que te hacen cambiar de opinión sobre la capacidad del cine de encontrar estilos potentes y originales y principalmente miradas inéditas. No sólo la mirada de McQueen/director también la de Michael Fassbender, actor soberbio lanzado a la fama definitivamente gracias a esta película. Por todo esto "Shame" era particularmente esperada. El mismo director y el mismo actor de uno los debut más apasionantes e impactantes de los últimos años, de nuevo juntos. Y una vez más, con un argumento para nada fácil y al límite de la provocación, pero del cual se podía escoger, inmediatamente, algunos aspectos: un amplio margen de trabajo sobre los personajes, con ese estilo que McQueen ya había mostrado, precisamente, en "Hunger" (sí, pensamos sobre todo a esa antológica escena entre Michael Fassbender/Bobby Sands y Liam Cunningham/ Padre Dominic Moran de unos quince minutos, cuando la aparente simplicidad es realmente una compleja estructura cinematográfica).

"Hunger", hambre. "Shame", vergüenza (ambas películas hablan de aislamiento y reclusión, una física, la otra del alma). No necesita decir más en sus títulos Steve McQueen para abrir un mundo. El vínculo existe, y es el mismo director a donarle una lectura especular: como cuando un recluso utilizaba su cuerpo como un medio político para obtener libertad, aquí encontramos a un hombre completamente libre, en teoría, pero en realidad atrapado en una jaula. Brandon vive de la mano con el sexo todo el día. Se trata de una obsesión al límite de lo patológico, de un instinto incontrolable que debe ser satisfecho. Y en la "ciudad que nunca duerme", llena de ojos que observan, Brandon vive con el temor de ser descubierto y de ser juzgado por lo que es. Una pesadilla que se hace aún más fuerte desde el momento en el que Sissy, se traslada a su casa, porque ahora vivirá con él entre esas cuatros paredes, y que conducirá su obsesión hacia un abismo cada vez más profundo. Contada de esta manera, la historia de "Shame" puede dejar una ventana abierta a la idea de que se trate de una película moralista. Después de todo, el sexo es visto como un acto vergonzoso: el problema es entender por "quien". Las opciones son dos: es visto como vergonzoso por Brandon, o es visto como vergonzoso por la sociedad. Por consiguiente por nosostros mismos - hay una escena en particular que es sumamente interesante, aquella donde el jefe y amigo del protagonista descubre que en el pc de Brandon hay material pornográfico, pero piensa que ha sido descargado por terceras personas, repugnantes erotómanos dice el jefe : y al escuchar aquellas palabras Brandon voltea la cara, herido.

Eliminadas todas las dudas sobre la "moralidad", se borra tanbién la posibilidad de que "Shame" sea una parábola de redención. Por amor de Dios. Afortunadamente, a McQueen no interesa recorrer un camino "terapéutico", especialmente cuando se trata de sexo. "Shame", cuenta, en cambio, de un intento de rescate. Tal vez incluso de un doble intento de rescate. Pero es un camino difícil, sobre todo en el comunicar con otros y el expresarse parece cada vez más complicado. Aquí está todo el corazón de"Shame": Sissy y Brandon se entienden, quizás, a la perfección, pero no pueden hacer nada para ayudarse mutuamente a sobreyevar sus problemas, ya que no pueden realizar una conversación seria, y se acaba discutiendo, a menudo atacandose venenosamente. En esta perspectiva, todo lo que vemos de "Shame" es filtrado a través de los ojos del protagonista. Con un estilo potente, donde nada es dejado al azar, McQueen esboza el retrato de un hombre no sólo convincente, sino cada vez más entusiasmante gradualmente la película avanza en su camino. De notar que no hay nada de condescendiente en la película, e incluso las escenas de sexo y desnudos no son nunca gratuitas. Todo es preciso, elegante, extremadamente cuidado y "frío" como un cuchillo afilado, y algunas veces te pasa por la mente que "Shame" podría ser la perfecta transposición heterogénea de "American Psycho".

"Shame" es la prueba cinematográfica que la vergüenza no posee un rostro específico. Se tiene vergüenza del deseo de tener necesidad de sexo. No debería ser una cosa vergonzosa, pero la vergüenza de Brandon tiene que ver con su reputación, su conciencia confusional ante los ojos de Sissy. Las innumerables escenas eróticas no hacen más que reforzar la película en su objetivo principal de penetrar en la vida, desoladora y excitante al mismo tiempo, del protagonista. Sin embargo, es una película que poco a poco pierde su perfecta frialdad y se calienta dolorosamente, hasta convertirse devastadora. La imposibilidad del protagonista de reprimir sus instintos y su naturaleza en una ciudad impecable y glacial como New York (raramente vista tan bella en una película últimamente), te captura dejandote sin salida, hasta volverse casi sofocante. Si todo esto es posible, se debe principalmente a la soberbia interpretación de Michael Fassbender, maravilloso, valiente y conmovedor. Un manojo de nervios y sensaciones que en cualquier momento están a punto de estallar, es verdaderamente extraordinario en el transmitir sus sentimientos en conflicto y todos aquellas molestias que a menudo dan la impresión de devorarlo vivo desde su interior. Su rostro profundo pone a prueba una condición que es fruto del hombre contemporáneo, obligado a tener que comprar de todo: todo tiene un precio, y tienes que estar dispuesto a gastar, es sumamente fácil hacerlo, más complicado resulta no hacerlo, no caer en tentación. La tentación no tiene precio, y está encerrada en la mirada de Fassbender, que se refleja en los ojos dulces e inocentes de una fantástica Carey Mulligan, "pequeña" mujer asustada que fortalece las coordenadas de la historia con una interpretación digna de apalusos.

Steve McQueen tiene tantísimo talento y lo demuestra sin exagerar, logrando construir un ambiente sórdido y atrayente con una dirección que tiene su punto de fuerza en los estupendos planos, y también en la intensa música de Harry Escott (y sobre todo en la elección brillante del director de utilizar algunas de las sinfonías de Bach en las escenas más fuertes de la película). McQueen se pone en la piel de su anti-héroe, y hace que público también lo haga, desacelerando y acelerando los acontecimientos cuando lo cree más oportuno. Pocas miradas, unas cuantas imágenes en el interior de las mismas, hacen entender todo o casi todo. Por que una obsesión es una obsesión, y no podemos librarnos de ella. Sólo tratar de controlarla.

Valoración : 9.5/10


En dos palabras : "Shame" es una película potente, descrita con sequedad y gran maestría, capaz de utilizar sabiamente los sentimientos basilares humanos. No es casualidad que el título, después de "Hunger", parece continuar una especie de estudio sobre los instintos primordiales del hombre. McQueen evita de caer en el sentimentalismo fácil - a pesar de un momento bastante emotivo en el final - y prefiere dejar abierta una rendija, es decir,  la esperanza de poder reconstruir un significado. A veces, es todo lo que necesitamos. Sencillamente memorable.

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